Anécdotas coloniales

Daniel Balmaceda reedita una de sus clásicas obras, que cuenta diversos relatos curiosos ocurridos en la Argentina bajo dominación española.

En líneas generales, los argentinos conocemos muy bien la historia de nuestro país a partir de 1810, cuando la Primera Junta de Buenos Aires declaró su autogobierno, lo que derivó en la declaración de la independencia en Tucumán unos años después, en 1816. Pero, al menos a nivel popular, es escaso lo que sabemos sobre el período colonial, y solo nos centramos en las fundaciones de las ciudades argentinas y los hechos anteriores a la Revolución de Mayo, pese a la relativamente extensa bibliografía existente que, salvo ciertas excepciones, se mueve en los claustros académicos y científicos.

Lejos de lo estático, el periodista y escritor Daniel Balmaceda vuelve a publicar Oro y espadas, a once años de su primera edición. Bajo el sello Sudamericana, esta obra rescata ochenta relatos cortos de acontecimientos curiosos y llamativos que ocurrieron a lo largo de los casi 300 años de dominación efectiva a manos de la Corona española en los actuales territorios argentinos, es decir, desde inicios del siglo XVI hasta los meses previos al mayo de 1810.

En su ya clásico estilo descontracturado, grácil y jovial, Balmaceda presenta historias que destacan por su singularidad, que surcan lo insólito y hasta lo divertido. Todas están protagonizadas por personajes que representan, en menor o mayor medida, a la sociedad rioplatense de esos tiempos, como así también los comportamientos de los pobladores y sus autoridades. Si bien gran parte de los relatos están centradas en Buenos Aires, aparecen otros escenarios como Santiago del Estero, Tucumán y Montevideo.

La locura de un oficial como factor determinante en los orígenes de Buenos Aires, la creación del actual nombre de nuestro país en manos de un cura borracho o la llegada de un misterioso hombre acaudalado que contribuyó al bienestar de los porteños en épocas de miseria, son episodios que contribuyeron a forjar la primigenia identidad argentina. La obra también narra acontecimientos más "banales", pero no menos importantes, como las aventuras y desventuras de los primeros adelantados; las curiosas normas que imponían las autoridades civiles y eclesiásticas; los enfrentamientos entre alcaldes, miembros del Cabildo y vecinos por diferentes temas (a veces nimios y en otras ocasiones, más trascendentes); los fenómenos naturales; las disputas amorosas o simples acciones curiosas de la vida cotidiana.

Así mismo, más allá del interés y el divertimento que generan los relatos en sí, Oro y espadas es una buena manera de acercarnos a lo que sucedía en la Argentina colonial, para entender cómo eran las sociedades que habitaban nuestro país entre los siglos XVI y XIX mediante sus formas de vida, los problemas que enfrentaban, los intereses de cada sector y las estructuras que lograron construir a lo largo de los años, aquellas que sentaron las bases de la época independiente y aún pueden detectarse en nuestros días.

Nicolás Munilla