Una sola imagen deja en claro cómo el poder de la cosa pública queda reducido a escombros cuando la desidia, el miedo o la complicidad actúan: la historia de siempre con barrabravas a bordo de micros, sobre sus techos, montados en las ventanas, aferrados inclusive al frente y circulando por las mismas calles que el resto de los mortales, en Mendoza, pero sin que autoridad alguna observe la cadena de infracciones cometidas ni el riesgo para sí y terceros que representan.
Sigue pasando.
Es de esas cosas sobre las que no se sabe qué hacer desde las áreas gubernamentales o, directamente, no se quiere hacer nada.
Los lectores de MDZ se indignaron y dieron su punto de vista en un debate que debe permanecer abierto hasta que no veamos más estas imágenes en las calles de Mendoza. Sumá tu opinión: