Orellana: "En la cárcel el infanticidio es considerado aberrante"

"¡Qué la maten!", fue el grito que se escuchó desde algunos pabellones del penal cuando el jueves por la noche ingresó la madre de Luciana Rodríguez. Un motín estuvo a punto de suceder. El Director de la Cárcel detalló qué significa para las demás reclusas que una acusada de infanticidio camine por el penal.

Foto: Prensa Gobierno
Foto: Prensa Gobierno

Evelyn Rodríguez, la joven acusada de matar a golpes a su hija, fue recibida la semana pasada con fuertes insultos en el penal de mujeres de Las Heras, donde las presas reclamaron a los gritos "que la maten". Además, hubo también expresiones de rechazos hacia la mujer con la quema de colchas y otros elementos.

Para evitar algún tipo de agresión o mal mayor la acusada del crimen de Luciana fue alojada en un sector alejado del resto de las internas, ya que la tranquilidad del penal se vio irritada durante toda la noche del jueves.

Eduardo Orellana, director de Servicio Penitenciario, contó a MDZ qué percepción tienen las demás internas de delitos como infanticidio.

“La persona privada de libertad, la mayoría en de los acasos se aferran a su familia. Las personas que cometen delitos contra los niños son muy mal vistas en la prisión. En la cultura carcelaria es considerado aberrante. Cuando estas personas llegan a las prisiones hay que tomar resguardos especiales”, aseguró Orellana, que si bien admitió que su puesto “no es uno de los más buscados, hace 27 años que estoy en el servicio”. Esa experiencia lo ha hecho conocer a fondo estos “códigos carcelarios”.

“Las personas que han cometido delitos sexuales, infanticidios y los que están en la trata, tienen grupos de convivencia aparte, tienen otros sectores y visitas en otros horarios. Prácticamente es una cárcel en otra cárcel”, expresó el funcionario.

A través de la Web prolifera un video captado por una de las reclusas que muestra el momento justo en el que la madre de la pequeña Luciana, asesinada de un golpe en la cabeza, ingresa al penal y las demás internas no ahorran en insultos.

“Visualmente no la tenían a su alcance, ni imaginar qué hubiese pasado si la tenían cerca”, dijo Orellana.