El Zoológico se convirtió en el melodrama perfecto. Crisis, intrigas, sospechas, mentiras, ocultamientos, acusaciones, juicios, policías, sangre, sudor y lágrimas son los componentes que rodean al conflicto que mantiene el Gobierno, más específicamente la Secretaría de Ambiente, con un importante sector de los trabajadores, que las autoridades denominan "sindicalizados", que responden a ATE; sumado a los apretados recursos monetarios cuyos usos están siendo cuestionados. En el medio quedan los cientos de animales que pueblan el predio y que, por unas peleas entre personas, sus existencias quedan expuestas.
Los recursos que cuenta la directora del Zoológico, Mariana Caram, de por sí son acotados suficientes para funcionar con lo justo: 24 millones de pesos para este año, de los cuales lleva ejecutado alrededor de la mitad, mientras que el resto ya tiene destino preestablecido. De esos recursos, cerca de 2,5 millones de pesos corresponden al adelanto que le otorgó la Legislatura en marzo en el marco de una "emergencia ambiental" que se dividieron entre el pago de alimentos a los animales, y las compras en materiales para arreglos, medicamentos y los estudios de necropsias. Sin embargo, el justicialismo tiene sus reservas y exige una rendición de cuentas ante los legisladores, actitud que, si bien al oficialismo parece no intimidarlo, sí causa cierto resquemor dado que "no levantaron las mismas banderas de transparencia" ante gestiones pasadas.
A los recursos ordinarios hay que sumar 5 millones de pesos que el Gobierno provincial destinó en el Presupuesto 2016 al proyecto Ecoparque. Se trata de menos de la mitad de lo que los diputados oficialistas Omar Sorroche y Tadeo García Zalazar, autores del proyecto, habían prometido el año pasado: entre 10 y 16 millones de pesos anuales, con un sustancial incremento presupuestario para los próximos tres años, cuando se llevaría a cabo el grueso de las obras. Con los recursos destinados para el Ecoparque, Ambiente está trabajando en el control de natalidad y las mejoras en los recintos.
Pero el dinero no es suficiente para frenar lo que, a todas claras, es una crisis, y no solo estructural, también de índole política. A las autoridades del Zoológico y los trabajadores vinculados a ATE se sumaron las organizaciones animalistas que fueron convocadas a realizar trabajos voluntarios en el Zoológico. Esta decisión no fue bien recibida por los empleados del Zoo, quienes ven detrás de esto una especie de "intromisión" avalada por Caram y el Jefe de Gabinete de Ambiente, Eduardo Sosa, ambos funcionarios vinculados a las ONG ambientalistas.
De hecho, la figura de Jennifer Ibarra, la cara visible de Fundación Cullunche, es la que más rechazo causa entre los sindicalistas, no solo por un pasado de acusaciones cruzadas y la revisión que la veterinaria hizo del hipopótamo hembra herido, sino porque levantó polvaredas con sus sospechas públicas sobre el destino del cadáver de la pantera negra fallecida hace unos días, dando a entender que su destino fue el tráfico ilegal de pieles, lo cual quedó descartado poco después tras excavar las fosas donde entierran a los animales muertos.
No en vano interviene la Justicia provincial, en este caso a través de los fiscales especiales Santiago Garay, por los quince ciervos que fallecieron por envenenamiento, y Claudia Ríos, que lleva adelante la investigación por el caso del hipopótamo. Tanto el Gobierno como ATE y la oposición (que tomó una postura favorable a los sindicalistas) esperan que se resuelvan los casos, estrechamente vinculados al conflicto central, para demostrar quien dice la verdad.
Las autoridades de Ambiente y el Zoológico están en una etapa clave. Deben gestionar un espacio público de alta sensibilidad social con pocos recursos, subsanar los graves padecimientos estructurales que padece el zoológico e intentar solucionar el fuerte conflicto con buena parte de los trabajadores, además de seguir adelante con el Ecoparque y conseguir el financiamiento necesario para su montaje. Calmar las aguas sería un gran paso, acceder a instancias de diálogo con los actores involucrados, que son tantos como nunca hubo, y buscar consensos para el bienestar de los animales sin olvidar las responsabilidades de cada uno.