Del piedemonte a alta mar: la mendocina de aguas profundas

Andrea Mayorga, nacida en Godoy Cruz, se encuentra embarcada en el destructor ARA “Almirante Brown”. Su experiencia en la Armada.

Foto: Gaceta Marinera
Foto: Gaceta Marinera

 La mendocina Andrea Mayorga es parte de la Armada Argentina desde 1988 y ahora está embarcada en alta mar.“Desde que soy chica quiero ser militar, mi papá se retiró del Ejército y a él siempre le gustó la idea de que yo quisiera ser militar como él pero al terminar el secundario un día pasé por la Delegación Naval de mi provincia, me anoté y acá estoy en la Armada”, contó.

La profesión naval llevó a la suboficial Mayorga a conocer otras provincias y países, y a radicarse en Punta Alta, ciudad cercana a la Base Naval Puerto Belgrano situada al sur de la provincia de Buenos Aires y donde tiene apostadero el destructor ARA “Almirante Brown”, destino actual de la mendocina.


De especialidad Operaciones Generales, Mayorga desarrolla su actividad a bordo en el Centro de Información de Combate (CIC), y es quien supervisa al personal de una de las guardias: la 21, que realiza tareas de asesoramiento para navegación, tiro y control de helicópteros al Puente de Comando del buque, según informó Gaceta Marinera.

“El CIC es sumamente importante en el momento de asesorar -aunque las decisiones finales se toman en el Puente-; se trabaja en equipo y en conjunto, y el éxito depende del compañerismo que se logra con el trabajo diario”, aseguró la marinera godoycruceña.

Un suboficial de Operaciones está capacitado para dar asesoramiento a la navegación, colaborando en las salidas, rumbos y arribos de la embarcación; y también para controlar, mediante radares y sonares, al espacio marítimo, submarino y aéreo.

Lejos de su provincia natal, Andrea afrontó el desarraigo junto a su única hermana, quien también ingresó a la Armada, estuvo destinada en Puerto Belgrano y fue meteoróloga en la Fuerza junto a su marido, también suboficial con quien formó una familia constituida por los hijos del matrimonio Franco de 23 y Sofía de 17 años; pero más aún gracias a su dedicación y vocación de servicio.

Andrea Mayorga es la suboficial mujer más antigua en el destructor ARA “Brown”, aunque no la única. Su experiencia en el mar comenzó en el 2006, momento que se incorpora el personal femenino a bordo de los buques de la Armada; las mujeres desde entonces pueden ser operativas, es decir, disponibles a navegar en una unidad de la Flota de Mar.


Al destructor llegó el año pasado, años anteriores acompañó a su marido destinado en la Agregaduría Naval Argentina en la República Oriental del Uruguay; y precedente a ello, estuvo 3 años en la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESSA), encargada de formar e instruir a los Aspirantes Navales en el Período Selectivo Preliminar (PSP).

Estuvo destinada en el multipropósito ARA “Hércules” y luego de su viaje a Uruguay y su pase a la ESSA, volvió al mar. “Estoy muy feliz de estar embarcada en el destructor y a vez es todo un desafío profesional ponerse al día, cuesta cuando las mujeres de mi generación nos hemos incorporado tarde a ser personal operativo y los varones de la misma jerarquía cuentan con una gran experiencia en navegación; sin embargo, los suboficiales nunca me han hecho sentir diferente”, expresó.

Por ser la más antigua asumió la responsabilidad además de su función en el CIC, de ser un referente de las mujeres que están a bordo; es así que ella las asesora en el aspecto de la presentación personal e inspecciona el orden y la limpieza de los espacios comunes entre ellas como sanitarios y sollado, así se denomina al dormitorio compartido en una embarcación mayor.

“Mis años a bordo han sido los mejores momentos que viví desde que ingresé a la Armada. El destino en mar lo hace la gente, se respira camaradería, se trabaja mucho diariamente, es la gente la que mantiene el buque a flote. Aprendí mucho en otros destinos pero esto es lo mío: soy una mujer de mar”, destacó la mendocina.

Casi 30 años en la Armada y Andrea sigue estudiando y haciendo cursos porque le gusta, “para crecer profesionalmente, sintiéndome útil, y siempre trabajando”, dijo. Una de sus mejores cualidades es que nunca baja los brazos ni dice no puedo, “soy perseverante, tengo determinación para hacer las tareas y trato de hacerlas bien”, enfatizó.

Familia de mar


Cuando Andrea y su hermana ingresaron a la Armada, ambas quedaron destinadas juntas en Puerto Belgrano. Andrea recuerda que siempre sus padres las apoyaron. Luego conoció a Javier, su marido, quien es Suboficial Mayor Aeronáutico.

De Mendoza extraña es a su mamá, su papá falleció hace 8 años; a su hermana y sobrinos, quien luego de su retiro se fue a vivir allá con ellos y de Godoy Cruz, salir a pasear y lo hace con su familia cuando va de visita.

Su esposo Javier hoy se encuentra destinado en la Jefatura de Mantenimiento de Arsenales (JEMA) pero cuando se casaron con Andrea estaba en Sea King (una escuadrilla aeronaval) y estuvo allí muchos años, gran parte de su carrera, y todos los veranos se iba de campaña y/o hacía guardias SAR (de búsqueda y rescate marítimo).

“Mis hijos sufrieron mucho la ausencia de su padre y aunque yo trabajaba siempre fui de la idea de ser quien debía estar al cuidado de los chicos”, aseguró. Luego intercambiaron los roles, “fue mi marido quien me motivó a alistarme para navegar en el 2006, y continuar hoy. Recuerdo que me dijo ´ahora podés, así que yo me quedo con los chicos´ y así nos fuimos complementando; y creo que es necesario al ser los dos militares”.

Otro nuevo acontecimiento los pone a prueba y como una regla familiar, cuando algún miembro de la familia lo necesita, el apoyo mutuo florece: Franco es licenciado en Computación y la noticia de que desea ser parte de la Armada emocionó a Andrea. “A fin de este mes, Franco se irá rendir a la Escuela Naval Militar para ser Oficial de Marina del Cuerpo Profesional de la Armada. Me siento orgullosa como mamá. Sofía está terminando la secundaria y quiere ser Bioquímica.”.

La Armada es su vida y dejó su terruño para servir a la Patria desde el mar, “pertenecer a la Armada y permanecer en la Institución no es lo mismo, es la diferencia entre ser y estar, yo soy parte de la identidad naval. La Armada es mi vida y servir a la Patria es completa disposición, de navegar, de dejar afectos aunque se extrañe, y de hacer tu trabajo lo mejor posible. Así lo siento y lo vivo”, concluyó la Suboficial Primero Operaciones Andrea Mayorga de Godoy Cruz, Mendoza.

Unidades de la Flota operaron en el mar junto al destructor ARA “Brown”


Los objetivos fueron incrementar el nivel de adiestramiento e integración entre las unidades de la Flota de mar y materializar la presencia naval en la Plataforma Continental Argentina. Respecto de estas operaciones, el Comandante de la Flota de Mar, Contralmirante Rafael Prieto, afirmó: “El objetivo de este tipo de actividades es incrementar el nivel de eficiencia y eficacia del poder naval integrado, optimizando su aporte a la acción militar conjunta”.

En cuanto al balance de las actividades en el mar, comentó: “Como siempre fue positivo; el mar en actividades de adiestramiento exige al máximo a los medios y de su personal las 24 horas del día. Expone aciertos, errores, capacidades y limitaciones; siendo la forma más eficiente para adquirir destrezas y poder progresar”.

Y agregó: “Por otra parte, se fortalece el esencial e imprescindible espíritu de grupo, así como las aptitudes de liderazgo de los hombres y mujeres que tripulan nuestras unidades”. Las tripulaciones se adiestraron tanto en técnicas como en tácticas. Las corbetas ARA “Robinson” y ARA “Spiro” y el destructor “Brown” realizaron ejercitaciones en armas, defensa aérea, defensa antisubmarina y ejercicios de táctica de defensa antisuperficie.


A la operación se integraron helicópteros de la Primera y Segunda Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros de la Aviación Naval; el submarino ARA “San Juan” y la corbeta ARA “Granville” con apostadero en la Base Naval Mar del Plata.

También aviones de vigilancia BE200 y de adiestramiento de la Escuela de Aviación Naval realizaron ejercitaciones en procedimientos de ataque a buques en el mar y las tripulaciones navales no solamente aprovecharon a afianzarse en los procedimientos para rechazar ataques aéreos, sino que internamente les permitió simular siniestros como resultado de los ataques para el adiestramiento individual en lucha contra incendios, control de averías, rol de combate y abandono en balsas salvavidas.