Sólo podemos dar lo que ya hemos dado. Sólo podemos dar lo que ya es del otro", Jorge Luis Borges.
Pasó hace unos días: dos chicas de barrio, almaceneras, decidieron compartir con sus semejantes parte de sus bienes: colgaron una caja de cartón en la reja de la ventana de la vereda; adentro, había bolsas con comida -frutas, panes, facturas y cosas por el estilo- para que quienes tengan hambre puedan llevárselas a sus hogares.
Por esta vez, sólo por esta vez, -amado gorilón y amado nac&pop- hagamos un esfuerzo y dejemos inmediatamente de lado si la reciente aparición de síntomas de hambre en la Argentina es culpa o no de estos meses de Macri o de la gestión anterior, porque seguramente encontraremos nutritivas razones para abastecer ambos labios de la formidable grieta y terminaremos enlodados respecto de la propuesta inicial.
El tema viene a ser: ¿Te parece bien o te parece mal que alguien decida regalar comida a quienes están pasando por dificultades económicas?
Iniciemos así:
* Citas célebres a favor: "La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo" (Eduardo Galeano).
"Tirarle el hueso al perro no es caridad. Caridad es compartir el hueso con el perro cuando se está tan hambriento como él" (Jack London).
* Citas célebres en contra: "La manera de dar vale más que lo que se da" (Pierre Corneille)
"Si tienes mucho, da mucho. Si tienes poco, da poco: pero da siempre" (Anónimo).
Ya mismo, este que escribe debe decir que suscribe especialmente a la frase de Eduardo Galeano: la solidaridad es una forma superadora de la caridad.
Luego de un cuarto de siglo de trabajo periodístico fatigando crónicas "de contenido social", se ha mantenido ante sus ojos una evidencia: los pobres son infinitamente más solidarios que los acomodados y los ricos.
La gran mayoría de los que tienen son avaros intrínsecamente, son avaros de manera constitutiva y tienen pavor a perder de cualquier modo lo que -bien o mal- han conseguido. Tienen, además, temor a que los que no tienen se les acerquen a sus modos de vida.
A priori, como vemos, condicionamos las respuestas, basados en el hecho de que los que tienen con qué satisfacer sus necesidades, no son particularmente dispuestos a mirar con buenos ojos a los samaritanos; y esgrimen -seguros de sí mismos- frases de este tipo: "yo me gano lo que tengo con grandes esfuerzos"; "hay que enseñarles a pescar, no darles pescados"; "eso es responsabilidad de los gobiernos, para eso pago mis impuestos".
Claro que no todos son así, claro que no. Por caso, en esta avara Mendoza, también hay cientos de personas de buen pasar que se preocupan por compartir y generar proyectos que involucren a los distintos de ellos. Cientos, sí, muchos miles tal vez, pero muy pocos al fin, que no marcan diferencia alguna como para pensar en una sociedad más justa, o sea, más inclusiva, más digna, con mayor justicia social, si te gusta este interesante concepto.
Por estos días, además, a modo de ejemplo semejante al de las almaceneras, surgen por aquí y por allá percheros solidarios, sitios con ropas para que quien las necesite, se las lleve; líneas para ayudar a gente en situación de calle y grupos de señoras que, cuando llega el frío, cocinan para hambrientos y abandonados.
Así pues, antes de poner los reparos de los satisfechos, valdría que nos preguntemos, a priori, en verdad, por qué no. ¿Por qué no hacerlo? ¿Quién de nosotros no está en condiciones de compartir parte de lo que tiene o de lo que sabe o parte de su tiempo? Ahora bien, ¿quién de nosotros lo hace? Seguramente, muchos, no obstante, es claro que esta batalla, los buenos de corazón, la están perdiendo por goleada.
Si bien sabemos el Estado es el responsable y garante primero del bienestar de la gente, con esa estructura no basta: si no hacemos algo para considerar a ese distinto como un semejante, seguiremos en el horno, por los siglos de los siglos. Y, además, es un hecho que el Estado somos todos, y no una determinada gestión de gobierno.
En fin, es para pensarlo -amado gorilón y amado nac&pop-; sin echar culpas al otro, sino intentando arriesgar puntos de coincidencia.
La política es una formidable y suprema herramienta de transformación social: la mejor de todas, por lejos. Entre otras cosas, deberíamos trabajar en ser parte de ella, en dejar de considerar a los funcionarios -per se- como sujetos de culpa y sacrificio ritual y que todos son vagos y/o corruptos y aceptar -sin cinismos- que se puede disentir y construir a pesar de eso. Y empezar por la necesidad de los demás es un buen camino para hacerlo (la política no está en el mundo para olvidar al mundo).
Cuando este que escribe subió la foto de la caja de comida del almacén en el muro de su Facebook agregó este texto: "Comida gratis para quienes no tengan. Ahora mismo, en el almacén del barrio... Hace muchos años que no veía algo así. Duele, aunque se agradece el gesto de las chicas".
La foto suscitó gran cantidad de comentarios, pero los dejaremos de lado, para ver qué surge, si surge, luego de la lectura en el foro de este diario.
Foto del maestro Máximo Arias.
Una reflexión más a la hora de cerrar el boliche: para dar, hay que dar parte de lo que uno atesora; no se trata de dar sencillamente lo que a uno le sobra... Bueno, a ver, está bien, inicialmente, ponele, está bien dar aquello que sobra; este puede ser el comienzo.
Sin embargo, ya en tránsito de la actitud solidaria, el desafío superador es dar lo que uno mismo se daría. ¿Por qué? Sencillamente, tal vez, porque dar alimenta y mejora más al que da, que al que recibe.
A eso iba el tal Borges con la frase que encabeza esta nota: puede, mi amigo, que eso que has decidido compartir, en realidad, lo estés devolviendo. La dignidad del ser humano es un elemento constitutivo, como la madera del palito, diría don Juan Gelman...
Ulises Naranjo.