Organizaciones ambientales reclaman al Estado Nacional desestimar la construcción de las represas sobre el Río Santa Cruz, argumentando que es un mal negocio desde lo técnico, ambiental, económico y social. En su lugar; propone un cambio de paradigma en materia de producción y consumo de la energía, orientando los recursos del Estado al cumplimiento de los compromisos pre-electorales de promoción de energías renovables y políticas de eficiencia energética.
Participan de este reclamo la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Aves Argentinas, Banco de Bosques, Flora y Fauna, Fundación Naturaleza para el Futuro (FuNaFu) y Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA).
La construcción de las represas del complejo hidroeléctrico Kirchner-Cepernic sobre el lecho del río Santa Cruz, ubicado en la provincia homónima y último río glaciario de la Patagonia, corre libre desde la cordillera hasta el mar.
Las organizaciones subrayan la necesidad de democratizar la energía en el país, superando el mitoque “las renovables nunca satisfarán más que una ínfima parte de la demanda". Además, remarcan que el costo ambiental y económico supera significativamente los beneficios energéticos y sociales que podrían satisfacer a la ciudadanía en el corto plazo, y no así en el mediano y largo.
Las grandes represas tienen un alto impacto sobre el medio ambiente y una escasa vida útil por la acumulación de sedimentos que las deja inoperables. Por ambos motivos, no están consideradas energías renovables. A nivel nacional, el gran impacto socio-ambiental de las represas llevó, precisamente, a la decisión legislativa de dejar fuera del régimen de energías renovables a emprendimientos de más de 50 MW2.
Asimismo, dentro de la comunidad científica, existe consenso al afirmar que una de las mayores causas de disrupciones en los flujos de agua es la construcción de grandes represas, contribuyendo sustancialmente a la destrucción de pesquerías, la extinción de especies y la pérdida generalizada de servicios ecosistémicos de los cuáles depende la economía humana.
En un informe sobre impactos del complejo hidroeléctrico, la Administración de Parques Nacionales destacó la irreversible pérdida de, y la severa afectación a valiosa biodiversidad, flora, comunidades limnológicas, así como valores culturales, debido a la pérdida de información arqueológica y patrimonio paleontológico. Hoy se desconocen los potenciales daños que las represas podrían generar, incluso con el nuevo diseño.
Conforme su diseño original, las represas Kirchner-Cepernic tendrán una productividad o factor de planta del 34% (comparada con Yacyretá que tiene un 71%), y sólo el 43% de la energía que generarían podría ser aprovechada por la capacidad de los tendidos eléctricos actuales. Para aprovechar el 100% de la energía generada, debían construirse nuevos tendidos eléctricos que se calculaban en unos 2.000 millones de dólares, haciendo económicamente inviable el proyecto.
En un documento en conjunto, los denunciantes solicitan a la administración Macri "avanzar en un verdadero cambio hacia la eficiencia en el consumo de las energías existentes, que promueva un desarrollo con autonomía e independencia de monopolios extranjeros, acerca del potencial de las energías renovables para un modelo sustentable argentino".
Y consideran que "no avanzar con la construcción de las represas sobre el Río Santa Cruz significaría no sólo un alivio para el ecosistema de esa zona, sino sentar un precedente sobre la elección de formas más sustentables de generar energía. Además de fomentar el progreso con responsabilidad y de cambiar las viejas costumbres políticas de ponderar acuerdos económicos por sobre el bienestar del país".