Una ex monja del convento de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, en Entre Ríos, habló tras la denuncia publicada por el semanario Análisis y que llevó a la justicia a realizar un allanamiento en la sede religiosa. Se puso sobre el tapete los métodos de tortura y la coacción hacia las internas, lo que ha liberado una vez más la discusión en torno a los métodos que se utilizan y las cosas que se hacen puertas a dentro de propiedades de la Iglesia.
Valeria, una ex monja de la congregación de hermanas discípulas, brindó un desgarrador testimonio sobre las situaciones que le tocaron vivir. Refirió que en los claustros se vive "una manipulación de conciencia a través de las citas bíblicas y de la palabra de Dios" y contó que "la culpa que uno siente todo el tiempo, con la idea de que nunca será querido por Dios, y por ello debe hacer cosas indecibles para que Dios lo mire con cariño".
El arzobispo de Paraná, Entre Ríos, Juan Alberto Puiggari, se quejó del allanamiento realizado esta mañana al monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmelo, de Nogoyá, originada por una denuncia sobre presuntas torturas hacia las hermanas Carmelitas Descalzas. El caso fue publicado por la revista Análisis luego de que el propio arzobispado se negara a investigar y a responder sobre el tema, por lo que intervino la justicia.
"Estoy un poco perplejo por la noticia. Me enteré esta mañana porque me llamaron las hermanas hoy temprano con la noticia de que habían allanado el convento", expresó el arzobispo, quien se mostró sorprendido por la manera de actuar de la justicia: "ante una denuncia de una revista ya se allana un convento como si fueran vendedores de droga. Hay instancias de diálogo que son mucho más fáciles. Podía ir el fiscal a tocar timbre y actuar de una manera más pacífica", afirmó.
Puiggari, sobre la denuncia de que había elementos de tortura en el convento, indicó que "la vida de las carmelitas es muy exigente" y que "viven una vida austera y de oración", y añadió que "si hay que corregir algo, se corregirá", pero no de manera "sensacionalista".
La exmonja
"La manipulación de conciencia no se da de un día para el otro; es lenta, son pequeñas enseñanzas que uno va creyendo" y "aunque Dios nos dio la conciencia, la voluntad y la capacidad de decisión, en nombre de Dios la anulan completamente y uno pasar a ser como robots", señaló.
"Hablamos de un manipulación tan grande que te lleva a querer matarte dentro de un convento", admitió con la voz quebrada en llanto y relató el modo en que pudo liberarse de los tormentos: "Me tuve que escapar, tuve que abrir la puerta y salir corriendo; pero después un sacerdote amigo me quería convencer para que vuelva. Si yo volvía me terminaba suicidando dentro del convento", según publicó este viernes Análisis.