Mesalina es una de las figuras más misteriosas y, a su vez, fascinantes de la Antigüedad. La joven tercera esposa del emperador Claudio, quien gobernó el Imperio Romano a mediados del siglo I, fue expuesta por varios historiadores romanos, como Tácito, Juvenal, Suetonio y Dion Casio, como una mujer que dio rienda suelta a su apetito sexual insaciable, ya sea acostándose con una nutrida corte de amantes o prostituyéndose en el populoso barrio romano de Subura. También los antiguos no dudaron en catalogarla como una eficaz manipuladora de su marido, una férrea impulsora de sangrientas venganzas y una codiciosa sin límites.
Esta polémica figura cobró vigor en el Renacimiento y, desde entonces, ha sido protagonista de expresiones académicas, artísticas, literarias, cinematográficas y televisivas que, en mayor o menor medida, se basaron en los conceptos vertidos por los antiguos. En las últimas décadas, sin embargo, los círculos historiográficos han alentado una suerte de reivindicación de Mesalina, mostrándola más como un "animal político" que usó sus "armas sexuales" en pos de obtener poder o, al menos, lograr sobrevivir en un ambiente hostil e impredecible.
Bajo el título Mesalina (Editorial El Ateneo), el historiador francés Jean-Nöel Castorio recrea en su biografía de la emperatriz este intrincado y revoltoso recorrido de la historiografía y las artes respecto a la cuasi mítica aristócrata romana, con menos afán en establecer una verídica y confiable narración sobre la vida de Mesalina que en contraponer las múltiples visiones históricas de esta mujer, la "puta imperial", basadas en contextos políticos y sociales muy disímiles entre sí.
Apelando a la estructura narrativa del teatro, porque "los personajes principales que ponen en escena los antiguos cuando evocan los ardides de Mesalina recuerdan algunos de los estereotipos propios de la comedia antigua", Castorio expone una profunda y crítica investigación historiográfica y artística de Mesalina, recorriendo desde los Anales de Tácito hasta las revisiones biográficas y reivindicatorias de la estadounidense Sandra Joshel en la década de 1990, pasando por la novela de Francesco Pona de 1633, los diversos cuadros pictóricos elaborados en los siglos XVIII y XIX y las producciones cinematográficas del Cinecittá italiano de mediados de siglo pasado.
Para siempre, "Mesalina encarnará la imagen por excelencia de la lujuria sin límites, del deseo sexual femenino desenfrenado e irrefrenable".
Castorio no se propone reconstruir la vida de Mesalina en base a una perspectiva abarcativa de toda la producción histórico-artística sobre la emperatriz, sino que se embarca en revelar el retrato de múltiples caras que la esposa del emperador Claudio ha representado a lo largo de los últimos dos milenios para los ámbitos académicos, artísticos y populares de Occidente, cuyas facetas interactúan, se complementan o confrontan de acuerdo a la evolución del pensamiento social en las épocas en que se manifestaron y a los cientos de exponentes que han tomado parte de esa construcción que, al día de hoy, sigue fascinándonos.
Nicolás Munilla