En las próximas líneas, la historia de una escuela que se animó a sortear, entre otros obstáculos del paradigma educativo formal, el de, la inercia estatal....
Mientras los legisladores provinciales se trenzan por la (todavía en espera) Ley de Educación, Néstor Américo, director de la escuela Ramón H. Lemos N º 6-506 de Luján de Cuyo, levantó la mano y advirtió: "La ley no importa. Sin voluntad de cambio, por más ley que tengamos vamos a seguir como hasta ahora".
Néstor Américo, director de la escuela Ramón H. Lemos que, también, preside el Centro de Capacitación para el Trabajo (CCT).
Es que Américo es de esas personas que confían en que, por más políticas y normas que existan, la transformación siempre es de abajo hacia arriba y, casi nunca, impuesta. Tal es su convicción, que abrió las puertas del Centro de Capacitación para el Trabajo (CCT) Ramón H. Lemos que preside para, sino contagiar, al menos, transmitir que "se puede".
Para los "caídos" del sistema
El CCT tiene, actualmente, 380 alumnos que se reparten en dos turnos. A la tarde asisten los "adolescentes caídos del sistema (de 14 a 18 años)" -como indicó el mismo Américo-, a quienes se los intenta acercar al mundo del trabajo mediante el aprendizaje de oficios concretos. El turno noche está dedicado a adultos (de 18 años en adelante) que trabajan y que aspiran a formarse profesionalmente.
Por año, unas 150 personas terminan insertadas en el mundo laboral como soldadores, torneros, electricistas, mecánicos, entre otros. Muchos de ellos, de hecho, tienen la posibilidad de hacer pasantías en diversas empresas, cuyos convenios son gestionados por el propio CCT.
En ese orden, entendiendo la importancia de contar con recurso humano capacitado para enseñar este tipo de oficios, el mismo centro forma a unos 60 docentes por año.
A falta de políticas, pulmón e ingenio
En 2012, sumando pulmón e ingenio, Américo se unió con otros profesionales; entre ellos, Paulo Belloso, un investigador de Conicet preocupado por los embates de la educación técnica, y juntos crearon la Fundación Escuela Lemos. "Se hizo con el objetivo de contribuir a la actualización y renovación de la formación técnico profesional en Mendoza, aproximando a la formación profesional con los ámbitos científicos, tecnológicos y productivos", resaltó Belloso.
Esta herramienta fue útil al momento de conseguir, por ejemplo, recursos de distintas empresas interesadas y necesitadas de este tipo de mano de obra. "No se trata sólo de dinero sino, muchas veces, de herramientas, tecnología, insumos o, incluso, convenios de pasantías para que nuestros alumnos puedan trabajar en serio en una empresa", contó Américo.
La ausencia del Estado
Pese a lo logrado y a una gestión mixta (entre el aporte privado y de la Dirección General de Escuelas), Américo cuestionó la (casi) histórica ausencia de políticas estatales enfocadas en una verdadera inclusión e integración social. "Es el Estado quien tiene que garantizar las condiciones mínimas necesarias para una educación de calidad", subrayó.
Sobre la realidad de las escuelas técnicas, evaluó: "En general, las escuelas terminan cerradas, secretas y burocráticas con una oferta de saberes que no condice con lo que necesita el medio productivo".
En ese sentido, los diseños curriculares -observó Américo-, con frecuencia, quedan desconectados del mundo real. "Aunque parezca increíble aún hay cursos en donde se enseña instalación de porteros eléctricos", ejemplificó.
¿Desvío de fondos?
En 2005 se promulgó la ley 26.058 de Educación Técnico-Profesional que prevé un fondo nacional destinado al mejoramiento de los entornos formativos, escuelas e instituciones.
En ese marco, se creó el Instituto Nacional de Educación Técnica (INET), encargado de bajar (a través de las carteras educativas de cada provincia) los recursos económicos como de controlar que se concreten los planes de mejoras edilicias y equipamientos.
Aprovechando estas herramientas, en 2012, el CCT Ramón H. Lemos presentó su plan de mejora al INET por un monto de 380 mil pesos. El mismo fue aprobado por la institución nacional, depositando dicha suma en marzo de 2013 en las arcas de la provincia.
Llamativamente, el dinero llegó casi dos años más tarde a la escuela -en diciembre de 2014-, cuando los costos de los materiales de construcción ya se habían disparado producto de la inflación. "El depósito se hizo, el INET mandó el dinero pero fue la DGE la que no lo derivó en tiempo y forma", abundó Américo.
María Inés Abrile de Vollmer, a cargo de la DGE, justificó a MDZ: "A veces ocurre que la propuesta de mejora que la escuela formula va a la Nación y ellos, desde el INET, hacen ciertas observaciones y puede pasar un tiempo hasta que se destina el dinero", dijo y se comprometió a verificar qué ocurrió exactamente en el caso de este CCT de Luján.
Foco
El caso de este CCT de Luján de Cuyo resulta paradigmático en un momento en donde la educación parece sumida en una crisis crónica.
Como dice Américo, a menudo las problemáticas educativas no son una consecuencia pura y exclusivamente de la falta de dinero o de leyes sino, simplemente, de sentido común. Los recursos están pero la inercia estatal suele desviarlos, malgastarlos o, ni siquiera, usarlos.
"Hoy, celebramos la creación y multiplicación de CENS (educación para adultos); cuando eso indica claramente el fracaso de la educación formal", reflexionó el director del CCT de Luján.