“Vámonos, no te juntes con esta chusma…”

¿Cuán acostumbrados estamos a hablar de otras personas? ¿Cuántas veces nos vemos envueltos en conversaciones que no nos llevan a ningún lado? Un hábito que vale la pena cambiar.

Foto: web
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 Hace poco me crucé con una de esas fotos de Facebook acompañada con frases anónimas que vaya uno a saber quién escribió. Decía: “El lobo siempre será malo si solo escuchamos la versión de Caperucita”. Y es verdad. Pero en este caso la observación me generó un cuestionamiento: ¿cuántas veces he sacado conclusiones apresuradas sobre los demás? Pregunta que me llevó a otra: ¿cuántas personas estarán sacando conclusiones apresuradas acerca de mí?

Hoy por hoy, cuando un amigo habla de otra persona en mi presencia, estoy convencido de que va a hacer lo mismo conmigo en mi ausencia (y sí, tarde o temprano lo hará). Puede hasta ser tu mejor amigo/a, pero es víctima de un mal que nos aqueja intensamente: hablar de otras personas, de gente que no está presente en la conversación, de hechos que nunca presenciamos, dimes y diretes interminables. Tarde o temprano todos nos veremos envueltos en un conflicto ocasionado por un chismoso que llevó y trajo, y dio inicio a un teléfono descompuesto. Actualmente, el significado de la palabra “chisme” está desvirtuado: ya nadie considera que hablar de otras personas sin que estén presentes constituya un verdadero CHISME. Basta con encender la televisión para darnos cuenta de que es “común” hablar, hablar y hablar sobre la vida de los demás, sacando conclusiones mal fundadas.

Pero no estoy queriendo hablar mal de otros, sino que en esta oportunidad (me siento un vendedor ambulante de tren diciendo esa frase) pienso la cantidad de veces que uno mismo hace esto sin darse cuenta. Y la oportunidad que tenemos de mejorar frente a este problema que afecta a nuestras relaciones y vínculos.

Por lo pronto, me pondré como objetivo una semana. Una semana haciendo autoestudio y observándome para evitar hablar de personas que estén ausentes, y saliéndome de las conversaciones que otros me propongan sobre personas ausentes. Por el contrario, hacer lo posible por hablar de emprendimientos, de proyectos, de cosas constructivas. Te invito a que te sumes. Si empezamos de una semana a otra y luego a otra, tal vez logremos instalar un hábito saludable que nos mantendrá alejados de malentendidos.

Y por último, algo que no falla es aplicar, cada vez que alguien nos dice algo, el axioma número uno propuesto por el profesor De Rose: No creas. No creas en nada de lo que te dicen que no puedan comprobar tus ojos. Ni siquiera en mis palabras. Si el tema es de tu interés, investigá y sacá conclusiones, pero no demos las de ganar a los que todos los días viven de chisme en chisme.


(*) Nicolás Attias; Instr. del Método DeRose Mendoza.