No idealicemos las fiestas

El balance de fin de año puede resultar ser otra imposición y no una elección genuina. Vivimos este fin de año como podamos, sin exigencias, ojalá salpicados de esperanza.

Frecuentemente el balance de fin de año aparece en varias conversaciones y el resultado puede variar según el entorno o la lupa con la que se lo mire. Comenzamos a justificar aquello que nos propusimos y no logramos, notamos la grandeza de las expectativas que tuvimos, miramos de reojo las frustraciones e intentamos esconder lo que no fue aceptando que ya no será. También están los logros que seguramente con esfuerzo supimos conseguir, los golpes de suerte- si es que existen- lo que nos marcó el destino y lo que vendrá. 

Celebramos fin de año de manera similar, elegimos y repetimos algún menú que nos guste, nos reunimos con nuestros seres queridos. Junto a la familia, amigos o conocidos levantamos la copa para brindar y darle la bienvenida a un nuevo ciclo. Todo esto ocurre externamente, después de algunos días de corridas, más precisamente de 365 días repletos de...todo un poco.

El 1 de enero es un día festivo en todo el mundo, el calendario gregoriano marca esa fecha como el inicio del año siguiente. En algunas religiones, se celebra en otra fecha.

Lo que se pasó o pasará durante el año que se va nunca resulta ser tan exacto para el análisis, mientras que lo que vendrá puede tomar un papel protagónico. Es que la esperanza transforma realidades, transporte amablemente a la tristeza, ahoga por momento a la melancolía y hace lugar al entusiasmo. Una mirada esperanzada puede modificar incluso el balance.

No seamos tan críticos con nuestros balances, tan duros a la hora de evaluarnos, evitemos los juicios y simplemente podremos mirarnos como somos, con lo que hemos construido de nosotros mismos.  Al final, la necesidad del balance puede que responda a una fecha y no a una intención genuina, por lo que también resulta válido evitarlo.

Que este nuevo año podamos mirarlo a través de cristales salpicados por la esperanza, sin perder la capacidad estar presentes- aquí y ahora- pero mirando siempre hacia adelante, caminando tu camino o eligiendo nuevos rumbos. Con el entusiasmo de que todo aún puede cambiar, de ser capaces de perdonarnos, de entender que los errores que cometimos no siempre nos definen, de abrirnos a todo lo bueno que aún pueda suceder...

¡Feliz 2018!