Argentina-Chile: una final que saca lo peor de lo nuestro

Un partido de fútbol se convierte en una cuestión de vida o muerte, una cuestión de odio profundo y sin sentido. Uno quiere ser mejor que otro, pero en realidad ambos países estamos "para atrás".

Foto: Télam
Foto: Télam

Todavía no terminaba el partido entre Chile y Colombia y al asomarse la posibilidad de que se repitiera la final de la Copa América del año pasado, comencé a revisar los comentarios de los lectores del diario. Faltando cinco minutos para el final, quedé pasmado cuando una comentarista ponía en mayúsculas: "CHILENOS PUTOS, LES VAMOS A ROMPER EL ORTO EL DOMINGO! TRAIDORES! VIVA LA PATRIA!". En ese momento supe que se venían días intensos. Una vuelta por Twitter fue suficiente para notar que una vez más, a ambos lados de la cordillera, mostraríamos lo peor de lo nuestro. Para uno, que está en el medio (chileno viviendo en Argentina), simplemente es un proceso jodido y hasta molesto.

Es que mientras de un lado se lanza el clásico traidores, del otro lado se hace un "cantito patético" relacionado con Malvinas. Eso genera una “grieta” profunda, potenciada por la reacción inmediata que generan las redes sociales y de la ignorancia de aquellos que repiten, pero no se toman el tiempo para analizar mínimamente las situaciones de las que hablan y cuyo único objetivo es quedarse con la última palabra o decir que "la tienen más grande".

Lo malo, y muy malo, de todo esto, es que las reacciones más fuertes, y hasta con odio, son lanzadas al aire por chicos que no llegan a la mayoría de edad. Por supuesto también hay personas grandes, en teoría formadas y sensatas, pero ellos ya son un caso perdido.

Haciendo historia, el repetido "traidores" viene de la ayuda de Pinochet a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas, y hay que personalizar en Augusto Pinochet, porque en medio de una de las dictaduras más crudas y largas de Latinoamérica, precisamente no se le preguntó al pueblo chileno si estaba o no de acuerdo. Todo lo contrario, la población se enteró años después de esos movimientos militares e incluso algunos hasta hoy lo ignoran y no se toman la molestia de enterarse.

En la contraparte, lo peor de los chilenos surge cuando se mofan del conflicto de Malvinas, una instancia dolorosa para el pueblo argentino y que es profundamente desconocida en el vecino país. No se enseña en la mayoría de los colegios y si se hace, pasa por aspectos técnicos y sin el entorno social. Además, es altamente probable que muchos habitantes de Chile, con un mapa en la mano, no sepan identificar las Islas Malvinas. Ignoran el dolor de las familias, de los padres que perdieron a sus hijos, de los que perdieron hermanos o amigos, faltando el respeto a un hecho que mantiene una herida abierta en el país.

Ahora, hay algo que decirle a todos los "virulentos" que sacan su odio en medio de estas situaciones deportivas que el que gane el domingo no es el mejor, ni está cerca de serlo, porque para ser mejores tenemos que ganar en otras cosas, no en una cancha de fútbol. Tenemos países que no son modelo de nada, naciones que viven en el subdesarrollo y que después del domingo seguirán estando en el mismo lugar, en el fin del mundo. A esos adolescentes que inundan las redes de insultos y discursos xenófobos les digo: ¿A quiénes le ganaron? Miren a su alrededor, miren lo que somos y seguramente nos guardaremos los insultos.

Para el que vive de este lado (Argentina), miremos la realidad social, con instituciones corruptas y exfuncionarios robando por millones, con una "grieta" que nos tiene de un lado o el otro, donde los representantes del pueblo (como la diputada Conti) largan insultos propios del rincón más "hediondo" de una cancha de fútbol de mala muerte.

Para los que están del otro lado (Chile), tenemos un país profundamente desigual, donde si no tenés plata "cagaste" y no tenés acceso a una educación digna. Si no tenés plata y te enfermaste ni gastés en médicos y andá comprando el cajón, porque la salud pública es un desastre. Ya no podés decir que no tenés corrupción, porque hasta el hijo de la presidenta se pasa de vivo y los senadores están entrando de a uno a la cárcel por aceptar plata sucia para financiar sus campañas. Chile no es mejor, porque mientras el sueldo mínimo es de $250.000 (5.571 pesos argentinos), un diputado gana $9 millones ($200.000).

No somos tan diferentes, que ninguno se crea más que el otro, porque nuestras carencias nos unen, nuestras necesidades nos muestran que aunque se pueda levantar una copa, la realidad está a la vuelta de la esquina y seguimos estando al final del continente, aunque cada día más cerca de caernos empujados por nuestros vicios y falta de autocrítica como sociedad.

Por eso, si usted es uno de esos padres que sembró odio hacia su vecino del otro lado de la Cordillera (no importa el lado), reflexione y dese cuenta que no sólo está formando una persona con un grado de xenofobia que algún día lo puede llevar incluso a la cárcel. No se escude tampoco en que "es el folclore", porque ese mismo término es el que llevó al fútbol a los niveles de violencia que tiene en todo el continente.

Júntese, cómase un asado y ojalá gané, pero sin llenarse de esa violencia, porque los males que le hacen mal a su vida no son culpa de otro país, son culpa suya, mía, nuestra.