Drogas para todos: se pierde la pelea

Política y Justicia en tensión por las causas "narco". Mientras, en los barrios se sigue vendiendo. Y cuando un "dealer" se va o lo matan o lo aprietan, aparece otro. Tres testimonios reservados cuentan lo que ven.

Foto: Ministerio de Seguridad
Foto: Ministerio de Seguridad

Ya son 36 los muertos en situaciones violentas en lo que va del año, y si bien no hay una estadística oficial concreta, se puede relevar a través de los medios de comunicación que varias de esas muertes tienen que ver directa o indirectamente con las drogas y los diversos tipos de tráfico que existen en Mendoza.

La reaparición en escena de La Yaqui y sus angelitos se produjo de manera inquietante: con la sospecha de amenazas a los periodistas que informaron sobre ella, y a policías.

En el medio, los poderes Ejecutivo y Judicial se tiran culpas, y desde el radicalismo echan leña al fuego.

“Los jueces no intervienen, se pasan la pelota de un lado a otro por la competencia o la jurisdicción. Nadie se hace responsable. Se habla de pedir justicia pero nadie se hace cargo”, dijo ayer el gobernador Francisco Pérez, y pocas horas después Ariel Hernández, titular de la Asociación de Magistrados, le respondió: “La Justicia Penal interviene en los hechos. La Justicia Penal no hace prevención. La prevención es de Seguridad, del Poder Ejecutivo”, aunque, en una suerte de autocrítica, agregó que “Mendoza sigue partida en lo que es investigación de delito. No se aplica en la provincia el mismo Código Procesal Penal: en algunas jurisdicciones asumen los fiscales y en otros, los jueces de instrucción”

Mientras tanto, drogas de las peores se venden en las calles como si fueran golosinas, y los más perjudicados, los que reciben la peor parte y los que sufren las consecuencias más importantes, como en muchos casos, son los jóvenes, desde niños de doce o menos años hasta ya adultos de treinta, y entre ellos, los de las clases sociales más bajas, quienes, incluso, como con cualquier otro producto, reciben lo peor que haya en el mercado, lo más berreta, lo más sintético, el residuo del residuo.

Acá todos saben dónde se vende droga

Conseguir en el Gran Mendoza drogas, de cualquier tipo y calidad, es tan fácil que es impensable que la policía, los investigadores y los demás responsables, políticos o no, no puedan hacer algo para al menos reducir la comercialización de estupefacientes.

“Venite al barrio y nos paramos en cualquier esquina o nos sentamos en la puerta de mi casa, y no te doy media hora que va a aparecer algún pibe a preguntarnos si no tenemos faso o un toque de algo”, propone un malabarista de un barrio de Las Heras al que le preguntamos cuán fácil era conseguir drogas, y concluye la idea: “Los pibes están quemados culpa de la mierda que les venden, y esos son, digamos, los consumidores, y si hay consumidores, seguro que tenés un vendedor”.

“Acá todos saben dónde se vende droga. Un tiempo hubo un flaco acá a dos cuadras, pero ese no está más en el barrio, la verdad es que no sé qué pasó con él, pero cuando uno sale empieza a vender otro de inmediato. Ahora, acá, hay al menos dos”, dice un joven que trabaja en la biblioteca de un barrio de Godoy Cruz que habló con MDZ Online sobre el tema.

Conseguir drogas en los barrios no es nada difícil, porque los vendedores son muchas veces conocidos de los compradores desde hace muchos años, y es que los verdaderos dealers de las drogas usan a los chicos del barrio para vender. Y cuando se forman grupos más grandes de proveedores es cuando comienzan los problemas que avanzan hacia enfrentamientos armados en las calles.

“Todas las noches se cagan a tiros, porque acá tenés dealers grossos en los dos barrios, y se pelean para ver quién se queda con el negocio. ¿Vos sabés la cantidad de heridos de bala o de cuchilladas que tenés acá por semana? Y no es de los fines de semana, todas las noches se cagan a tiros”, dice un joven que vive en Guaymallén, quien se asume consumidor, pero de lo que él cultiva para sí. Y aquí hay otro dato importante que él mismo revela: “¡Noooo! El que cultiva no vende. Yo regalo, lo comparto, es una filosofía cultivar. Yo no me voy a quemar con el paco o toda esa mierda, o con el paraguayo que te venden acá, porque lo que te venden estos tipos es pura basura, pura mierda, todo mezclado, nunca sabés qué mierda estás consumiendo. El que cultiva lo hace por una cuestión más ligada a la tierra, y un faso cultivado por uno mismo no tiene ni ahí la misma onda que ir a comprarles a estos forros”.

Los tres consultados coinciden en que en los barrios es muy fácil acceder a la compra de drogas, y también en el hecho de que todo el mundo sabe dónde y quiénes venden. Pero hay algo más en lo que sus versiones coinciden: si por algo un dealer deja de vender (porque cae preso, porque se va del barrio o porque muere en un enfrentamiento), de inmediato aparecerá un nuevo vendedor.

Pero hay algo más que uno de ellos nos dijo. Esto, que se trata la mayoría de las veces como una problemática de los barrios de clases media, media-baja o baja, también se da hasta en los edificios. “Yo conozco al menos un caso de un pibe que vive en un edificio del centro y que tiene ahí su clientela. Por supuesto que te venden mejores cosas ahí, son más caras, además de que tiene clientes que ni te imaginás. Qué se yo, políticos, empresarios, jueces, lo que se te ocurra. ¿Por qué te creés que nadie hace nada? Estamos todos metidos hasta las pelotas con la droga”, dice, y no hace falta agregar mucho más.

Consumidores y mano de obra barata

Alejandro Verón, del Movimiento Barrios de Pie, es una palabra autorizada para hablar sobre el problema de las drogas en las barriadas mendocinas.

En comunicación con MDZ Online, Verón es contundente al afirmar que estamos perdiendo a las generaciones a manos de los narcos. “Los chicos de 12, 13 años se meten ahí porque es la única forma que tienen de ser alguien. Por eso nosotros desde Barrios de Pie decimos que la única forma de combatir el narco es ofreciéndoles a los pibes posibilidades de una vida digna y un norte en sus vidas, estudios, trabajo, que piensen en un futuro en comprar una casa. Porque, si no, los estamos empujando a los narcos como consumidores y como mano de obra barata”.

Verón destacó también que la política de lucha contra el narcotráfico se sigue basando en perseguir al que consume, mientras que las bandas cada vez tienen más poder económico y, por lo tanto, más impunidad.

También hizo hincapié en algo que resulta muy importante para la provincia y para ver el problema en su verdadera dimensión: que no es algo privatido de Mendoza o Rosario, sino que es un fenómeno que se está dando a lo largo y ancho de todo el país. “En cualquier territorio humilde, preguntás y se consigue drogas”, asegura, y entonces se pregunta cómo es que la policía no puede ver todo este mercado que hay en las calles.

E incluso cargó tintas contra la Nación, destacando lo preocupante que es que el Gobierno invite a blanquear dinero sin preguntar sobre su procedencia. “Si desde la Presidencia se dan esas señales, entonces no nos tenemos que sorprender de que estas cosas pasen”, aseguró.

Por último, Verón señaló: “Cada vez que ves en el diario enfrentamientos de bandas, tiene que ver con esto. No es algo que empiece o termine, porque el problema no se termina cuando hay un muerto. Y la otra vez escuché a alguien decir que, de última, la gente se acostumbra a vivir así, pero nadie se acostumbra a vivir en estas condiciones".

La droga está, y es tan fácil conseguirla como simple es encontrar a quienes la venden en los barrios. Entonces, se vuelve a la pregunta de siempre: cómo es posible que la policía, la Justicia o el poder político no puedan hacer nada para acabar con esto.

Hace dos días, en MDZ Radio, Alfredo Cornejo dijo que "en cada departamento hay una o dos 'Yaquis'". Y los vecinos que se quejaron de la inseguridad en Guaymallén tras el crimen de Luis Berardy dijeron "acá hay un kiosco de drogas por cuadra".

Ahora, con la tensión entre gobierno y Justicia, habrá que esperar que haya algún resultado. Mientras, en los barrios, siguen vendiendo drogas. Y cada vez más.