Aprendimos, porque lo aprendieron nuestros padres, que la libertad es antagónica a la disciplina. Es decir, que esta última se encuentra en un lugar apartado de nuestros deseos, opuesta al placer y a la libertad. Aparentemente, para sentirse libre la única opción sería alejarse de la disciplina y desafiarla, ¿verdad?
La oposición, rebeldía y desafío a las reglas sociales, familiares, laborales y culturales parecerían proveer libertad verdadera. ¿O sólo ofrecen una percepción distorsionada y efímera de libertad?
Otra opción, un poco más madura, para la búsqueda de la libertad, es pensar que la disciplina consigue reforzarla y sustentarla. En tal caso, ¿cómo podríamos ser libres y disfrutar de ello sin vivir con pleno conocimiento de nuestro medio y sus reglas? ¿Cómo sería posible que un inadaptado con respecto a su entorno, fuera libre? Si vamos a la cancha a ver un partido de fútbol elegantemente vestidos con traje y corbata, contradiciendo la etiqueta de la hinchada, la pasaremos muy mal. Sería imposible disfrutar del evento.
Por eso la libertad tiene sus exigencias: conocer el medio y seguir sus reglas usándolas a nuestro favor, moviéndonos con libertad dentro de ese laberinto de convenciones. Esta conciencia nos hace poderosamente libres. Lo describo con un ejemplo: ¿qué tal si mañana, en uso de tu libertad, salieras a caminar desnudo por el centro de la ciudad? Seguramente tendrías algunos inconvenientes… pero si conocés las reglas, podrás encontrar un espacio donde desplegar ese deseo, por ejemplo, en una playa nudista. En sentido inverso también funciona: si estás en la misma playa, pero ver personas desnudas no es tu deseo y va en contra de tus principios (tus propias reglas), entonces tenés tres opciones: tolerar amargamente la escena, iniciar un revuelo público intentando cubrir a todo el mundo (desafiando las reglas del lugar), o retirarte amablemente. Sin duda, tratar de cubrir a los nudistas en su playa te traerá problemas por desubicado.
Otro ejemplo más cotidiano: si tu perro no aprendió las reglas para pasear suelto por la calle, probablemente deba acompañarte atado con una correa. En cambio, si sabe comportarse disciplinadamente con otras personas, otros animales, e incluso no cruzar la calle, seguramente podrá disfrutar de pasear libre.
En palabras del escritor DeRose: La libertad es nuestro bien más preciado. En caso de tener que confrontarla con la disciplina, si esta violentara aquella, opte por la libertad. Eso significa que si las reglas del medio o grupo en que estás violentan tu libertad, simplemente deberías alejarte y buscar otro ámbito más propicio para desarrollar tus deseos y hacer uso de tu libertad con una disciplina adecuada. Ir en contra de las reglas, al igual que apegarse a convenciones que nos violentan, sólo trae malestar.
Te sugiero encontrar el espacio y el grupo donde puedas ser gustosamente disciplinado y con ello, gozar de plena libertad.
Por Instr. Martín de los Ríos, equipo de la sede Mendoza del Método DeRose