La Grecia de Sócrates

La última novela de Marcos Chicot, finalista del Premio Planeta 2016, combina realidad y ficción para recrear con sumo detallismo el pulso histórico de la Antigüedad en tierras helenas.

Marcos Chicot retoma los senderos de la Antigua Grecia con El asesinato de Sócrates (Planeta), una obra que, oscilante entre el thriller y la novela histórica, recrea con una exquisita efectividad las luces y sombras de una época dorada que sentó las bases del mundo occidental, en torno a la figura del célebre filósofo que vivió hace 2500 años.

Delfos, 437 a.C. Querefonte, amigo entrañable de Sócrates, termina muy perturbado al conocer, gracias al famoso oráculo de esa ciudad, que su entrañable amigo morirá "a manos del hombre con la mirada más clara". Ese mismo año, en Esparta, Aristón, un temible soldado de la aristocracia local, rechaza a su hijo recién nacido y lo abandona a la espera de su muerte. Estas dos historias dan inicio a una intrincada trama que engloba las costumbres, tradiciones, e intrigas políticas de las polis griegas de la época, previo a la destructiva Guerra del Peloponeso.

A modo similar que en el bestseller El asesinato de Pitágoras, la titánica labor de Chicot de detallar minuciosamente todos los aspectos históricos de la Grecia clásica sin que la obra pierda su atractivo literario, es notoriamente loable. El escritor español transporta al lector a la Atenas del siglo V a.C., una gran ciudad que disfrutaba de las mieles de la opulencia, el poder, el arte y los conocimientos filosóficos, bajo el gobierno de Pericles, uno de los estadistas griegos más relevantes de la Antigüedad; como así también conduce hacia Esparta, tierra de guerreros y conquistadores natos, que está en búsqueda constante de la victoria y el reconocimiento de su gloria a base de la fuerza física y la estrategia bélica. Ambas urbes prósperas, tan antagónicas como hermanadas, reflejan las ideas y contradicciones de una nación que permanentemente trataba de encontrar su eje, embarcandose en tensas guerras como un gran tablero con piezas dispuestas a todo para llegar a sus objetivos.

Gracias a la rigurosidad documental, el autor se embarca sin miramientos en una recreación detalladísima de la Grecia de Sócrates, desde las técnicas para elaborar cerámica y los matrimonios por concordancias familiares hasta las formas de gobierno y la situación de la mujer, pasando por sangrientas batallas y asedios, paranoias y conspiraciones, esculturas y retóricas; lo relevante y lo cotidiano, fortuito y planificado, divino y terrenal, la vida y la muerte.

El asesinato de Sócrates posiciona al filósofo ateniense como una figura más gravitante que principal, sobre la que manifiesta a personajes más complejos y, curiosamente, ficcionalizados, como Perseo, Calícrates, Casandra o Deyanira. No parece casual que Chicot haya seleccionado la mayoría de los nombres de sus protagonistas ficticios en base a la riquísima mitología griega, dotándolos de fuertes y decididas personalidades, más propias de una tragedia antigua que una novela contemporánea. La inclusión, más allá del propio Sócrates, de figuras reales, entre las que aparecen Eurípides, Jantipa, Aristófanes o incluso Platón, refuerza la sinergia realidad-ficción del texto, logrando un delicado equilibrio que permite sostener el ritmo de la tensión narrativa sin desmoronar el contexto histórico.

Nicolás Munilla