El crimen ardiente de Charles Williams

A más de medio siglo de su publicación y un cuarto de su adaptación al cine, "Zona caliente" es una de las novelas noir más exquisitas del siglo XX.

Charles Williams fue uno de los mejores escritores de novela negra del siglo XX. Sus obras llegaron a millones de lectores en todo el mundo, y gran parte de ellas fueron adaptadas al cine y la televisión. Aunque la totalidad de su trabajo no es conocido en esta parte del mundo (más allá de algunos títulos, como El arrecife del Escorpión y Mar calmo), el autor estadounidense supo atraer gracias a sus exquisitos textos cargados de suspenso, tensión, sexualidad y detallismo, con personajes incómodos para el clásico estilo de vida norteamericano de la época, en un contexto donde la sociedad comenzaba a conocer los placeres del consumismo, la bonanza económica y las transformaciones de los paradigmas artísticos y sociales.

Zona caliente (La Bestia Equilátera), una de sus primeras novelas que fue publicada en 1953 y tuvo una adaptación cinematográfica en 1990, 25 años después del suicidio de su autor, encierra un aire noir desde el cual, partiendo de una base simple y estereotipada del género policial, despliega una historia que, a lo largo de las páginas y bajo la exquisita traducción de Carlos Gardini, se ensombrece en medio de un éxtasis de calor, sexo, dinero y delito, marcados por el ritmo del miedo, el éxtasis y la paranoia que acongoja a los personajes.

Harry Madox es un forastero que llega a un pequeño pueblo del sur estadounidense para trabajar en una casa de ventas de autos usados. Sin embargo, rápidamente se embarca en un nuevo objetivo con el que ansía alcanzar la solvencia económica que anhela: robar el banco local, idea que consigue tras presenciar un incendio que alteró la solemnidad de los lugareños. El protagonista encierra una especie de dualidad moralista, que se regenera, transforma y retroalimenta acorde a los sucesos que presencia o acciona, menos por rigidez en su personalidad que en la fuerza de sus pensamientos, necesidades y sentimientos.

Mientras urde su plan, ese "crimen perfecto" que promete impunidad y buena vida, Madox choca con el amor y la lujuria prohibida: Gloria es una jovencita que trabaja para el dueño de la agencia, que con su frescura e inocencia cautivará a Harry, aunque arrastra un pesado secreto. Dolores Harshaw, la implacable y sedienta esposa del jefe, hará todo lo posible para enredar a Madox en sus intrincadas y seductoras redes.

A medida que avanza la trama, y con cierta compostura dramática, Williams emplea los contextos que presionan sobre las actitudes y acciones de Madox e influyen progresivamente en el transcurso de la historia: calles y edificios pueblerinos abrasados por un calor sofocante que marca el ritmo de sus habitantes, especialmente en Harry; prados verdes, ríos mansos y carreteras desiertas, engullidos por la noche oscura, larga y cómplice de los fantasmas y misterios que amenazan con aparecer en cualquier momento. La narración, en la voz del protagonista, otorga una sensación de desesperación, el camino que conduce hacia la locura, un desenlace que sorprende y, en cierto modo, hace reflexionar sobre los alcances de los actos propios y la influencia ajena.

Williams supo manejar el uso de los recursos narrativos para que Zona caliente se convierta en una novela ágil y dinámica en su lectura, que no decae en su peso propio que podría verse tentado a causa de los componentes clásicos del género policial. Una clara muestra de que lo clásico nunca pasa de moda.

Nicolás Munilla