Una canción de amor a la preciosa anormalidad

Un grupo de niños tildados como "problemáticos" celebra junto a sus familias: esto es todo. Así construye ciudadanía una institución estatal, distinta y llena de naturalidad.

Foto: Ulises Naranjo.
Foto: Ulises Naranjo.

No hace falta ser doctor en Medicina para coincidir en el hecho de que todos, unos más, otros menos, tenemos tornillos flojos en la sesera. Y cada uno de nosotros es el resultado de ese desajuste, variaciones que la mayoría de las veces se sufren y en algunos casos, los menos, iluminan y fortalecen.

Cotejarse día a día en este sistema que nos hemos fabricado supone un enfrentamiento con aquello que los demás quieren que seamos. Y, aunque siempre es saludable dar pelea, de todo enfrentamiento uno vuelve con consecuencias. Por eso, habrá que revisar el concepto de salud mental y comprobar si existe alguien que se ame tanto a sí mismo como para no verse dentro de la bolsa de los quemados y chamuscados.

Estamos en Rodeo del Medio. Llegamos hasta aquí, porque nos han invitado al cierre de actividades y cumpleaños número 11 del Centro Preventivo Asistencial en Salud Mental, Infanto-Juvenil Número 3, una de las tantas instituciones estatales que trabaja, desde la raíz, problemas de raíz.

Así es el nombre en cuestión del organismo y lo muy interesante es, en consonancia con la introducción, el grado de integración comunitaria que el equipo que lo compone sostiene en su comunicación con todo semejante, prestando atención especialmente a los detalles, que aquí residen las maravillas, pero también los síntomas.

Natural y erróneamente, uno tiende a relacionar las problemáticas de la salud mental con enfermedades severas, dignas de internaciones y espectaculares camisas de fuerza en neuropsiquiátricos sombríos.

No es así: sin llegar a la estación radical de las locuras, hay en el camino distintos y numerosos matices que afectan el concepto de "normalidad", que cada sociedad construye, como un muro de certezas para separar los bandos de lo que es aceptado y lo que no; y, ahí, entonces, es cuando quien padece algún trastorno social se transforma en víctima social.

Problemas de aprendizaje, problemas de conducta y hasta problemas familiares determinan, por ejemplo, ese espectro que la salud mental debe abordar -sin caer, nunca, en ningún caso- en estigmatizaciones y condenas sociales.

Antes de que comience la fiesta a la que hemos sido invitados, Adriana Dolengiewich, psicoanalista y directora del Infanto-Juvenil Número 3, nos explica que los hechos de exclusión social suelen ser más severos que las problemáticas en sí mismas.

¿Cuál es la intención de ellos, entonces? Pues incluir a la comunidad e incluir-se en la comunidad para de este modo combatir los problemas de manera más efectiva y saludable.

"Trabajamos mucho la prevención, por ejemplo, a través de distintos talleres, donde hay cuentos, juegos, música, dibujo, teatro. Aquí, los niños que asisten -sobre todo con problemas de aprendizaje y conducta- no vienen sólo a una consulta, vienen a jugar y a aprender. Y buscamos que su comunidad los incluya. Salud mental es volver a trabar lazos", explica Dolengiewich, mientras los niños juegan a la rayuela, aquel misterio intacto.

Por cierto, las tareas de los talleres son fruto del trabajo denodado que encaran Gonzalo Jofré, Carolina Duarte y Florencia Leyes, en el espacio Ludoteca "La Rayuela".   

Otra de las tareas, encantadora, por cierto, ha sido llevada adelante bajo la conducción del gran fotógrafo Luis Vázquez, director de la Escuela de Mendocina de Fotografía y vecino comprometido de Rodeo. 

La iniciativa se llamó "Mi selfie en Rodeo del Medio" y supuso que cada chico saliera a recorrer su distrito con ojos de turista y se tomara fotos de esa experiencia, una que todos -toditos- debiéramos vivir, para involucrarnos más con nuestros contextos.

Hoy, que estamos de fiesta, la ocasión sirve para que esas fotografías sean exhibidas.

Y ahí están las familias compartiendo con sus hijos, tildados de "problemáticos": han traído comida y hay bebidas frescas y música y niños en juegos infantiles y, como esta mañana se parece a un paraíso, hasta lo imposible se hace posible: los bancos y los comerciantes de la zona han hecho donaciones y el asunto es como un asalto (si tenés menos de cuarenta, preguntale a tus padres o abuelos qué es un "asalto").

Otro de los proyecto del "Infanto 3", como le dicen, es la grabación de un disco, que refleje los talentos musicales de los chicos que asisten. De hecho, hoy, que, como dijimos, estamos de fiesta, hay actuaciones en vivo y, en verdad, hay que decirlo, suenan de puta madre, por encima de cualquier normalidad establecida.

Ahí, en escena, Uriel y Santi Olmos, junto a Kevin Alcaide, conmueven a su público con bonitas páginas propias y hacen aplaudir a rabiar a todos, incluyendo hasta a un funcionario que vino a decir presente: Sergio Dragoni, director de la Metropolitana Sur del Ministerio de Salud.

Allá atrás, en una mesa, se muestran los productos de otras actividades: estupendas macetas con plantas vivísimas, agendas y cuadernos reciclados, piedras y frascos pintados y cactus erectos e inolvidables. Al lado, las madres sirven gaseosa en vasos de plástico blanco y hay medias medialunas en bandejas y galletas con formas de animales.

Nadie parece aquí tener algún desajuste de algún tipo, más bien, todo lo contrario.

O mejor, volviendo al inicio: todos tenemos nuestros desajustes. La normalidad, está claro, no existe, aunque existan aquellos que la aparentan y construyen la apariencia de modo más eficaz (son gente de cuidado, ¡cuidado!, son los cínicos que manejan el estofado del mundo).

La mañana se va yendo con canciones y un puñado de niños felices con sus familias. Así debieran irse todas las mañanas de los días. La normalidad y el concepto de salud son estribillos berretas y Rodeo del Medio es la estrofa disonante del paraíso en la Tierra.

Ulises Naranjo (texto, fotos, video)