"En estos momentos estamos muertos de calor, porque sólo hace 22 grados bajo cero. Vivimos envueltos en el silencio y en la majestuosidad del mar, que se está descongelando de a poco y vemos los témpanos pasar", no es poesía, es la experiencia de vida de Silvia Cuevas, jefa de sanidad de la base Marambio.
Cuevas eligió vivir en la Antártida "motivada porque mucha gente toma rivotril (Clonazepam) para salir de algún estado y otros deciden emprender algo diferente". "Eso me motivó a mi. Era una asignatura pendiente para mi visitar lugares recónditos de la patria. Eso me motivó, saber qué hay más allá de la locura del continente. Acá no hay política, es la naturaleza, la voluntad y Dios. Esto es encontrar la paz que no existe en ningún otro lugar del mundo", relató durante el programa de MDZ Radio, "Hagamos Lío".
La profesional médica contó que el sol sale a las 4 hs y se pone a las 22.30 horas. Pero además de la constante claridad deben soportar un clima que puede sorprenderlos y de repente los vientos logran alcanzar los 135 km/hs, aproximadamente.
Los temporales hacen que vuele nieve y la visibilidad sea de a penas 50 centímetros. Solo no podés salir nunca, mínimo deben ir 3 personas.
"El paisaje acá cambia día a día por el efecto del viento, del sol, de la puesta del sol. Quisiera tener la prosa para describir esto, pero es casi imposible. Hay que vivirlo para saber qué significa. Mi vida fue un antes y un después de Antártida", apuntó la profesional.
La población actual de la Antártida es de 80 personas," la isla tiene 2 mil kilómetros aproximadamente. En verano, la población llega a los 180 personas, entre científicos y la gente de cada servicio: transporte, sanidad, de transporte, de usinas, de obrador, más todos los científicos que se distribuyen de aquí a otras bases o a otros refugios".
Acá nos bañamos día por medio, no hay agua, se hace agua acá. No se tira ni un papel en la calle.
Los accidentes son algo muy posible en la Antártida, porque de acuerdo con lo que relata Cuevas es muy simple resbalarse, y es allí en donde ella debe actuar como médica de los pabellones.
"Pero acá se preserva mucho el medio ambiente, solamente cuando llegan los vuelos de Buenos Aires tengo un poquito más de trabajo, por las gripes por ejemplo. Sino, acá la población es sana", apuntó.
¡Esto es patria, realmente!
"Esto es un aprendizaje muy grande, no hay dinero, kiosco ni Shopping. Acá hay que salir a contemplar, llevar dentro tuyo a tus seres queridos y nada más. Acá cantando el himno se pueden llenar baldes de lágrimas, es un sentimiento patrio que yo no lo sentí nunca en mi vida", agregó.
La belleza del entorno en el que viven lleva a que estas pocas personas que se animan a la aventura puedan soportar las incomodidades, como por ejemplo la dificultad para acceder a algunos insumos.
"Acá pueden pasar dos meses sin que entre el avión, si no entra el avión ni llega ni se va gente. Tenemos reservas para 6 meses aproximadamente. Acá soy la única profesional médica. Si acá, con voluntad siendo la única médica y con apoyo de mi personal se pueden conseguir cosas no concibo la situación de la salud actual en las provincias y en el país", finalizó Cuevas.