El asesinato del médico de 36 años ocurrido el 6 de septiembre en la puerta de su casa ubicada en la Sexta Sección de la Ciudad todavía se encuentra bajo un manto de dudas y sospechas sin aclarar, a pesar de la reacción popular que generó en la sociedad, sensibilizada por otros crímenes que provoca una sensación de cuasi impunidad entre muchos mendocinos,
Pistas hay pocas y resultan de poco peso para la investigación. El único testigo que estuvo en el lugar del crimen es la esposa de Prado, pero la mujer al estar dentro de un auto no pudo ver lo que pasó afuera entre el asesino y su marido, por lo cual su testimonio no sirvió demasiado para aclarar el hecho.
Tampoco hay imputados ni detenidos, ya que los dos sospechosos que habían sido apresados días después del crimen en la cercana Villa Malargüe quedaron liberados por falta de pruebas y convicción de sus coartadas, y todo indica que podrían quedar desvinculados de la causa.
Todo comenzó durante las últimas horas del viernes 6 de septiembre, cuando el médico se disponía a salir de su casa, ubicada en la calle López de Gomara al 700 de la Sexta Sección, hacia un festejo familiar con su esposa y sus hijos. Sin embargo, cuando sus familiares estaban en el auto, Prado fue abordado por un desconocido, quien aparentemente sin mediar palabra, le disparó tres veces y huyó.
La víctima, que había quedado herida gravemente, fue trasladada por un vecino hasta el hospital Lagomaggiore, donde unas horas después no resistió las profundas lesiones y perdió la vida.
El contexto del crimen aún se encuentra en un profundo misterio, ya que los únicos testigos presenciales, la esposa y sus dos hijos, no vieron nada de lo que pasó y apenas escucharon gritos, insultos y las detonaciones del arma.
Si bien en principio se estimó que se trató de una situación de robo, lo cierto es que el fiscal Daniel Carniello y los investigadores a cargo tienen aún muchas dudas sobre si el asesinato fue resultado de un asalto frustrado, ya que hay varios indicios que contradicen esta hipótesis, como la no sustracción de ningún bien y el modus operandi del asesino y su posible cómplice.
El crimen desató una especie de furia social que se materializó tres días después en una masiva manifestación en el Centro de la ciudad de Mendoza, donde lamentablemente no faltaron los momentos de tensión e incidentes. Además fueron famosas y muy fuertes las palabras de Hernán Prado, quien aseguró que perdonaría al o los asesinos de su hermano.
Pocos minutos antes del inicio de la protesta, el Ministerio de Seguridad anunciaba que había detenido a un hombre en Guaymallén como sospechoso del crimen, debido a que podía tener el arma homicida utilizada para asesinar a Prado.
Sin embargo, la hipótesis se desmoronó rápidamente y en menos de 48 horas el detenido tuvo que ser liberado.
el Gobierno informó que se habían producido una serie de allanamientos en la Villa Malargüe, conocido asentamiento inestable cercano al lugar de los hechos, producto de la investigación y que cinco personas habían sido aprehendidas.
De ellos, dos hombres quedaron catalogados como imputados: Ismael “Pipi” Merlo, señalado como partícipe secundario (quien habría ayudado a escapar al asesino) y Jonathan Morales, quien fue apuntado como el autor material del crimen. Al parecer, los investigadores habían llegado a los individuos gracias al testimonio de un testigo reservado.
Sin embargo, las coartadas de ambos fueron más fuertes que las débiles pruebas presentadas a Carniello, por lo cual en menos de una semana los dos acusados fueron liberados, aunque todavía permanecen ligados a la causa en calidad de imputados.
Desde ese momento, tanto el fiscal de Delitos Complejos como allegados a la causa aseguran que la misma no ha mostrado avances, que todo sigue igual y que todavía están investigando.