Si bien ya no está de moda "achicharrarse" al sol, muchos buscan broncearse a fuerza de aceites, autobronceantes y experimentos caseros. Nada de eso protege la piel y hay que tener en cuenta que el daño solar es acumulativo e irreversible.
Por ello es que médicos expertos en el tema sugieren lo siguiente:
1. El factor de protección solar debe ser de 30 o más y se deben colocar unas dos cucharadas soperas en las zonas descubiertas media hora antes de la exposición.
2. El uso inapropiado de cremas no protege contra el cáncer de piel.
3. No tomar sol desde las 10 de la mañana hasta las 16, porque los rayos caen verticalmente, con mayor fuerza y poder nocivo. Si no se puede evitar entonces usar el protector solar más adecuado.
4. Tomarse el tiempo para cubrir toda la superficie de la piel con una buena cantidad de protector solar y prestar atención a las orejas, espalda, empeine y al dorso de las manos, que suelen ser las zonas más olvidadas.
5. Todos los protectores requieren renovación cada tres horas; no obstante, si uno transpira, se mete al agua, se pasa una toalla o se quita la remera se lo estará sacando, de modo que habrá que volverse a poner.
6. La piel tiene memoria y la radiación acumulada es irreparable porque penetra hasta el ADN de las células y con el correr de los años ese daño se manifiesta, primero, con engrosamiento de la piel, manchas que no se van con nada, arrugas tempranas, falta de brillo y elasticidad y, en el peor de los casos será el origen de un cáncer que puede irrumpir a partir de un lunar que cambia o de una pequeña herida que no logra cicatrizar.
7. No todas las personas tienen el mismo riesgo bajo el sol: a mayor blancura, más chances de quemaduras, lesiones y, a largo plazo, cáncer.
8. Los lunares, manchas o lesiones que no cicatrizan deben ser motivo de control. Toda vez que un lunar cambia de color o de forma, se ve asimétrico, de más de un color o cuando los bordes no son claros es fundamental visitar al dermatólogo.