La Virgen María con el niño Jesús es una imagen icónica desde los primeros años del cristianismo. Sin embargo, la costumbre de instalar una representación nacimiento no nació hasta varios siglos después.
Fue san Francisco de Asís quien, en el siglo XIII, pidió permiso al Papa para representar un pesebre viviente. Lo hizo en 1223, en una cueva de la localidad italiana de Greccio. Poco a poco, los franciscanos fueron extendiendo esta tradición, pero fue en Nápoles, en el siglo XV, donde comenzaron a fabricarse pesebres de barro.
En España, el rey Carlos III tuvo mucho que ver en la popularización de los nacimientos. En torno a 1776, encargó a los artesanos napolitanos un pesebre para regalárselo a su hijo, el futuro Carlos IV. Las piezas, que se colocaban en palacio, han pasado a la historia como el Belén del Príncipe.
Los nobles de la época quisieron imitar la costumbre del monarca y también compraron pesebres para decorar sus casas y palacios.
Con el paso de los años, y gracias a la fabricación de figuras más sencillas y baratas, el pesebre llegó a casi todos los hogares católicos.
Fuente: Heraldo.es