Un joven que de milagro se salvó luego de recibir un tiro en la cabeza en un hecho de inseguridad en 2013, ahora espera otra acción divina, quizás algo más difícil, que un político cumpla con una promesa. Pablo Quiavetta, logró sobreponerse al estado crítico en el que quedó después de ser gravemente herido durante un asalto en el parque San Martín, pero las secuelas y los largos tratamientos a los que fue sometido hicieron que tuviera que vender algunas propiedades que tenía para sostener a su familia. Hoy está a punto de quedarse en la calle.
Alejado de la actividad minera en la que se desempeñaba y con un contrato temporal en el Instituto de Seguridad Pública como empleado administrativo, teme por la continuidad de su trabajo y reclama a la gestión saliente que cumpla con la palabra empeñada.
El 8 de septiembre se firmó un acta acuerdo con el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) en el cual le otorgan un plazo hasta diciembre para dar con una vivienda adecuada a su discapacidad.
Por eso reclama al gobernador Francisco Pérez que se haga efectiva la entrega de una vivienda que gestionó el año pasado y que hace unas semanas se iba a materializar en una carpeta para el Plan Federal de Viviendas de Nación.
"Este gobierno no sólo me prometió ayudarme con una casa y no cumplió. Tampoco se encargó de encontrar a los delincuentes que me dejaron así", reclamó Quiavetta.
El hecho se remonta al 4 de abril de 2013 cuando la víctima estaba con un grupo de amigos en la calle del lago, a pocos metros del Club Regatas, en el parque San Martín, y de repente tres jóvenes se acercaron a ellos. Uno de los malvivientes disparó al alzar y el proyectil le atravesó la cabeza.
"Recuperé el habla y la movilidad, pero fue un largo camino la recuperación. Hay cosas que no puedo hacer, como volver a la actividad minera. Hoy trabajo en el Instituto de Seguridad Pública, pero no se hasta cuándo y estamos viviendo en una pieza con mi esposa y mi hija", dijo desesperado.
A través de una carta y conmovido por lo ocurrido con el policía asesinado al bordo de un trole, Pablo exige a la clase política que garantice protección y el respeto a los derechos de las víctimas de la inseguridad:
La Carta:
Hoy es en vano decir y denunciar: “un negro me robó”, “que una chica diga: un negro me tocó el traste cuando iba caminando” o “un par de tipos me quisieron raptar”. “Me puso un arma en la cabeza y me sacó el celular”.
En realidad es en vano si la podés contar. Si Dios estuvo de tu lado justo en ese momento y nada te pasó y pudiste zafar. Ya es en vano que zafes o que te pasen cosas malas. Es en vano porque tanto para una u otra situación nadie se hace cargo.
A veces pienso: ¿Qué cantidad de gente sigue muriendo en manos de los inadaptados estos? ¿Tan miserable son sus vidas que no respetan la de los demás? ¿Tan poco dignos son para hacer lo que hacen? ¿O será que el afán de poseer dinero no los deja ver con claridad cómo obtenerlo? ¡Qué raro!
De vez en cuando, los veo caminar frente a mí, y me pregunto: ¿Qué hice tan mal para recibir esto de ellos? ¿Es justo recibir tanta soberbia después de pasar por tan dura prueba? ¿Serán en verdad tan necesarios en nuestras vidas, que se hacen los otros cuando les golpeas la puerta de su despacho u oficina; y lo único que por ahí recibís es un: ESTÁ EN REUNIÓN, QUERÉS ESPERAR? ¡Qué raro!
Si tan solo cayeran de la nube en la que están y se dieran cuenta que están ahí gracias a nosotros. Gracias al pueblo, a la clase trabajadora. Esa clase que no solo sostiene a los más necesitados (Clase Baja) sino también a los menos necesitados (Funcionarios Públicos) ¡Qué raro!
Me parece tan raro que no se hagan cargo de quienes con su voto les dieron su prestigioso puesto, como aquél negro que te pega un tiro por no pagar un boleto de colectivo. Me parece raro el hecho de que nunca les toca vivir a los políticos una experiencia de robo, forcejeo y el escalofrío que recorre tu cuerpo cuando te apuntan con un arma directo a la cara por robarte lo poco que llevas en las manos.
Hoy Francisco Pérez, Omar Parisi (IPV) y todos sus secretarios (desde el 22 de agosto del 2014 hasta hoy) me tiraron a la lona y junto a mí, a toda mi familia. Me prometieron devolverme por así decirlo, la casa que tuve que vender, el terreno que perdí por falta de pago y la dignidad de vivir en paz. Hoy se van de su cargo y nada hicieron al respecto. O en realidad sí hicieron; me chamuyaron, me mintieron, se rieron de mí y junto a eso me humillaron frente a mi familia que me acompañó a todas las reuniones que después de mucho insistir nos otorgaron. Hoy me quedé sin nada y ellos con sus bolsillos llenos caminan como si nada.
Despertemos como pueblo y luchemos por nuestra dignidad para vivir en paz, y volver a confiar en una vida sin ninguno de estos grandes grupos de chorros, corruptos y tránsfungas que viven a costillas nuestras.
Pablo Quiavetta.