No hay muchos lugares así; espacios destinados a que adolescentes con discapacidades puedan ejercitarse en oficios, aprender, por caso, carpintería, albañilería o los milagros de una huerta o algo de las industrias textil y gastronómica, aunque, claro, después, al recibirse, nadie les tire una mano para insertarlos en el mercado laboral.
Es la escuela 7-005 “León Gieco”, de la Sexta Sección, de la Ciudad Maravillosa.
Es un espacio que bien puede ser definido como de formación integral especial, un post primario orientado a oficios que es destinado a adolescentes especiales, quienes también reciben apoyos en Lengua, Matemática y áreas artísticas.
Asisten a este lugar 45 alumnos, que tienen de 14 a 21 años, con escasísimas opciones de educarse en otros ámbitos. Sabido es que, en cuanto uno más crece, más suele costar insertarse socialmente y, si uno es discapacitado, pues mucho, mucho peor.
La introducción podría servir para encontrarnos en el hecho de que nada debería faltar a una escuela que reúne las referidas características, sin embargo, vea usted, no son así las cosas por estos pagos.
La escuela “León Gieco” navega en su mar de incertidumbres y es por eso que allá fuimos, a ponerle texto y fotos al asunto. Nos recibieron, y se les agradece, la directora Cecilia Baracchini y el docente Carlos Amaya.
Para empezar, no tiene edificio propio, sino que le fue cedida la parte de atrás de otra escuela (la “Víctor Mercante”, también para chicos especiales, pero de primaria) y la han ido adaptando como han podido, gracias a los oficios de los docentes y las ayudas de los alumnos.
De hecho, improvisaron tres baños (tipo baños químicos) y el tiempo fue pasando y resulta que ahí quedaron nomás esos módulos improvisados (uno es para las nenas, otro para los varoncitos y un tercero para los docentes, y los tres dejan bastante que desear).
En algún momento, desde el gobierno provincial se planteó alquilar un lugar, pero el tiempo pasó y estás cada vez más instalados en la calle Chaco, casi Jorge A. Calle.
El piso del patio, además, es muy inestable y contraindicado para chicas y chicos con dificultades motrices en muchos casos.
Y el cableado eléctrico es un verdadero desastre, con los cables a mano de cualquiera y las aberturas tiemblan apenas con una ventisca.
- Imaginarás que aquí hay docentes que saben de estos temas, pero son tareas grandes, que deben ser autorizadas y dirigidas desde Infraestructura Escolar. Ellos vienen una vez al año, miran y se van hasta el año siguiente. Por eso, estamos atados de manos para mejorar nuestra escuela, que funciona desde 2007, apunta la directora.
- Con los padres y los alumnos podríamos mejorar cosas. Recibimos algo de materiales de Edemsa Solidaria (que también nos ofreció transporte gratis para los alumnos), pero no podemos encarar grandes trabajos sin autorización y apoyo de mano de obra calificada, completa el docente.
Damos un paseo y hacemos un repaso general de necesidades básicas insatisfechas: baños nuevos, patio nuevo, luz y agua individual (los que tienen vienen del edificio escolar vecino), cableados, servicio de Internet (aunque parezca insólito, no tienen), pintura en todo el espacio, ingreso sin puente ni rampa, y un par de aulas más, pero no hay, en primera instancia, espacio para levantarlas.
Hay más, por aquí y por allá: un horno industrial que les fue donado y no pueden usar (porque Infraestructura Escolar no viene a instalarlo), unos bancos de trabajo en el taller de carpintería que son un desastre, la cocina que también funciona de vivero y el mobiliario del aula de Construcción es precario hasta lo triste.
En medio de este panorama (ciertamente desolador), los chicos cocinan, pintan, plantan, construyen, rasquetean, limpian, siembran, sueldan (todos verbos fundamentales de la vida, verán ustedes) y lo hacen como pueden.
- Pero no puede ser, ¿han pedido que Infraestructura Escolar venga?
- Varias veces.
Es hora del recreo, los alumnos salen al sol: unos juegan con una pelota, otros escuchan música de celulares, aquellas coquetean, estos corren un poco para soltar tensiones y los docentes los acompañan con la mirada.
En una escuela especial, suceden cosas que no son especiales.
¿Cómo es posible que los serios problemas que tienen no estén, al menos, en vías de solución? La respuesta a esta pregunta, como una canción de Gieco -o de Dylan-, quedará soplando en el viento, hasta que los responsables se hagan responsables.
Ulises Naranjo.