¿Dejamos salir a nuestros hijos solos de vacaciones, de mochileros, a lugares desconocidos? ¿Podemos prohibirlo? ¿Se puede no correr riesgos?
El debate está abierto, aunque en Mendoza, aplastado por el inmenso dolor que produce el femicidio de las chicas Majo y Marina en Montañita, Ecuador.
Pero es a raíz del caso que se abrió la discusión en MDZ Radio durante el programa "Cambio de aire", con Eduardo Ripari, Roxana Badaloni y Federico Croce, y la producción de Ana Saldaña.
Allí se expresó, con disparadores para un debate que está abierto, la psicóloga, psicopedagoga y magister en psicología social Nancy Caballero.
Estos son algunos de sus principales conceptos. Sumá los tuyos a la nota:
- Como padres estamos en una situación muy ambigua porque en el siglo XX habían límites que me marcaban madurez y responsabilidad, terminar el secundario, comenzar un trabajo, etc. Eso era muy parejo, para todos igual, pero ahora desapareció, no todos los chicos de 21 años son iguales.
- Pero la ley dice que un chico de 21 es mayor, pero lo tenés que mantener hasta los 21 (ahí está la ambigüedad), además para algunas cosas son sumamente independientes y para otras totalmente dependientes, entonces es algo difícil tanto para los papás como para los chicos.
- Yo no puedo decirle a un chico de 21 años que no haga ciertas cosas, como sí puedo decírselo a uno de 15. Los padres a veces les pasamos el miedo o los llevamos a ser temerarios. Ser precavido no es ser miedoso.
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- Me parece pésimo extorsionar al chico por el dinero: Decirle “si yo te pago el celular, vos me lo tenés que contestar”, pero sí es cierto que podemos plantearlo desde el vínculo y no de dinero, no debemos decirle: “Yo te estoy pagando las vacaciones, así que yo elijo a dónde vas vos”, pero sí plantearle: “Vos no podés asumir la responsabilida de pagar esto, por ende, entre los dos debemos definir ciertas cosas que tenés que tener en cuenta para que yo te deje”.
- Los adultos tenemos miedo a que nos digan viejos, pero es cuerto que a los 20 nuestros hijos también nos cuidan a nosotros: “Ma, no te vayas por el Corredor, porque pasa esto” y ¿qué hacemos nosotros? Tomamos la misma actitud que ellos: “No pasa nada”.
- Yo veo miedos trasladados de los padres a los hijos y también veo frustraciones trasladadas, porque también nos hubiera gustado agarrar una mochila y partir, entonces decimos: “Qué lindo que te vayas a la buena de Dios”. El mundo no es así.
- A los chicos si les decís que no, a esa edad, se pueden ir igual. Yo planteo hacer vínculos, decirles: ¿Viste cuando vos me decís que no vaya por el corredor porque es peligroso? Vos me advertís sobre algo que puede pasar, y yo lo tomo como algo válido, no puedo decirte: No a mi no me va a pasar nada, porque eso es pensamiento mágico. Entonces, ponete en mi lugar, me parece buenísimo pero marquemos ciertas pautas cada cuánto me vas a llamar, qué vas a hacer si se te pierden los documentos o la plata, etc”.
- Acá hay que ponerse en la piel de un chico de 20 años, para un adulto decir “no”, cuando todos dicen “sí”·, ya es difícil. Imaginémonos para un chico de 20 años, donde sus pares lo van a gastar, lo van a apartar, es muy difícil.
- Hoy los grupos son homogéneos y no admiten divisiones en eso. Los padres hoy siguen diciendo: “Cuando yo tenía 18, me ofrecían y no tomaba”, bueno, eso es cuando vos tenías 18, no ahora.
- Los padres tienden a decir “mi hijo esto no lo va a hacer”. Por eso yo insisto en el vínculo, los apdres hablamos mucho y escuchamos poco. Yo tengo que compartir momentos con el hijo, ir a caminar, hacer deportes juntos, crear momentos, donde en medio de esos, el chico se abra y darle lugar a lo que nos cuente.
- La libertad se paga con responsabilidad, yo le tengo que decir a mi hijo: “Si no sos capaz de no llevarte materias, de entrado a la facultad, no significa que te voy a castigar, sino que estoy poniendo una medida de cuán responsable sos para las cosas que hacés en tu vida, para saber cuán responsable sos para irte de vacaciones solo”. Esto no lo va a salvar de nada al chico, lo que quiero decir que es que debemos buscar ejercicios empáticos. Tienen que sentir que con 21 años tienen que demostrar que son híper responsables para sus actividades diarias, para generarme confianza a mi como su padre”.
- Es importante hacerles ver a los chicos que hay una diferencia entre lo virtual y lo real y eso es neurociencia pura: Yo sólo sé quién sos vos, cuando te puedo mirar a los ojos.
- Los valores no se explican, se encarnan. Entonces, a los chicos a esa edad, a los 21, en vez de explicarles tantos, me tienen que ver actuar a mi. Además, la única forma es la empatía, que el chico se ponga en mi lugar de padre y sepa qué siento yo si el se va, por ejemplo, y por 4 días no me llama y me avisa cómo está.