A Mariana Roby no le alcanzó con ir con su abogado el viernes a denunciar a su ex marido Marcelo Manino y conseguir una orden de exclusión del hogar. Igual, su ex pareja la fue a buscar hoy a su trabajo, la mató y se suicidó. Antes hubo un difícil proceso de divorcio sin finalizar y una denuncia de violencia.
Cada 30 horas muere una mujer en la Argentina. Cuántas más son víctimas de maltratos psicológicos, laborales, y físicos de todo tipo. Cuántas mujeres más tienen que morir asesinadas para que cambie el sistema y la forma en que la justicia cuida a las mujeres de la violencia de género.
Mariana Roby tenía un botón anti pánico y no funcionó o no alcanzó a usarlo. El viernes denunció a su ex pareja por una serie de hechos de violencia y la justicia le dio la orden de exclusión. ¿Y qué más hizo el sistema por ella? Las órdenes judiciales no se obedecen. Hombres violentos que no dudan en golpear, maltratar, o aun matar como en la espantosa tragedia de este mediodía en Palmares, violan con frecuencia este tipo de órdenes sin que los jueces y la policía y los departamentos públicos de violencia hagan lo suficiente. Cientos y cientos y miles de sueldos públicos pagados para que mujeres víctimas del ataque de maridos y ex maridos sigan siendo víctimas.
¿Cuántas “Marianas” más habrá potencialmente en Mendoza? ¿Quién se encarga de hacer que se cumplan las órdenes de exclusión del hogar? ¿Por qué en la mayoría de los casos los violentos consiguen sortear los cercos judiciales y lastimar, maltratar o matar?
El caso de Mariana Roby abre múltiples interrogantes sobre mujeres en su misma condición. A ella, el sistema no pudo salvarla.