Son 9 kilómetros intensos que atraviesan a alta velocidad una red de distritos, barrios y realidades sociales de alto contraste.
Desde su apertura a finales de los '90 el tramo que va del parque Gral. San Martín a la rotonda de Palmares, en Godoy Cruz, el Corredor del Oeste ha sido escenario de cientos de accidentes fatales y, al día de hoy, las muertes siguen a la orden del día.
Los choques son una constante pero el problema de fondo, que es la seguridad del Corredor, vuelve a la mesa de debate solo en situaciones límite.
La falta de banquinas en gran parte de la vía es un ejemplo. Desde su construcción llovieron críticas de ingenieros y especialistas en seguridad vial por la falta de espacios para apartarse del camino en caso de un accidente o desperfecto mecánico.
El tema volvió a despertar la atención recién en junio pasado con una situación insólita: una pelea con palos y cuchillos entre dos conductores.
Acusándose uno al otro de haberse rozado, se detuvieron sobre la calzada a la altura de Salvador Civit para trenzarse como perros salvajes mientras quienes pasaban por el lugar evadían el peligro entre la curiosidad y el asombro.
La directora de la Unidad Ejecutiva de Serguridad Vial, Marisa Garnica, reconoce que el Corredor es un “punto negro” dentro de su área y, por su estructura, parece un problema de cabeza de difícil solución.
El inconveniente más grave que tiene el Corredor es el diseño.
“El inconveniente más grave que tiene el Corredor es el diseño”, admite la funcionaria, y lo grafica con el hecho de que “no se hacen más operativos porque no hay dónde colocarse por una cuestión de espacio en la trama”.
“Salvo en la rotonda de Montes de Oca, donde suele haber un móvil de la policía haciendo algún tipo de controles, en otro lugar no se puede trabajar como nos gustaría”, se sincera Garnica.
Desde Vialidad las noticias sobre el tema no son alentadoras. “No hay hoy un proyecto para ampliarlo”, admiten, aunque sí entienden que “si el parque automotor sigue creciendo y se satura habrá que repensarlo”.
No hay hoy un proyecto para ampliarlo.
La profecía salta a simple vista con las 200 hectáreas y 180 lotes del emprendimiento Palmares Valley, ubicado en la zona del cruce del Corredor con la Rotonda de Chacras.
“Cuando toda esa gente use el corredor definitivamente va a haber que hacer algo; entendemos que cada familia va a tener como mínimo uno o dos autos, por lo que va a hacer falta hacer algo”, señalan, aunque aún sin borrador en mano.
Doce minutos de peligro latente
Doce minutos demora (o debería según el proyecto original) un automovilista en llegar de Ciudad a la rotonda de Chacras de Coria y viceversa. Pero la doble vía invita a pisar el acelerador y los 80 km/h de máxima que indica la señalética se transforma para muchos conductores en un adorno más.
“El mayor problema es la velocidad”, admiten en Vialidad, cuyos censos revelan estadísticas que preocupan.
Los estudios revelan que la velocidad máxima promedio se ha duplicado pese a la semaforización en el primer tramo, y que en algunos casos supera los 170 km/h. En una traza por la que pasan decenas de miles de coches y motos a diario, el peligro es siempre inminente.
Y el panorama se complica aún más si se tienen en cuenta las decenas de barrios populosos como La Estanzuela, Fuchs o Trapiche, que flanquean la vía rápida, a los que se suman los habitantes del piedemonte godoycruceño, cuya “tranquera” Este es el Corredor.
De esta forma en la escena interactúan automovilistas contra automovilistas y/o ciclistas, y todos ellos contra el intenso tránsito peatonal en las zonas de cruces a nivel.
Pero, ¿cómo controlar la circulación peatonal? La vía rápida y la traza peatonal se cruzan casi sin barreras físicas y hallar una solución representa un escollo difícil de sortear.
El primer debate fuerte es de principios legales: prohibir o no prohibir la circulación.
En algunos países las autopistas se “encapsulan” con telas o paneles laterales para evitar el cruce de personas y animales. Sin embargo esa solución se topa con principios relacionados a la libre circulación.
Garnica reconoce que hay distintas posiciones al respecto y admite además que las pasarelas peatonales, al menos en Mendoza, no son la mejor opción porque en la práctica los peatones los evitan por dos motivos: miedo a los robos y distancias.
"La gente los conoce pero tiene temor a pasar por los puentes peatonales por la inseguridad, y porque el puente peatonal está a una distancia que al vecino le cuesta transitar, esto es, cada 2 o 3 kilómetros y no cada 100 metros", explicó la funcionaria.
Vándalos y asaltos para completar la película
El cuadro de los 9 kilómetros se completa con la inseguridad como ingrediente final. Si bien han disminuido los ataques a piedrazos a los vehículos sobre todo en la sección que va de la rotonda de Montes de Oca a Palmares, los ladrones no desprecian la oportunidad.
El último caso resonante fue un atraco en pleno mediodía frente al barrio La Estanzuela ocurrido en mayo pasado.
En esa ocasión la modalidad no fueron piedrazos para obligar al conductor a detenerse sino directamente un “asalto comando”: cuatro delincuentes le cruzaron el coche y a punta de pistola le robaron la billetera con 900 pesos, el celular, y hasta el estéreo y los parlantes del auto.
Pero más allá de la lamentable anécdota, desde Vialidad reconocen que el mantenimiento de las luminarias más que un trabajo de rutina es una batalla cotidiana contra el vandalismo.
"Con frecuencia el sistema sufre los ataques de gente de los barrios cercanos (…) porque a muchos les conviene que esté oscuro; Vialidad tiene que reponer grandes tramos del tendido eléctrico y es caro ya que son entre 25.000 y 30.000 pesos mensuales solo para eso", confiesan desde la repartición.
La autopista de la salvación
Dejando de lado el tema de la inseguridad, la única luz al final del camino al caos vehicular del Corredor es el lejano proyecto de la Autopista del Oeste.
La traza iría desde el aeropuerto hacia el oeste y por la precordillera hasta Luján de Cuyo.
Por estos meses Vialidad recorre la zona para realizar estudios sobre el terreno, y los campos que deberían expropiarse para hacer realidad este ambicioso pulmón vial que conectaría a Las Heras, Capital, Godoy Cruz y Luján.
Mientras, habrá que conformarse con que la inminente apertura de la vinculación del Corredor con Panamericana a la altura de la rotonda de Palmares alivie al menos un poco la situación.
/ Cristian Avanzini.