Jesús, el indigente que sufrió la intolerancia

Tras sufrir quemaduras en su cuerpo a raíz de un ataque en el Centro, Jesús Contreras quiere recuperarse para seguir adelante.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Jesús Contreras sufrió un cobarde e imprevisible ataque en el Centro durante este fin de semana, cuando desconocidos le prendieron fuego con bolsas de basura sobre su cuerpo mientras dormía. Pese a que terminó con una extensa quemadura en su espalda y lesiones en las manos, Jesús quiere retornar a su vida aunque siente mucha bronca.

Este hombre de 38 años vive desde hace poco más de un año en un precario "rancho" con techo de nylon y escasos objetos personales ubicado en un descampado sobre calle Maza, a pocos metros de las imponentes naves Cultural y Universitaria, bajo el dudoso resguardo de un enorme sauce; allí habita con un compañero, que duerme en otra casita, y un par de tranquilos perros. Trabaja de "cuidacoches", es decir, como "trapito", sobre la avenida Las Heras, y es reacio a hablar sobre su familia.

"Emocionalmente estoy con una bronca terrible y físicamente hecho pelota", aseguró Contreras a MDZ sobre lo que sucedió el sábado a la noche.

Más allá de las heridas, que cubren gran parte de su espalda y manos, y de su enojo, Jesús recuperó su temple y humor, y ahora quiere curarse lo más rápido posible para volver a trabajar.

Contreras deberá lidiar con las quemaduras, que se suman a sus problemas de epilepsia. Como otros enfermos crónicos en situación de indigencia, recibe medicación desde los efectores sanitarios públicos y es ayudado por sus compañeros. De hecho, estaba algo preocupado porque los remedios que tomaba se perdieron cuando sufrió el ataque, aunque su amigo se encargará de restituírselos.

Al igual que sucede con otras personas que están en su misma situación de calle, Jesús no quiere abandonar su "hogar". Si bien no lo reconoce explícitamente, y tampoco brinda motivos de peso, es de suponer que se niega a perder su espacio, o que otros sujetos le roben lo poco que puede conseguir para sí.

Quizás sean discutibles muchos aspectos del modo de vida de Jesús, siendo vistos por algunos como un "expulsado del sistema" o como un "autoaislado" que no le interesa progresar. Lejos de cualquier prejuicio o revictimización, tanto Contreras como cualquiera de nosotros no tenemos porqué ser víctimas de la intoleracia recalcitrante que anida en verdaderos inadaptados sociales que solamente buscan el daño y sufrimiento ajeno.