La Ciudad, ese enorme espacio de todos y de nadie

Fenómeno de las urbes: las habitan pocas personas, se las apropian grandes emprendimientos, envejecen, colapsan y, sin planificación, terminan siendo de nadie.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Desde hace unos años, venimos en este diario haciendo notas sobre un linyera, don Ramón Orozco, que fue echado por la comuna del galpón que ocupó por doce años (al igual que una ex vecina suya echada también, doña Francisca). Los echaron para levantar la Nave Cultural.

Después, echaron a Ramón de abajo de un árbol, a metros del Parque Central y ahora está en un asentamiento ilegal atrás de La Favorita y Francisca terminó en los adentros de Las Heras, olvidada, con sus perros; tiempo después nos enteramos que lo echaron porque ahí se planifica levantar un hipermercado Coto.

El asunto fue, a como diera lugar, desocupar esos lugares de gente; en el primero para refuncionalizarlo; en el segundo, para venderlo (aunque hay quienes opinan que no podía venderse ese terreno a una empresa privada con sus fines de lucro y que ahí se levantaría una catedral).

Si bien la anécdota es minúscula y no busca contradecirse, en principio, con la inauguración de espacios para la cultura y para el comercio, resulta paradigmática de un proceso general de nuestra ciudad:

- La habitan pocas personas (hay zonas, como el microcentro o franjas de la Cuarta Sección y la Tercera, en las que vive realmente poca gente).  

- Invierten privados en los grandes espacios que aún ofrece o que les desocupan para generar nuevos negocios (grandes firmas construyen por ejemplo hoteles costosísimos con casinos o hipermercados o shoppings).

- Se ven impactadas hasta el colapso por el caótico tráfico de quienes llegan a ella a trabajar (con servicios públicos que desalientan el uso masivo).

- Carece de concepto edilicio y de cualquier forma de planificación.

- Por la noche, son tierra de abandono, aunque las luces la iluminen, si la iluminan.

- Hay también casos muy saludables y a imitar: tal el de la construcción del Parque Central o de la Ciclovía de Godoy Cruz, pero están lejos de abundar.

Buscando evitar este panorama, mucha gente “huye” hacia barrios privados construidos en las afueras -en algunos casos, en el 3% de zona cultivable que tenemos los mendocinos- o en el inestable piedemonte, carente de los debidos servicios.

Ahora bien, ¿es posible evitar este flujo? Mucha gente que se ha ido un tanto lejos, tiene ganas de volver a vivir y trabajar sin trasladarse tanto, en su ciudad Capital. ¿Cómo hacer para volver a poblar la ciudad, con viviendas y apartamentos de carácter más popular, menos elitista, y permanente, cuestión que acarrearía, tal vez, la profusión de mercados, almacenes, centros culturales, bares, restoranes, artes y cultura?

Hablemos al respecto don Ricardo Ponte, arquitecto e urbanista.

“Hay un fenómeno claro: los centros de las ciudades han venido vaciándose de actividades a partir de la segunda mitad del siglo XX, con zonas muertas y gente que fue eligiendo irse a vivir a las afueras, pero a muchos les gustaría volver y no se dan las condiciones. Habría que, por ejemplo, redensificar la Cuarta Sección y la Tercera también, donde hay muchísimos lugares para construir viviendas”, inicia Ponte.

“En Mendoza, habría que hacer una especie de 'casco histórico', si bien aquí no hay construcciones antiguas, hay un funcionamiento simbólico, en el Centro. Y aplicar allí una política, como en la Bolonia, de los años '70. Allí se rescataron las áreas degradadas y se produjo la inserción de viviendas populares, mezclando edades, para darle más vida a la ciudad. Nosotros necesitamos hacer algo así”, sigue el arquitecto.

Y continúa: “Hay que buscar una ocupación más integral y más racional del territorio. En el Centro, a las dos de la mañana, no hay nadie, porque vive poca gente allí. Por eso insisto en que se debe promover un microurbanismo para dar vida residencial al centro de la ciudad”. 

- ¿Cómo se podría replanificar la Ciudad de Mendoza?

- Hay que cambiar los paradigmas, aprender de los buenos ejemplos. Las grandes ciudades ya no sectorizan tanto por actividades. No hablo de poner una refinería en la Quinta, pero lo cierto es que hay una mentalidad muy conservadora que termina perjudicando la salud de la ciudad. Además, hay que mejorar de manera urgente el transporte público. No puede ser que esperes 45 minutos a que pase un micro. El tema es pensar que la Ciudad de Mendoza es, en realidad, Capital, Godoy Cruz, Guaymallén y Las Heras. Hay que buscar ese consenso y pensar integralmente la urbe.

- ¿Serviría, por ejemplo, trasladar la capital política y administrativa al Valle de Uco?

- Ese traslado carecería de carácter simbólico que asumen las ciudades con el tiempo. Se hizo con Brasilia, pero fue costosísimo. Creo que hoy nadie lo intentaría.

- La falta de planificación se traslada también a las zonas rurales: en Tunuyán, por ejemplo, se quejan de los anegamientos que, dicen provocan en el piedemonte los emprendimientos vitivinícolas de alta gama en Gualtayarí, Tupungato y el llamado Corredor Productivo...

- Es otra cara de la falta de participación y de la falta de resolución histórica para planificar que tenemos. Lo lógico sería que, si tenemos cuatro oasis, deberíamos tener cuatro áreas metropolitanas bien determinadas y desde ahí regular los problemas de cada área. Así como estamos, los municipios no hacen nada y el poder del gobernador se diluye o no llega. Nosotros no somos la Pampa Húmeda: tenemos oasis y hay que responder a esta realidad: todos quieren vivir y producir ahí. Sin embargo, lo que hacemos es que cada uno hace las cosas por su lado y todas estas cuestiones terminan siendo planteadas por abogados y no por urbanistas. Seguimos igual que en el siglo XIX.



Ulises Naranjo.