La historia, dicen, es una ciencia humana no exacta. Los historiadores y los libros cuentan con sus métodos, variados, de acuerdo al marco teórico que utilicen para iluminar los hechos del pasado. La historia por etapas, la historia cronológica medida con el reloj que quiere atrapar el tiempo en un espacio, especies de espacios que pueden ser países, calles, plazas, cines, habitaciones, baños. La macro historia y la micro historia. Juntas, hermafroditas. Lésbicas. Las islas. La historia de una geografía trazada por aventureros inventores o por conquistadores. Toda historia no es más que un puñado de secuencias y memorias organizadas en torno a un sentido. Dialogar con la historia es dialogar con los acontecimientos y con los silencios. La historia por lo general está hecha, montada, de y sobre, los silencios.
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El sol se ha empoderado del cielo en el descenso de octubre. Tiembla la tierra. Se caen las casas. La madre es tierra que late. Nacen, mueren, se aparean. Se llora a los muertos en la mesa del domingo. Se brinda por los que quedan. Hay algunos en cuevas urbanas que no salen ni saldrán jamás. Envejece el amor, se suicida el romance contra un edificio que apareció de golpe, blindado para el escarmiento. Muta la sangre en el bajo. Goles son amores. La velocidad es un anciano cruzando una calle en un barrio con sosiego. Verdes los jardines, secos los pisos. En los ascensores de octubre viajan los niños dormidos. Precoz, la nube embarazada viaja hacia otro tiempo. Venimos siempre del fuego.
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Sobre la mesa han quedado los dibujos secos de la niña que pinta acuarelas. Manchas de colores, cálidos y fríos. Tiritan las hojas. Viento que va, viento que viene meneando la siesta. Los domingos electorales. Las estrategias para el silencioso indeciso. Un país es una ley atada con tientos. Los ricos, los que no quieren, los que si quieren, los pobres. La dignidad es una copa de leche en la escuela, una revisación médica, una guardia abierta de hospital público. Almacenes abiertos, gente circulando. En autos o en bici, caminando o nadando. Solo, nadie es igual a nadie. Nos hacemos iguales exigiendo la leche a los gritos.
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La historia que cuenta para esta semana vale doce años. Es un pedacito en la macro y una buena porción en la micro. Somos culpables de nuestras lecturas y de nuestras decisiones. La memoria es selectiva por naturaleza biológica, y, en medio del carneo, cortoplacista. 2003-2015. La vecina que estaba muriéndose depresiva se ha levantado de la cama a cobrar su pensión. Se dirige al almacén y compra pan, fideos, carne y arroz. En la verdulería elije los tomates. Charla con los vecinos. Le avisan por teléfono que ahora puede ir a nadar para mejorar la circulación de su sangre. No está muerta. No se ha suicidado con pastillas. Se le estira el tránsito por este mundo. Respira, tose, gargajea, duerme. Hace trámites para alargar la vida.
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La familia de la esquina ha aceptado la sexualidad de su hija. Hay casamiento. Hay proyecto. Un nieto viene en camino por métodos no convencionales. Se ventila la casa.
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Ha nacido un pequeño burgués en la manzana 4 casa 8. Parto natural, condiciones macroeconómicas aptas. Sin fórceps. Su corazón está en perfecto estado. Cuna nueva, coche nuevo, regalos. Da empleo a 24 familias. Hay paritarias.
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Muchos torturadores ya no andan sueltos. Faltan algunos más, civiles.
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Abren la boca los jóvenes y no se callan. Se organizan, se movilizan, discuten, ganan, pierden, leen, se conectan, se caen, se levantan. Hijos paridos en estos doce años de una historia que será contada como irrepetible, al menos, hasta dentro de cincuenta o más años. Nada es para siempre. Siempre es para nada. Es, todos los días el vaivén de los tiros que salen de un sector que se resiste a la nueva correlación de fuerzas sociales. De la desaparición, los aparecidos toman la posta.
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La vamos a extrañar. Se siente. Hasta los anti la van a extrañar. Esto no se repite por magia. En todo caso a la nostalgia se la acompaña profundizando, escarbando, buscando más agua.
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El domingo que viene vamos a ir a las escuelas para agradecer y al otro día redoblar la apuesta. A los que no saben, la pregunta: ¿qué te estaba pasando hace doce años? Miremos las fotos, agarremos los álbumes. Miremos quién está enfrente, y quién te acompaña. No son las caras, es la balanza. Donde pesan los beneficios sociales que joden a los de siempre.
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Octubre 25. Intactos para seguir luchando.