Cuatrero asesinó a un campesino mapuche en Neuquén

La víctima había acusado al criminal de sustraerle caballos para su faena ilegal.

Un presunto cuatrero asesinó a balazos a un hombre de la comunidad Mapuche que lo acusaba de robarle y faenar dos caballos en la localidad de San Patricio del Chañar, en Neuquén.

Ramón Painemil, de 39 años que había salido en búsqueda del cuatrero que una semana antes se lo había robado, fue asesinado de dos balazos por un hombre de apellido Solorza, que quedó detenido. Hace una semana el asesino había estado detenido, acusado de haberle robado dos caballos a Painemil, entre ellos "Picardía", heredado de su mejor amigo. 

Ayer el pueblo estaba revolucionado y pedía justicia. Además, los familiares de Painemil -de la comunidad mapuche- pedían a gritos que no soltaran al cuatrero. 

El hombre malherido fue trasladado de urgencia al hospital local con un disparo en el pecho y otro en la pelvis, de acuerdo con la información policial. Debido a la gravedad de las heridas, decidieron derivarlo a Neuquén, pero no soportó el viaje y murió. 

La historia comenzó ocho días atrás, cuando Painemil notó que faltaban dos de sus caballos. Como buen baquiano, emprendió la búsqueda y no tardó en hallar una evidencia que se convirtió en la peor pesadilla de su vida: en la Picada 6, afuera de la ciudad, estaban las cabezas faenadas en el suelo. 

En un pueblo como El Chañar casi todo se sabe y Painemil se enteró de que fue Solorza el cuatrero que había ingresado a su propiedad una noche para llevarse los animales. El lamento fue grande para él y su familia, y sólo quienes están inmersos en la cultura campera conocen el dolor que implica la muerte de un caballo. 

Painemil, según pudo reconstruir el portal LM Neuquén, hizo todo un recorrido en búsqueda de pruebas para poder incriminar a Solorza. Por ejemplo, se enteró de que la carne faenada la vendían en una carnicería en Centenario, y hasta allí fue para comprobarlo. Compró algo de carne de caballo y fue a radicar la denuncia policial por abigeato, un delito que prevé penas de hasta ocho años de prisión, aunque para muchos se trate de "algo menor". 

Con las pruebas en la mano y la ayuda de los policías de la Comisaría 13, detuvieron a Solorza. Pero el arresto duro sólo el lapso de un trámite administrativo y, con Solorza en la calle, Painemil no pudo ocultar su furia. 

Ya se lo había encontrado cara a cara -según comentaron varias fuentes- en un local comercial, y se habían tomado a los puños. Pero el drama se desencadenó el martes como una historia que para muchos iba a tener ese trágico final. 

En un consultorio médico, a unas cuadras de la casa de la víctima, alguien vio a Solorza libre y la noticia no tardó en llegar a los oídos de Painemil, que salió en su búsqueda. La discusión a gritos duró algunos minutos. Nadie imaginó que Solorza estaba armado con un revólver calibre 32. 

Los testigos dicen que se escucharon al menos cuatro detonaciones. Pero bastaron dos para acabar con la vida de un hombre que hizo todo para defender el honor de su caballo. El presunto autor del homicidio fue detenido por un policía de civil, que estaba de franco en un consultorio médico y al escuchar las detonaciones, salió y persiguió al sospechoso.