Estudios supervisados por Naciones Unidas enfatizan la existencia de potenciales conflictos colectivos a partir del crecimiento descontrolado de las poblaciones y de la búsqueda de alimentos para esas expansivas masas de personas.
El Consejo de Asuntos Globales (CAG) con sede en la ciudad de Chicago, afirma que una explosión poblacional en los centros urbanos del globo podría detonar una búsqueda sin precedentes de alimentos, lo cual provocaría conmoción económica y conflictos civiles en escala mundial.
Thomas Reardon, investigador del Instituto Internacional de Políticas Alimentarias, advirtió que "el crecimiento de las ciudades del globo está explotando, y hoy más gente vive en áreas urbanas en contraste con una menguante población en ámbitos rurales".
"Hacia 2050, se prevé que el 66 por ciento de la población mundial vivirá en zonas urbanizadas, lo cual multiplicará la procura masiva de alimentos, especialmente en países de bajos y medianos ingresos", añadió el especialista.
Un documento distribuido por el CAG, "Comida creciente para ciudades crecientes", anticipa que dos tercios de la población global –unos 6.300 millones de personas– estarán confinados en metrópolis en 2050 y para que todos sean alimentados la producción de comida deberá crecer hasta un 60 por ciento.
Según estimaciones de la ONU, la población urbana del planeta hoy suma 3.900 millones de individuos y durante los últimos 40 años se ha perdido, por erosión o contaminación, un tercio de los suelos arables.
Las cinco mayores metrópolis previstas hacia el año 2050 son Mumbai, Nueva Delhi y Kolkata (las tres en India), Kinshasa (Congo) y Dhaka (Bangladesh), en tanto Buenos Aires aparece en el 24º lugar, acompañada por Beijing (China), Jakarta (Indonesia), Bangalore (India) y Bagdad (Irak).
Dan Glickman, coautor de los informes citados y ex secretario de agricultura de Estados Unidos, pregunta: "¿Serán adecuados los suministros a las áreas urbanas para alimentar a la gente, o derivaremos hacia disloques políticos y económicos?"
Y él mismo responde: "Se trata de un problema extremadamente serio y no contamos con suficientes especialistas para poner en foco los desafíos".
El mencionado informe resalta que para satisfacer la creciente demanda de ciudades en expansión, el sistema actual de producción alimentaria deberá modificar el modo en que es producido, procesado y distribuido.
A medida que crecen las ciudades, señala el profesor Reardon, también varían las dietas, debido a las exigencias de los consumidores urbanos, que buscan diversificar la ingesta de frutas, vegetales, lácteos y carnes, en tanto se multiplica la oferta de comidas procesadas.
El proceso crea nuevas disyuntivas no solamente para los consumidores, sino también para los pequeños y medianos productores rurales sujetos a las reglas de la comercialización intermediaria.
En algunos casos, por presión de las organizaciones de consumidores, crece la búsqueda de abastecimientos con un mínimo de intermediación, bajo el lema "del cultivo al tenedor".
Las presiones sobre los sistemas de producción con múltiples e involucran en principio a los consumidores, y también a los distribuidores y sus publicistas, mientras el cambio climático (inundaciones, sequías y otros desastres naturales) volatilizan los canales de suministro.
Otros factor que crea desorientación comercial, es la epidemia de obesidad que bate récords a nivel mundial, mientras unos 800 millones de personas aparecen rotulados como "crónicamente hambrientos", en tanto unos 2.000 millones padecen deficiencia de micronutrientes.
Todo ello sin perder de vista a millones de refugiados y migrantes cuyo número casi equipara a los desplazados por la II Guerra Mundial.
Panorama ante el cual Reardon remarca: "Para la seguridad alimentaria global resulta clara la necesidad de apoyos y compromisos para el desarrollo de sistemas de provisión que sean seguros, nutritivos, bancables y sustentables".
Simultáneamente, el citado documento remarca que el despliegue de sistemas alimentario que vinculen directamente a los agricultores con las metrópolis puede tener un enorme y positivo impacto para el alivio de la pobreza rural y la expansión de un rentable desarrollo agrícola.
Fuente: Télam