"Yo quiero ir adelantándome a ponerle las baldosas donde le falten en el camino".
Las elocuentes palabras son de Gabriela Mansilla, mamá de la nena trans más joven que tiene su Documento Nacional de Identidad (DNI) acorde a su género.
La criatura, con sólo cuatro años, confesó a su mamá que no se sentía hombre, que su naturaleza física la condicionaba y que, desde ese momento, pasaría de ser Manuel a llamarse Luana.
Gabriela encontró en la escritura el refugio y, al mismo tiempo, el camino que le permitiría llegar a su hija, ese ser que nació hombre pero que, por esas cosas de la vida, siempre se sintió femenina.
Gabriela, lejos de ejercer resistencia, reconoció desde el primer momento la identidad de su beba y hoy, luego de haber conseguido lo impensado para que Luana se encuentre incluida en el sistema -su DNI-, manifiesta su deseo de crear una fundación que asista a familias que tengan hijos o hijas transexuales.
"Se tiene que hablar este tema en cualquier familia. Tienen que saber que hay chicos así, entonces va a haber menos discriminación, y vamos a evitar que una persona trans que sufrió muchísimo en su adolescencia vaya a pensar en el suicidio a los veinte años", resalta Gabriela.
Las líneas escritas que la mamá de Luana fue entretejiendo durante todo el proceso que vivió con su hija se convirtieron en un libro que, gracias a la Universidad Nacional de General Sarmiento, fue publicado bajo el nombre: Yo nena, yo princesa.
El mismo fue presentado en la reciente Feria del Libro que tuvo lugar en Buenos Aires.
Como informó Página / 12, la mamá de Luana comentó su historia en un panel en el que la acompañaron la secretaria académica y el secretario de Investigación de la UNGS, Gabriela Diker y Pablo Bonaldi, el presidente y la coordinadora del Área de Salud Mental de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), César Ciglutti, y la psicóloga Valeria Paván, el médico psiquiatra y psicoanalista, director clínico del Centro de Salud Mental Cooperativo Atico, Alfredo Grande. Desde la CHA y Atico vienen asistiendo a Gabriela y a sus hijos, Luana y su mellizo, desde que tenían cuatro años.
La periodista Mariana Carbajal detalló para el matutino porteño que el mes próximo la niña y su hermano cumplirán 7 años. Están en primer grado.
"Este libro es terapéutico para quien lo escribió y quien lo lee", destacó Grande, en la presentación y describió a Mansilla como "una madre coraje, al estilo de Bertolt Brecht". Ella es "coherente, consistente y creíble", agregó.
–¿Cómo surgió el libro?
–Yo le escribí los cuadernos a Luana para darle fuerzas el día de mañana. Para que cuando tuviera diez años los agarrara y viera cuánto la amábamos, cuánto luché para que tomara valor, que fuera un recuerdo. Por eso también juntaba sus dibujos. Empecé a escribir en 2011, no con la idea de hacer un libro. Primero fue para no olvidarme de los datos, de la edad que tenía, cómo decía lo que decía, los diálogos. Tenía que transmitírselo a la psicóloga. Después empecé a escribir lo que yo sentía cuando iba pasando lo que pasaba. Se me hicieron dos cuadernos. Después era una compañía, un desahogo. En lugar de contárselo al psicólogo, lo escribía.
Así se gestó el borrador de Yo nena, yo princesa. Además de su propia escritura, Gabriela le pidió a su familia, a sus amigos, que le escribieran también ellos a la nena, a partir de un comentario que le hizo un día su mamá, la abuela de la niña, María Esther, de 64 años, que es empleada doméstica.
El 11 de diciembre de 2013, la mamá de Luana escribió lo que sería luego el último capítulo del libro, donde le dice a su pequeña hija: “¿Le puedo pedir un deseo a las hadas? Deseo que seas feliz, que lo sigas intentando, que nunca te rindas, que jamás des un paso atrás, que logres ser fuerte, que te sientas libre, que te quieras mucho y que sigas siendo un ser tan lleno de luz porque el camino es oscuro y sos vos quien lo va a iluminar”. Con estas palabras, le pone punto final al libro. Antes le dice a Luleta, como le dice en la intimidad de su casa, “Te amo”.
Leé aquí la entrevista completa a la mamá de Luana.