Dolor y misterio en torno a Johana Chacón

La desaparición de la adolescente lavallina hace dos años destapó toda una historia oculta pero que a su vez mantenía la esperanza de una vida mejor.

La historia de Johana Chacón, la niña de por entonces 13 años que desapareció hace dos años en la localidad lavallina de Tres de Mayo y cuyo caso se ha vuelto emblemático, está signada por las carencias económicas y afectivas, pero también del cariño y la solidaridad.

Johana vivió toda su vida en Tres de Mayo al lado de sus hermanos: Beatriz (18), Martín (17), Diego (15), Sebastián (12). Todos estaban a cargo de su padre, Bernardo, luego de que la madre de los chicos se separó de él y se fue a Tunuyán. En principio, la mujer se llevó a sus hijos cuando eran pequeños, pero la Justicia se los quitó alegando que todos estaban en situación muy vulnerable.

Una vez restituidos a su hogar paterno, la desidia hacia los chicos no cesó con su padre, quien no se preocupó demasiado por el bienestar de sus hijos. Así fue que, con el correr del tiempo, nació una especie de ‘intercambio’ entre los hermanos Chacón y Luis Curallanca, vecino del lugar y amigo de la familia.

Mediante un proceso paulatino, Curallanca comenzó a cuidar a los hermanos dándoles comida y ropa, aunque nunca habitaron en su casa. También se preocupó por su educación y se encargó de todos los asuntos escolares, concurriendo a la escuela Virgen del Rosario para dialogar con los directivos y las maestras.

La institución educativa también bregó por el bienestar de los niños Chacón, brindándoles asistencia y resguardo, además de preocuparse porque cumplan con sus responsabilidades y estar pendientes de lo que necesitaban.

Finalmente, Beatriz quedó viviendo con la familia Curallanca gracias a su relación sentimental con Mariano Luque, hijastro de Luis y que actualmente está detenido por la desaparición de Soledad Olivera. Por otra parte, Johana y Sebastián continuaron al cuidado de la familia amiga, mientras que Martín se marchó a vivir con otro matrimonio.

Todo parecía marchar medianamente normal hasta el mediodía del 4 de septiembre del 2012. Johana salió de la escuela y tomó un transporte escolar público que suele trasladar a los chicos hasta sus viviendas. Johana descendió del coche y abrió la tranquera de la finca. Fue la última vez que fue vista.

Desde ese momento, comenzó la historia conocida por todos. Luchas, reclamos, apariciones en los medios, cambios en la investigación, sospechas, miedos y denuncias. Así, la desaparición de Johana, como también la de Soledad, pasó a estar en la agenda pública de Mendoza y puso en el ojo público algunos temas que la sociedad local miraba, al menos en su mayoría, de reojo: trata de personas y violencia de género.

A dos años de la falta de Johana, la situación no ha cambiado para bien. En Tres de Mayo aseguran que, tras la detención de Mariano Luque, los otrora amigos Luis Curallanca y Bernardo Chacón se pelearon a muerte, en medio de denuncias cruzadas y acusaciones mutuas, tanto por la situación de Johana como por otros hechos ocurridos posteriormente.

Incluso, se supo que hubo una denuncia por supuestos maltratos a los chicos, pero se descubrió que la misma había sido orquestada por la otra parte con el fin de perjudicar. Hasta ese punto ha llegado la situación.

Actualmente, Luis y Beatriz se desvincularon de todo el movimiento encabezado por las maestras de la escuela Virgen del Rosario, mientras que Bernardo sigue sin demostrar mucho interés en el caso de su hija. Por otra parte, los chicos siguen tratando de recomponer sus vidas, pero no se han dejado ver por el pueblo y de hecho uno de ellos ha tenido algunos problemas.

Soledad Olivera, la otra víctima

Por otro lado, Soledad Olivera no fue víctima de problemas con su familia, sino de la desidia de la Justicia. Tras la desaparición de la joven, sus hermanas concurrieron varias veces a la Fiscalía de Lavalle para denunciar una averiguación de paradero. La primera vez que se presentaron fue a los cuatro días de su desaparición, porque pensaban que Soledad sólo se había marchado.

A la tercera visita, desde la sede judicial les dijeron a las hermanas que “no vayan más” e incluso sostuvieron que podrían sacarles a los hijos de Soledad. Tras nueve meses durmiendo en la Fiscalía de Lavalle, y una vez que estalló lo de Johana, el caso de Soledad Olivera también salió a la luz. Por la presión pública, ambos expedientes pasaron a la Fiscalía Especial de Delitos Complejos.

Durante cierto tiempo, en Tres de Mayo corría el rumor que Soledad estaba teniendo algún tipo de relación cercana con Mariano Luque, pero la falta de atención por parte de la Fiscalía ordinaria provocó que esa información quedara sólo en un simple rumor de pueblo.

Esto fue hasta que el doctor Santiago Garay reunión pruebas suficientes como para corroborar que Luque había sido el último que se comunicó con Soledad y quedó como principal sospechoso, por lo cual se dispuso su detención. Dado que el detenido tenía cierto vínculo con Johana, no se descarta que también esté implicado en la desaparición de la adolescente.