Morir abandonada en el Hospital Del Carmen

Dorita aportó desde siempre a una obra social que sobre el final de su vida no le ofreció ni siquiera alguien que la cuidara de noche.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

"Toda una vida aportando a una obra social que no le dio ni pañales para morir dignamente".

Con esta dolorosa frase resumió Silvina el tratamiento que le dieron a su madre en el Hospital del Carmen, donde Dorita, de 71 años, falleció en las primeras horas del lunes de esta semana.

Dorita ingresó a la guardia del Hospital del Carmen a mediados de agosto, y mientras esperaba a que la atendiera le dio un ACV, por lo que es trasladada a terapia intensiva, donde por fin comienzan a atenderla.

Lo que vendrá después de esto serán días en los que la familia será testigo del lamentable trato que se le da a la mujer, a la que prácticamente se abandonó.

El ACV que sufrió Dorita es el de mayor impacto, por lo que su estado se tornó irreversible. Por eso, los médicos tomaron una decisión al menos cuestionable: trasladarla a la unidad coronaria, donde no hay neurólogos sino cardiólogos, por lo que los familiares de la mujer cada vez que necesitaba consultar a algún especialista debía rastrearlo y esperar a que estuviesen dispuestos a atenderlos.

Pero este fue sólo el comienzo, ya que, días después, los médicos la derivaron a una sala común. Los argumentos para todos estos traslados y, consecuentemente, el descuido definitivo de la paciente fue que se trataba de un caso terminal y que "necesitaban la cama para alguien que se pudiera salvar", de acuerdo a lo que les dijeron a los familiares en el hospital.

Es a partir de entonces que, a juicio de Silvina y el resto de los familiares de Dorita, "se desentienden de casi todo". Ya no hubo personal del hospital para higienizarla, cosa que en un paciente como este es algo de extremo cuidado, porque existe el riesgo de que se broncoaspire con una traqueotomía involuntaria.

En casos como estos, hasta lavarle el pelo al paciente es algo que deben realizar los profesionales, pero no había ninguno disponible de parte del hospital. "Y cada vez que avisábamos a las enfermeras que se ahogaba para que la aspiraran, recibíamos un reto de parte de ellas porque molestábamos", reseña Silvina.

Por todo esto es que la familia tuvo que contratar a una enfermera para que estuviera junto a ella de noche (a un costo de $500 por turno). Y si bien desde el hospital se comprometieron a solucionar esto, tal solución nunca llegó, y cada vez que preguntaron qué era lo que la demoraba, respondían que el tema ya lo tenía OSEP.

Finalmente, Dorita falleció en las primeras horas del lunes 24 de agosto, y tal fue el grado de desidia de parte del prestador de salud del Estado, que hasta esta desafortunada noticia fue dada a la familia por la enfermera que habían contratado, porque así se lo pidieron a ella en el hospital.

"Si mi mamá tuvo una muerte digna fue gracias a nosotros, porque el hospital jamás le dio nada. Estaba tirada en una cama de sala común cuando necesitaba cuidados intensivos. Los médicos, fríos e inhumanos, las enfermeras, igual. Jamás hicieron nada por ella. Me peleé con medio hospital y se cagaron de risa de nosotros. Toda una vida aportando a una obra social que no le dio ni pañales para morir dignamente. Nosotros llevamos todo, jabón, talco, agua oxigenada, pañales toallas humedecidas para poderla higienizar. Toda una vergüenza, y una gran tristeza para nosotros, en el medio del dolor y la desesperación, tener que lidiar con estos delincuentes", resume Silvina.

Dora López trabajó siempre como docente y como tal se jubiló, aportando durante todos esos años a una obra social que se desentendió de ella.