La vida de los puesteros del secano es sumamente difícil. A pesar de tener una actividad económica intensa y que requiere de continuo esfuerzo, los criadores de caprinos y ovinos en el desierto mendocino deben sortear otras dificultades, que a veces suelen ser más complicadas que la propia naturaleza.
El medio sanrafaelino Diario San Rafael dialogó con Marcos Villagrán, que habita en un puesto ubicado a 30 kilómetros al sur de la localidad de El Nihuil, cerca de la orilla derecha del río Atuel. Sintéticamente, Villagrán sentenció: “No es fácil vivir en el campo, y menos pasar el invierno”.
“Prácticamente, nosotros nunca vemos plata, porque con los animales pagamos los fiados a quienes nos proveen la mercadería todo el año, y en invierno es muy poco lo que se vende”, explicó, y a lo cual agregó: “No nos pagan bien los bichos, lo que realmente valen, y muchas veces se mal vende la producción. La cantidad de chivitos que podemos obtener depende de las condiciones climáticas, siendo la disponibilidad de pasto fundamental”.
Aunque Villagrán indicó que “ahora nos han dado una ayuda con alimento”, resaltó que ello “no es gran cosa, pero nos permite salir del paso”. Esto se debe a que “para nosotros (los puesteros) el invierno es muy largo, representa algo así como seis meses”, expresó.