Alta performance y calidad de vida: Escala de colores

Cuando nos aventuramos a explorar tareas o experiencias que no solemos frecuentar, es necesario a veces ir de una punta a la otra.

“Yo aprendí una cosa luego de muchos años…”, dijo ella mientras tomábamos un té ligero, “…aprendí que entre el blanco y el negro no están los grises, sino todos los colores”. Lo dijo al pasar, pero yo me quedé ahí con los ojos bien abiertos, con la sensación de que con esa frase –junto a mi inquietud de hacía semanas– ella había catalizado en mí lo que luego sería esta nota. Son esas veces en que las palabras de los demás nos atraviesan, se articulan con otras nuestras y construyen una idea juntas.

¿Cuándo fue que empezamos a pensar en escala de grises en lugar de colores?

Quisiera entonces reivindicar, pasando a color, todas esas posibilidades que existen entre dos opciones opuestas; y también los contrastes, que frente a la hegemonía de lo homogéneo, siempre resultan disparadores de sensaciones. Por lo notorios que son, muchas veces iniciamos acciones tendientes a moderarlos y es en esas instancias, las de las transiciones, donde pasamos la mayor parte del tiempo y surgen las mayores posibilidades.

¿Son acaso las posibilidades intermedias menos dignas de ser elegidas? Apreciarlas, ¿resultaría de un carácter tibio? No siempre. Esto no significa que debamos tener necesariamente una actitud adormecida y no defender con vehemencia aquello en lo cual creemos. Simplemente invito a ver lo potencial que nos ofrecen los puntos contrastantes y también lo que hay entre ellos.

Cuando nos aventuramos a explorar tareas o experiencias que no solemos frecuentar, es necesario a veces ir de una punta a la otra, reconocer esos extremos. Es como poner a andar un péndulo: al impulsarlo desde el punto que conocemos es habitual que luego nos desplacemos demasiado y nos encontremos con una sensación muy distinta de la original. Probablemente luego llegue la desaceleración y los puntos de posibilidades infinitas, más próximos a un sentimiento de satisfacción.

Sin embargo, los que aparecen como extremos están en realidad en el mismo punto. Lo revelador es, entonces, situarse en un lugar que nos permita ver la totalidad de las opciones y escoger las que tengan más que ver con nosotros. Como el artista que elige, en la paleta de colores, aquellos que le permiten que su expresión tenga todo que ver con su pretensión. 

Sebastián Arizu, Instructor del Método DeRose Mendoza