¿Y si resulta que no asesinamos tanto como creemos?

Lejos de lo que se supone, la ONU investigó que Argentina es de los países más pacíficos de Latinoamérica, pues tiene cifras de homicidios “similares a las de Europa”.

Esta evidencia puede causar estupor a muchos: según una investigación de la Organización de las Naciones Unidas en todo el planeta, Argentina es uno de los países donde menos asesinatos se cometen, al punto de registrar cifras similares a las de la civilizada Europa o las del desarrollado Estados Unidos. Y la evidencia es así, aunque Latinoamérica es una de las zonas más violentas del mundo.

A pesar de la profusión de información policial en los medios de comunicación, pues está claro que hay asesinatos y muchos más que lo deseable, resulta que no somos ni Colombia ni México ni  Honduras ni África.

De aquí que, se refiere, las cifras de los asesinatos en el país nos acercan claramente, a los europeos y los norteamericanos.  Está más que claro que un solo asesinato es exageración y pavura. No hay consuelo ni estadística para las víctimas, eso está claro. Y no lo hay en ningún lugar del mundo.

Claramente, el estudio -de una institución por demás prestigiosa en el planeta- denota que las tasas más bajas de homicidios en toda la región pertenecen a Chile, Cuba y Argentina, según la investigación presentada en Londres hace un mes.

Según Naciones Unidas, las cifras son “similares de los que se registran en Europa”, si bien “uno de cada tres latinoamericanos han sido víctimas del delito”.

Al respecto, el Informe Mundial sobre Homicidios de la ONU ha sido objetos de algunas notas periodísticas: Mdz Online, La Nación, Página 12 e Infobae, sólo por citar a cuatro medios del país.

¿Por qué no son altas las cifras de muertes violentas? En Argentina, claramente, no hay muchos crímenes entre bandas o cárteles, que suelen engrosar significativamente las cifras. Que los hay, los hay; pero no como en Colombia o México, por citar dos países con altas tasas.

En Argentina, y en Mendoza, no obstante, hay crímenes que provocan alto impacto, como el reciente a un turista neozelandés en el Parque General San Martín o algunos de integrantes de la clase media y clase media alta, que suelen generar marchas y pedidos tanto de justicia, como de mano dura, cosa que no ocurre con los asesinatos de personas más desfavorecidas.

Sin embargo, reiteremos: estamos lejos de ser uno de los países más violentos del mundo. Y vale también que nos preguntemos si seguir invirtiendo en policías y armamentos hará bajar la inseguridad o si la inseguridad es una ocupación colectiva, la resultante de una actitud y actividad comunitarias.



No hay colombianización



“Hablar de colombianización de la Argentina es un error”, sentencia William Godnick, director de una oficina de la ONU para Latinoamérica y el Caribe, en una entrevista que realizó Gabriel Conte para Mdz, en marzo. Allí, aparece esta pregunta clave:

- ¿Es la Argentina un país que pueda ponerse en el mismo mapa de la violencia que Centroamérica, Brasil, México, Colombia o Venezuela?

- Creo que la Argentina aún no está en ese mismo mapa por diversas razones. En primer lugar el Estado federal, provincial y local está más presente en el territorio nacional. Segundo, el mismo sistema federal permite cierta flexibilidad de acción de parte de las provincias en sus respuestas a la inseguridad. A veces eso genera una falta de uniformidad y dificulta la articulación con diferentes gobiernos y el gobierno federal, pero al mismo tiempo permite algo de creatividad e innovación  la posibilidad de aprender a través de los aciertos y desaciertos. Tercero, creo que Argentina padece de una combinación de problemas de América Latina con los de América del Norte y Europa. Por ende, creo que hablar de la colombianización de la Argentina, como hacen algunos, es un error. Tengo quince años observando el tema de la violencia armada en Argentina y a veces pienso que estoy viendo un fenómeno más parecido a EEUU o España que América Latina. Aunque es importante reconocer que cada vez más la cultura urbana de los barrios complicados, incluyendo la violencia juvenil cometida por una minoría de sus habitantes, tiene mucho en común entre un barrio de Buenos Aires, Lima, Caracas o Santo Domingo.



La construcción de la seguridad 



Así las cosas, charlemos al respecto con un especialista internacional en la problemática de la seguridad, el mendocino Martín Appiolaza.

El hombre es director del Centro de Estudios de Seguridad Urbana de la UNCuyo, investigador del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia y asesor en políticas de seguridad en Rosario, en Santa Fe y, para UNICEF, en Centroamérica y Colombia.

- ¿Son ciertos los datos de la baja tasa de asesinatos?

- Sí, es un estudio muy serio y los datos no son erróneos. Es sabido desde hace mucho y es una tendencia que se mantiene. De todos modos, si quisiéramos hilar fino, puede discutirse, como en todos los países del mundo, acerca de la fiabilidad de los datos y acerca de la no información habitual de datos por parte de Argentina, en particular. Igualmente, las variaciones en el tiempo son leves y sólo se ven de una década a otra.

- Hay, tal vez, algunos cambios en la modalidad...

- Sí, se nota un aumento en ciertas formas de criminalidad organizada, sobre todo en zonas urbanas y en grandes ciudades. Hablo de la Ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza. No obstante, predominan por gran mayoría los homicidios de tipos interpersonal, entre personas que se conocen. En Rosario, por ejemplo, representan el 80% de las muertes. Estas cifras están muy lejos de lo que se observa en Colombia, México, Honduras, El Salvador y Guatemala.

- ¿Cómo hacemos para se baje la tasa, para que se asesine menos?

- Hay que tratar de identificar el problema, el origen de las formas de violencia letal. En Latinoamérica, lo predominante es la gran presencia de armas de fuego y el otro gran factor es que esta es la región más desigual en lo social del mundo. Nos falta trabajar mucho en reconocimiento de derechos y en inclusión de los menos favorecidos. Estas medidas bajan la conflictividad en general. Tampoco hay que descuidar el colapso que viven tres sistemas fundamentales: las policías, los sistemas penitenciarios y los sistemas judiciales.

- ¿Quiénes son los responsables de construir seguridad?
 
- Necesitamos una policía, una justicia y un sistema penal eficientes, sin doctrinas militarizantes. La policía, sobre todo, debe concentrarse más en la prevención, sin ser reactiva. Aquí, se tiende a invertir en equipamientos o en subir el número de agentes y no en trabajo de prevención. Es muy interesante en trabajo de las policías territoriales, como las de Nicaragua, que es la más eficiente del continente. Está formada por estudiantes universitarios, que están más concentrados en la prevención y tienen una fuerte estrategia de trabajo con la comunidad. El principal insumo de la policía es la información que le da la gente, y eso se consigue cuando se logra confianza. Si así no sucede, se trabaja a ciegas y se busca controlar a todos, cuando no debe ser así.

- Hay un esquema de exclusión social fundacional de las grandes urbes, además...

- Sí: la dinámica urbana tiende a segregar económica, cultural y socialmente a los menos favorecidos. Así, tienden a desaparecer los espacios de derechos para todos. Los grupos sociales, entonces, se encierran y expulsan a sectores de espacios que debieran ser comunes...

- Ahora lo estamos viendo claramente con los jóvenes en los shoppings, con los jóvenes en las plazas públicas o con los que pretenden que se cierre el Parque General San Martín...

- Claramente es así. Deberíamos tener muy en claro que la única consecuencia de la segregación es la violencia. Si se quiere resolver la cuestión de la seguridad, hay que participar y repensar los tres sistemas y yo agregaría el sistema escolar, pero también fomentar la participación social en la problemática. Si no, surgen “soluciones” como instaurar el servicio militar obligatorio, “para que los jóvenes aprendan a ser buenos ciudadanos”. Y así no se aprende, sino todo lo contrario.



Volviendo al informe de la ONU




Un factor común entre las víctimas de homicidio es que son mayoritariamente jóvenes y también son jóvenes quienes más asesinatos cometen, como bien ilustra la reciente nota de Conte. “Una tendencia se afirma: quienes matan y quienes mueren son jóvenes de entre 15 y 29 años. Le sigue en la lista los que tienen entre 30 y 44 años. Cada año se matan a alrededor de 500.000 personas en el mundo bajo la categoría de homicidio”.

América Latina resulta el lugar más violento del planeta, pues acapara un 36% homicidios. Siguen África, con 31% y Asia con 28%. Europa registra el 5% de los asesinatos y Oceanía el 0,3%.

“La ONU indica que Argentina, Cuba, Uruguay y Chile tienen cifras de homicidios similares de los que se registran en Europa”, sentencia el informe.

Finalmente, un detalle más, tal vez paradójico, tal vez no: Latinoamérica “fue escenario de dos grandes expansiones, la económica, pero también la delictiva”dice. O sea: todos nuestros países están mejor económicamente, pero ha crecido la inseguridad: hay tanto mayor número de asesinatos, como mayor número de robos.

¿Será una consecuencia natural de las sociedades capitalistas y de los socialismos modernos?



Ulises Naranjo.