Relatos breves, ensayos sobre la soledad, memorias de un desplazado. Muchas son las claves de lectura que propone Edgardo Cozarinsky en su primer libro, Vudú urbano, publicado inicialmente en 1985 y que ahora el Fondo de Cultura Económica lanza como parte de su colección Serie de Recienvenido, dirigida por Ricardo Piglia.
Con Vudú urbano, Cozarinsky lleva a lo narrativo la percepción del exilado, la certeza de vivir entre dos mundos, uno que lo acoge y otro del que nunca se alejó su espíritu.
Los sentimientos y las sensaciones son el nexo, el puente entre ciudades distantes, entre aires ajenos pero que traen a la memoria dolorosamente las imágenes y los momentos.
La fortaleza de la narración de Cozarinsky lleva al lector a rememorar con él las simplezas que forman parte de esa cosa líquida que es casi como la felicidad y que en quien ha sido obligado a migrar se escapa de la mano. El azafrán en el arroz o la impostación de la voz para pedir un cuba libre son mucho más que instantes, y cada palabra, cada relato, cada postal de Vudú urbano está ahí para intentar anclar una vida a un espacio del que, por obligación, ya no se es parte.
El exilio como hijo de la patria y la lengua, como exquisitamente lo define sobre el final del libro.
Vudú urbano, uno de esos libros eternos.
Alejandro Frias