Dos mendocinas y media sueltas en Chicago

Te contamos, en primera persona, la experiencia de una mendocina y sus dos amigas que conocieron La Ciudad de los Vientos.

"A fines de abril tuvimos la suerte de conocer Chicago por primera vez. Así fue como empezó lo que para nosotras fue uno de los viajes que nunca olvidaremos y una aventura que me gustaría llamar 'Dos mendocinas y media sueltas en Chicago'. 

Mary Miller, y las hermanas Cristina y Karin Frasca (quien suscribe), dedicaron dos días para conocer "la Ciudad de los vientos". Mary nos esperaba en su casa y se encargó de guiarnos por los principales atractivos de los lugares por los que tantas veces pasó pero que nunca conoció con "ojos de turista". Ella vivió mucho tiempo en Mendoza pero es norteamericana, de ahí que digamos que es "medio mendocina".

Desde el Skydeck, hasta el paseo en barco por Chicago, tuvimos la oportunidad de conocer una ciudad nos recibió con los brazos abiertos, pese a que el ritmo de vida que pudimos observar está muy lejos del que estamos acostumbradas a ver en las calles mendocinas.

Nuestra primera parada fue en el Millenium Park  (Parque del Milenio), en donde nos sorprendimos con "The Bean". Se trata de un 'poroto', ni más ni menos, pero es el gran atractivo del parque porque la ciudad se refleja en él. En ese lugar se filmó la película "Votos de amor" -film de Michael Sucsy protagonizado por Channing Tatum y Rachel McAdams- . A las tres románticas nos encantó la película y por lo tanto, disfrutamos estar en su escenario.


Nos tentamos con un paseo en barco, gracias al que pudimos conocer la impresionante historia arquitectónica de Chicago. 

Nos mostraron toda la periferia de la ciudad por el lago Michigan y en poco más de media hora de recorrida vimos la ciudad en todo su esplendor, con los conocidos edificios: John Hanckok, la Torre Willis y el edificio del magnate Donald Trump.

De ahí fuimos a lo que más ganas teníamos de conocer. Nos habían hablado del vértigo que produce el Skydeck (el mirador de la Torre Willis), pero no hay nada como estar ahí y sentir que estar suspendida a cientos de metros del suelo.

Llegamos hasta el piso 103 del segundo edificio más alto Estados Unidos, después del One World Trade Center en Nueva York, y desde una especie de caja de vidrio que funciona como mirador obtuvimos la fantástica vista de Chicago que ningún turista debería dejar de grabar en su memoria.

Las bellas artes también tuvieron un lugar en nuestro recorrido y llegamos hasta uno de los museos más importantes de ese país. Lamentablemente no pudimos ver la colección de Vincent Van Gogh que estaba en exposición esos días, debido a la cantidad de gente que se agolpó en el ingreso para conocer las obras del genio neerlandés.

Igualmente, el clima era ideal para una visita al "Art Institute of Chicago". Llovía mucho, y no fuimos las únicas que tuvieron la idea de refugiarse en el lugar y disfrutar de las creaciones de los referentes modernos del arte.

Lo que más nos impactó fue la muestra de arquitectura histórica, vimos recreaciones de salones de diferentes países del mundo y cómo fueron cambiando los estilos a través de los años. 

A las habitaciones recreadas no les faltó ningún detalle 

La única presencia argentina en el museo que pudimos ver, fue una obra de Victor Grippo, quien utilizó 800 papas y cables de zinc para generar una analogía entre la energía de los alimentos y la energía que mueve al mundo.

Los visitantes del museo pueden ver cómo, efectivamente, las papas producen electricidad. 

La noche en Chicago

Lo primero con lo que nos sorprendimos fue que la noche empezó a las 17.30. Para nosotras hubiera sido la hora de tomar el té, pero en Chicago era la hora de salir a escuchar buen jazz y comer pizzas.

Nos recomendaron el Andy's Chicago Jazz y la experiencia fue fantástica. Después de demostrar que éramos mayores de 21 (edad legal para beber alcohol y por lo tanto, para ingresar), nos ubicamos cerca del escenario -no queríamos perdernos nada-; y pedimos una Corona y dos pizzas -no muy diferentes a las que se puede encontrar en Mendoza-. El espectáculo duró una hora y media en donde pudimos ver a uno de los pianistas más virtuosos, aunque no podría decir si se trata de un músico famoso, sin dudas debería serlo. 


Una perlita antes de terminar

No solo disfrutamos los lugares en los que estuvimos, sino que también el viaje desde Wheaton Illinois -en donde Mary nos recibió- a la ciudad de Chicago en tren. Tuvimos 45 minutos de viaje en un tren de dos pisos, uno de los transportes más utilizados por los habitantes del lugar. 

La relación precio calidad del transporte público es algo para destacar, fue un viaje muy placentero, pasamos por todos los suburbios antes de llegar a nuestro destino final, y fue un verdadero pantallazo de la cultura norteamericana de ese lugar. 

Desde mi punto de vista, para cualquier amante de los viajes, Chicago es una ciudad que debería estar marcada en su ruta. Como seguramente volverá a estar en la mía.   

Karin Frasca