Julieta respondió a una propuesta laboral que encontró publicada, por la cual se buscaban chicas jóvenes con su perfil: manejo de inglés, disponibilidad horaria, buena presencia y experiencia en atención al cliente. Le ofrecían un sueldo de $12.000 pesos por 30 días. El trabajo era en Chile, en donde se desempeñaría como promotora durante la Copa América (el pago supuestamente incluía la estadía y los viáticos).
Así, la joven llegó hasta el vecino país, en donde no encontró nada de lo que le habían prometido y logró escapar de lo que podría haber sido un engaño muy peligroso.
El aviso al que respondió Julieta:
La historia de Julieta
Luego de ver este anuncio, Julieta se comunicó con los que lo ofrecían y la citaron para tener una entrevista, que se realizó en el hotel Valle Azul, en Juan B. Justo 376 de la Sexta Sección, a las 18. "Asistimos tres chicas en total", contó.
Allí la atendió Franco Alonso Spinoza (Frank), quien le aseguró que el grupo que viajaría estaba compuesto por 10 chicas en total. Luego de ello le informó la forma de pago y advirtió que ellos cubrían viáticos y estadía.
Después de la reunión, Frank le avisó a Julieta que había quedado seleccionada, le habló por Facebook y WhatsApp, y el viaje se coordinó para el sábado 6 de junio. El punto de encuentro fue en este mismo hotel a las 7.
El día destinado para viajar, Julieta fue con su papá hasta el hotel. Llegaron a la hora indicada, pero se hicieron las 7.45 y ninguna de las chicas que supuestamente viajaría con ella llegó. Franco tampoco daba señales. A las 7.50 apareció el hombre, empezó a bajar bolsos de manera apurada y le dijo: "Vamos , vamos que el micro sale a las 8.15”.
Julieta preguntó: “¿Y las otras chicas?”, a lo que él respondió: “Les dije que se fueran a la Terminal directamente “.
Franco se fue en taxi hasta la terminal, a ella la llevó su papá. Cuando llegaron, el hombre le dijo: “Parece que las chicas se fueron en el micro anterior. Me están escribiendo”. Y a los minutos confirmó: ”Sí, ya se han tomado el micro” .
En la Terminal el hombre quiso subir al primer micro que iba hacia Chile, pero su destino era Viña del Mar, y él había asegurado que viajarían a Santiago. En ese momento, el padre de Julieta comenzó a dudar y le preguntó: "Pero dice Viña, ¿no es en Santiago?".
Frank le respondió: “Ah , sí! No me había dado cuenta”. Aún así decidieron continuar y se tomaron un micro que iba Santiago. Llegaron alrededor de las 16.45 a la capital chilena. Supuestamente allí tendrían un departamento que Julieta debería compartir con otras nueve jovencitas.
Hasta la terminal de Santiago fue a buscarlos René -el dueño de la empresa-. Allí Julieta le pidió a Frank comunicarse con Mendoza, para lo cual necesitaba un teléfono con un chip chileno, pero él le aseguró que no era necesario, que podían utilizar ambos su teléfono, pero este también estaba bloqueado fuera de Argentina.
Cuando yo le insistía que quería comunicarme con Mendoza él siempre me daba la misma respuesta, “déjamelo a mí, no te preocupes".
Julieta contó que cada vez que le pedía a Frank que la acompañara a comprar un chip para poder comunicarse con su familia, él le pedía que no se preocupara, pero no le resolvía su problema.
Una vez en Chile, llegó el momento de ver en dónde se instalaban, pero no existía el departamento del que le habían hablado y René les recomendó un hostel llamado Happy House.
Ya en el hostel, Frank dijo que no tenía dinero porque no había recibido el depósito de la empresa, por lo que Julieta tuvo que abonar el monto de la estadía. Luego fueron a una reunión de la empresa, Julieta nuevamente insistió con lo del chip, y él le comentó que no tenía dinero para pagarlo. De todas maneras, Julieta quiso comprar uno para él y otro para ella, de forma de que pudieran estar comunicados.
Pero cuando quisieron instalar el chip de Frank, su teléfono se encontraba bloqueado por robo. Solamente Julieta pudo usar un chip y así empezar a comunicarse con Mendoza.
Ese día los esperaban a Julieta a Frank y a las otras nueve chicas con un asado de bienvenida que ofrecía la empresa. Ya en el evento, la joven pudo conversar con los dueños de la empresa, y allí se enteró de que Frank no era parte de la firma y que, además, ellos no ofrecían viáticos ni estadía.
Cada vez que yo intentaba hablar con los dueños, se ponía nervioso y me preguntaba: "¿todo bien?".
Después del asado, Julieta continuaba con Frank, y juntos volvieron al hotel, en donde el hombre adoptó una actitud más agresiva y alterada. "Me pidió el teléfono porque él seguía sin forma de comunicarse y empezó a pedirle a alguien que 'lo llamaran urgente, que lo fueran a buscar', todo eso a gente de Viña del Mar", relató Julieta.
Alrededor de la una de la madrugada, Frank pidió un teléfono en recepción para comunicarse con alguien y pedirle lo mismo: que lo fueran a buscar. Luego, dejó dicho en recepción que esa noche no volvería o que lo haría muy tarde porque iba a salir.
Yo fui a mi habitación, me cambié y salí al patio a pensar. Las cosas no me cerraban.
Julieta no sabía qué hacer, a esa altura de la noche se había dado cuenta de que había caído en la trampa de, por lo menos, un mentiroso.
"Ya en el patio me vio el chico de recepción y me preguntó si estaba todo bien, porque me notaba preocupada. Le comenté lo que había pasado y me ofreció ayuda: me dio una habitación para que estuviera sola y me acompañó a buscar los bolsos para cambiarlos de habitación, cuando fuimos ahí, lo encontramos a Frank durmiendo, acostado en una cama con mi documentación -carta de invitación, DNI, dinero en efectivo- arriba de la cucheta, todo eso antes estaba en mi billetera".
El joven de la recepción se sorprendió y le hizo señas para que la chica sacara las cosas antes de que el hombre despertara. Luego dejó las pertenencias de Julieta en una habitación diferente.
Después, el joven que la había ayudado y una mujer de la recepción revisaron los datos de Frank y se dieron cuenta de que los datos que le había dado a Julieta no coincidían con los del registro: en lugar de ser un argentino de 28 años, se llama Frank Glenn Espinoza, tenía 38 años y es de nacionalidad peruana.
Julieta se quedó en la sala de estar del hotel hasta que Frank apareció y le pidió que hablara con él a solas, pero los jóvenes de la recepción le dijeron que no, que él se acercara. Frank le consultó a la joven el motivo por el que sus bolsos ya no estaban en la habitación, Julieta le confesó que se volvía a Mendoza.
Entonces, el joven de la recepción admitió que habían visto que la documentación de la joven estaba fuera de su billetera y le pidió explicaciones por haberla tomado, pero el hombre no pudo ofrecerle ninguna.
Ahí empezó a decirme no te podés ir, nos tenemos que ir a Viña.
La joven contó que el peruano le pidió que no volviera a Mendoza y le prometió que si iban a Viña se encontraría con sus amigos, los que debían hacerle el depósito. Esta vez, Julieta no le creyó y le reiteró que se iría.
Ante las insistencias de Frank, el joven del hotel intervino y comenzó ha hacer preguntas tales como: ¿cómo pretendía hacerse cargo de la estadía de 10 chicas si no tenía dinero para pagar un chip?, o ¿quiénes eran sus amigos en Viña? Frank no pudo darle el nombre de sus supuestos amigos, "sólo balbuceaba".
El joven del hotel le advirtió que si no se retiraba llamaría a la policía, pero otra joven le dijo que no se hiciera problema, que esperara el horario de hacer el check out, a las 11 -de esa forma Julieta podría retirarse tranquila, mientras Frank seguía en el hostel-. El hombre se retiró a su cuarto, mientras Julieta y el joven de la recepción partían a la terminal, en donde ella compró el primer boleto de vuelta a casa y minutos mas tarde abordó el colectivo.
Una historia con final feliz pero que podría haber derivado en cualquier dirección.