Científicos y psicólogos se reunieron en Bilbao para analizar las consecuencias sobre la excesiva exposición a las pantallas. Entre algunas de las conclusiones a las que se arribó en el Congreso Internacional de Pensamiento ( ICOT ), advirtieron que las nuevas generaciones están en peligro de que lo que ocurre en la computadora o el celular, "sea más importante que lo que pasa en el mundo real".
"Recuerdo cuando era difícil no saludar al llegar a un sitio", decía el australiano Brendan Spillane durante el ICOT, que se acaba de celebrar en Bilbao con la participación de grandes expertos que han reflexionado sobre los desafíos del llamado Homo digitalis.
Spillane cree que "nos echamos de menos los unos a los otros" y que debemos preguntarnos "hasta qué punto queremos ser aumentados o modificados por la tecnología", señala El Mundo de España.
James, miembro del Proyecto Zero de Harvard, advirtió que si bien Internet pone a nuestra disposición un mundo de conocimiento muy amplio, "la inclinación de los jóvenes es a pensar de manera muy estrecha, a centrarse en ellos mismos y en gente muy cercana conocida en la vida real".
Lo nocivo de Internet
La excesiva exposición a Internet y a las redes sociales trajo aparejado nuevos malestares sociales. En EEUU un sondeo reveló que muchos jóvenes estaban "exhaustos" por el uso de las redes sociales, pero sentían que no tenían otra opción. Le llaman FOMO: Fear of Missing Out, o miedo a perdérselo, a quedarse fuera.
A muchos les causa una presión tal que duermen con el móvil bajo la almohada. "Son capaces de ver que no es bueno, pero no pueden parar. Es como una adicción", describe la investigadora. "Es muy importante para su identidad. Todo el mundo está ahí. Si estás fuera estás perdido. Si no estás y alguien publica algo sobre ti, no puedes responder. Es como un trabajo a tiempo completo". Y admite: "Es perder el control sobre la propia vida".
¿Cómo afecta a los valores?
Carrie James, investigadora y autora del libro "Desconectados" indicó que la conducta de los jóvenes es modificada por la navegación en la web y también sobre su mirada ética de las cosas.
Lo llama "ceguera ética" en relación con la piratería, la descarga de archivos ajenos o el copy/paste. Muchos jóvenes, cuando se les pregunta si les preocupaba esa conducta, responden que sólo en cuanto a la posible entrada de virus en el ordenador. Nada más. "Sienten demasiado lejano" al autor y, por tanto, los efectos que pueda causar lo que hagan con su obra.
También en EEUU una encuesta reveló que a la gente le preocupaba menos hacer un copy/paste de internet que hacerlo de un libro. "Les parecía diferente".
El profesor Gabriel Bailly-Bailliere, coordinador TIC del grupo educativo COAS, explicó cómo han tenido que modificar su programa de Educación en Valores para abordar todo este tipo de actitudes y conductas. En ese caso, "se les explica a los alumnos, con casos prácticos, que está muy bien que el conocimiento esté compartido, pero si quieren usarlo deben citar la fuente".
Por otro lado, James admitió que el uso de la tecnología "nos aleja de valores comúnmente aceptados hasta ahora, pero no tendría que ser así por la tecnología. La tecnología no lo causa. Dificulta el pensamiento ético. Pero la causa principal es que la gente joven no se para a pensar: ¿debería hacer esto?", analizó.
Por suerte, ella ve adolescentes que empiezan a ser conscientes de algunos problemas éticos, sobre todo en relación con la privacidad y se ponen de acuerdo en no compartir fotos, por ejemplo.
Lo positivo
Las redes son una herramienta de participación social y política. En opinión de José Antonio Marina, "eso viene favorecido por el anonimato que ofrece la red".
Esta tendencia también tiene incidencia en la vida laboral. Así lo explicó James, "el trabajo va en nuestro bolsillo, está en la mesa mientras cenamos, incluso en la mesilla de noche".
El neuropsicólogo americano Robert Swartz, fundador del ICOT observó que la tecnología per se "no ha cambiado el funcionamiento de nuestro cerebro". Pero la disponibilidad de información sí ha modificado nuestras actuaciones y actitudes en relación con ella.
Antes, la información había que buscarla y ello implicaba tiempo y, a veces, desplazamientos. "Ahora llega a nosotros de manera muy rápida". "En Google tienes varias opciones y saltas de una a otra rápidamente", dice. Eso, asegura, "ha cambiado el hábito que teníamos de leer, parar de leer y pensar en lo que uno está leyendo". "No se procesa la información tan bien. La tendencia es a absorber sin pensar. No te das cuenta de si eso es lo que necesitas saber, o de si es una información precisa. Lo aceptas sin hacerte preguntas".
Swartz, fundador del National Center for Teaching Thinking de EEUU, también destaca que ahora "almacenamos mucha menos cantidad de información" porque su disponibilidad hace innecesaria su retención.
Por otra parte, el filósofo Emilio Lledó también sopesó, "la utilización de pequeñas informaciones puntuales nos hace sentir informados". Si confundimos eso con el conocimiento,"podemos volver a la caverna de Platón", alertó el académico.
Las situaciones que traen aparejadas las nuevas tecnologías deben ser analizadas y aprovechadas en sus ventajas por los educadores, pero también requieren un control por parte de los padres. No todo lo que allí se exhibe es bueno para las nuevas generaciones.