Es raro lo que ocurre con los talleres de los artistas, cuando ellos mueren, ya saben ustedes, se van por ahí, dejando todo a medio hacer... Cualquiera que haya visitado uno sabe que están repletos de presencias, de lenguajes cruzados, de mensajes con parásitos y que todo en esos lugares se encuentra atrapado por la indecible perfección de lo inacabado.
El arte, de hecho, es el grito de la aventura de algo sin terminar.
Ido el artista, las fieras florecen, como esas plantas entre dos fajas de asfalto o esos estúpidos arbustos de cornisas o los pelos de las narices de los muertos o esos microbios sobre la mesa que dejan los tsunamis y los estornudos.
La gran Eliana Molinelli murió hace una docena de años. Su apariencia era débil, pero su mirada, su convicción y sus manos eran tremendamente poderosas. Mírenla ahí: sucinta, pero tremenda, delantal azul, casco de soldadura autógena y cara y pelos llenos de hollín y de gritos y susurros.
Su idea del movimiento podía desperezarse mejor en el terreno de lo concreto de los metales, sus amados metales, sus castigados metales, sus abusados y lábiles metales.
Ahora, su taller de Godoy Cruz es como un pequeño planeta con tremendos lenguajes. A las esculturas, su hija Natasha, la hermosa y plural Natasha, les impuso un teatro que no acepta más que quince espectadores por función.
Uno sale de allí, lo aseguro, azorado, como de las arenas de una plaza de toros, como de la proa de una nave homérica, como de las espaldas de una gitana herida, algo así, digamos, viene a ser el asunto que nos convoca...
Natasha
Natasha Driban Molinelli, lo dicho, es hija de Eliana; talentosa también, pero en otras artes, hoy deja de lado sus virtudes para, una vez más, entregarse al recuerdo y la ceremonia de volver a pronunciar lo que para ella es el nombre de lo sagrado.
Natasha Driban Molinelli.
Y junta fuerzas y buen ánimo para recorrer el taller de Eliana, en Godoy Cruz: "Las esculturas que habitan su taller son verdaderas dueñas de este lugar. Por muchos años después de su muerte, venía aquí como quien visita un templo. Por muchos años, la encontré a ella, entre los olores a metales, a soplete extinguido, entre objetos inescrutables que seguro ella pensaba en convertirlos en algo que mi imaginación nunca alcanzaría a completar. Y nunca pudo. Mi mamá tenía el don divino de transformar una chapa en algo real palpable como la propia piel, la propia carne", inicia.
Había, en el taller, allá por el 2001, una pared negra; contra la pared, una estantería llena de revólveres aplastados, que le regalaron a Eliana tras una campaña de desarme. Había, entonces, una pared negra, una estantería y armas aplastadas y estaba Natasha con mala vibra...
- Mamá, todo esto tiene una energía fea… Tenés que sacarlo de acá, le dijo Natasha.
Eliana hizo un par de esculturas y después le hizo caso a su hija: armó cientos de encomiendas y las envió a los escultores más reputados de la Argentina. Y las encomiendas terminaron siendo arte. Así era ella; así también era ella, Eliana, la ausente.
- Después fui yo la que regalé y repartí las astillas que quedaron en la estantería, cuando mi mamá falleció, recuerda, ahora, Natasha.
Después, ella y su hermana, la también artista plástica Tania Driban, desmantelaron el taller, sus miles de objetos esperando convertirse en otra cosa, de manos de la artista: "Todos eran elementos para ese goce secreto de la creación", sentencia, con eficacia y elegancia, Natasha…
Por ejemplo, sus herramientas y mesa de carpintero fueron a parar a casa de Daniel Ciancio, un querido y talentoso escultor, amigo de la familia. Fueron pasando los años y sólo fueron quedando allí sus esculturas, algunas de ellas. "Son estas presencias que me miraban desde la ausencia cada vez que iba allí. Pasaron los años y yo seguí visitando este lugar como testigo…Un día pinté sus paredes de hollín, ordene el espacio, sus esculturas, y durante un tiempo me senté en una silla juntando fuerzas para poder transformar esa energía estanca en algo más. Y entonces, di lugar a la pasión de toda mi vida, poder hacer teatro en un espacio tan mágico", sigue Natasha.
Logró su deseo en 2013 cuando se estrenó “Algo de ruido hace” aquí, una obra casi autobiográfica: "Mi hijo se gestó junto con esta obra. Se dio el momento mágico de sentir la vida adentro la vida afuera, en esas esculturas, en ese espacio".
Tania Driban Molinelli.
Ahora mismo, la sangre le sigue dictando cosas: "Mi hermana Tania acompañó a mi mamá en sus aventuras en la parte más prolífica de su vida. Iban a chacaritas, a encontrar los tesoros más preciados, se metían en lugares secretos, y mi mamá le enseñaba a mi hermana de su tenacidad y de esa facilidad de transformar los objetos más extraños en arte".
Continúa Natasha: "Yo fui la hija que la acompaño en su enfermedad, sus operaciones, sus curaciones. A mí me toco acompañarla en la última parte de su vida. Estuve casi un año cuidándola, celando que su dolor y deterioro no fuera tan perceptible. Mi mamá nunca perdió las ganas de vivir, tenía pinceles y óleos y acuarelas en el hospital, y pintaba aguadas y marinas a todos los que la atendían, médicos enfermeras, la señora que limpiaba el piso todos los días. Siempre pienso que si pudiera ubicar a toda la gente a la que le hizo una pintura, podría hacerse una exposición de cientos y cientos de trabajos", dice y, luego, calla.
Al fin, concluye: "Siento que soy la guardiana de sus obras. No puedo dejarle flores en el cementerio. Si puedo decir que existió una mujer escultora mendocina con una fuerza arrolladora, que creo obras monumentales en metal y también pequeñas joyas, que dejó una huella indeleble en los que la conocieron, que fue una mamá de hollín y de fuego, que es una mamá que extrañamos y necesitamos cada día de nuestras vidas. Que es una mamá que nos dejó su legado artístico, su linaje. Con mi hermana Tania pensamos que muchas veces la muerte se lleva a las personas y las personas se van con la muerte… Mi mamá no se fue con la muerte. Se quedó su energía girando. Se quedó".
Palabra de Eliana Molinelli
Fragmento de una entrevista, realizada por Ciro Novelli, allá por 1998.
* "El metal… vos me ves a mí y vos dirías.. Esta mujer no puede trabajar el metal… Yo al barro lo muevo… y hago lo que quiero. El metal se me opone, se resiste. Y yo elijo lo que se me resiste".
* "¿Qué es la escultura? No tengo respuestas a esa pregunta. Porqué hago escultura, esa sería la pregunta. Yo hago escultura por que indudablemente siento una plenitud inmensa….y porque quiero hacer trascender mi ser. ¿Cómo hacer trascender tu ser? Lo hacés trascender a través del alma".
* "Una vez admitido que el arte es el poner en obra la verdad y que la verdad significa la desocultación del ser, ¿no debe hacerse normativo también en la obra de arte plástico el espacio verdadero, aquello que desencubra lo suyo más propio? Nadie puede estar ausente del mundo que lo rodea y de las cosas que lo rodean. Si yo te dijera que voy a hacer rosas, un fondo de rosas y claveles, tendría que sentirlo profundamente por que el arte está ligado a la ética. Yo soy una persona que trabaja mucho con la mística, trabaja mucho con la verdad, con la justicia. Esos son mis temas: la justicia, la verdad, el desocultamiento".
* "Primero empecé a hacer formas cerradas, muy cerradas que eran realmente monumentos, como 'Condición Humana', ese Cristo crucificado hacia abajo. Luego, al pasar el tiempo descubrí algo muy bárbaro, muy cautivante. Tuve que equilibrar una obra y le tiré plomo. Y ahí me di cuenta de que había encontrado por fin la síntesis de toda una vida pinchándome los dedos y trabajando pedacito por pedacito. Había logrado disolver el monumento. Y esto empezó así. Y creo que es algo fantástico, una nueva imagen para mí. Y no sé si voy a abandonar el antropomorfismo después de este gran noviazgo que he tenido toda mi vida".
* "Sé tanto de técnicas que parecería que a mí me tendría que salir sola una escultura. Pero no. La escultura comienza con una idea. Una idea que es bastante sólida, bastante contundente. En el camino se van dando los azares. A veces cambia, a veces cambia para bien, a veces la obra te queda en el camino. Dibujo mucho. Me gusta muchísimo dibujar. La idea la tengo en la cabeza y la resuelvo a través del dibujo. Y bueno después vienen las esculturas".
* "Mis temas responden a la condición humana, a cómo los hombres se comportan frente a los hombres. A veces el hombre es lobo del hombre. Por eso algunos temas responden a la impunidad, responden a 'No te olvides…', no solamente por Cabezas. A 'No te olvides' por todo lo que ha sucedido en el tiempo. Yo tuve la suerte de poder vivir siendo artista. Pero cuesta mucho".
* "El arte si sirve, está implicando ya que tiene una función adicional. Eso lo tiene el diseño. El diseño sirve, la arquitectura tiene que servir para cobijar al hombre. El arte no. El arte es en sí mismo. No tiene que servir para nada ni para nadie. Tiene que ser".
* "Si me saliera de mí misma para juzgarme o para saber por qué soy lo que soy o qué admiro en esto que soy, diría que lo único que me interesa de mí es mi tenacidad y mi tozudez. A través de estas dos cosas con lo poquitito que tenía, he logrado ser todo, todo lo que soy".
* "Elegí ser artista por necesidad. Ser artista es un acto de ética. Es decir absolutamente la verdad. No se puede mentir. Si uno es artista es porque nació de esta manera y se jugó de esta manera. Si volviera a nacer haría exactamente lo mismo".
Ulises Naranjo.