Un problema que pasa en todas las ciudades y del que se ha intentado solucionarlo con campañas de educación, es decir, palita y bolsita. Como esto no funciona en todos lados, algunos pìensan en soluciones alternativas, aunque esto implique elevados costos y mucho trabajo.
Es el caso de Nápoles: allí las autoridades -a través de una ordenanza municipal- decidieron poner en marcha un sistema que en su primera etapa se hará a prueba en los barrios de Vornero y Arenella.
La idea no es salir a perseguir al perro o a su propietario, sino dejarlo que cada uno haga como si no sucediera nada. Luego pasará por allí un individuo encargado de recoger cada uno de los excrementos dejados por los animales. El paso siguiente, un laboratorio que analizará cada uno de esos excrementos. El objetivo: detectar el ADN del propietario del animal en alguna parte de la caca.
Con ese dato en la mano -es decir, una vez identificado al propietario del perro- el mismo será convocado para una extracción de sangre y así corroborar si es o no el dueño del animal.
Quien se niegue a sacarse sangre deberá pagar multas que llegan hasta los 155 euros.
Sin embargo, esta iniciativa presenta ya varios problemas y como era de esperarse, ya generó polémica.
En primer lugar se destaca el costo de la operación: sólo un análisis de ADN cuesta cerca de 300 euros.
El otro problema es quién se ocupará de recoger los excrementos caninos y llevarlos a los laboratorios, ya que la policía municipal ha asegurado que no lo hará.
La idea es que si todo sale bien, el propietario identificado tendrá que pagar una multa de 500 euros.