Biodiversidad o diversidad biológica es, según el Convenio Internacional sobre la Diversidad Biológica, el término por el que se hace referencia a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y los patrones naturales que la conforman, resultado de miles de millones de años de evolución según procesos naturales y también de la influencia creciente de las actividades del ser humano.
Hasta el momento los datos sobre los componentes de la biodiversidad son escasos y variables: todavía no se han llevado a cabo estudios sistemáticos y monitoreos de rutina de muchos de los aspectos más importantes de esta diversidad biológica. Las cosas están mejorando a medida que se van generando datos y vamos comprendiendo nuestras prioridades con más claridad.
Parece lógico que los esfuerzos por conservar la biodiversidad deben ir acompañados simultáneamente por otros tendientes a identificar, registrar y monitorear espacial y temporalmente dicha biodiversidad. La colecta científica es el primer paso para realizar un inventario de la biodiversidad. Y decimos científica porque es aquella que se realiza con un método, que puede ser repetido, y con estándares y protocolos de trabajo sumado a que el ejemplar colectado con su información asociada se deposita en un lugar para su resguardo a los fines de conservarlo para las generaciones futuras. Estos lugares son los museos y las colecciones biológicas relacionadas a instituciones científicas.
El fenómeno del coleccionismo ha sido en todas las culturas el germen de los museos. Porque el museo es, entre otras muchas cosas, el certificado de antigüedad de los países; algo así como el acta notarial que testifica la existencia del inconsciente colectivo de un pueblo a lo largo de su historia. Todo lo que realmente conocemos sobre nosotros mismos y sobre nuestro mundo proviene del pasado. Y todo lo que conocemos verdaderamente del pasado es aquella parte que ha sobrevivido bajo la forma de objetos materiales. Los especímenes materiales de la historia natural y humana son indispensables, ya que son la materia prima de la historia, los hechos innegables, la verdad sobre el pasado. La conservación es el medio a través del cual lo preservamos. Es un acto de fe en el futuro.
Una colección biológica representa un registro de una serie de especies, de lugares y momentos determinados, es decir, las colecciones permiten establecer la biodiversidad pasada y actual de nuestro planeta; en este sentido, se resalta que las colecciones deben estar bajo un mirada de conservación preventiva y toman gran importancia al constituir un elemento para ampliar el conocimiento de la biodiversidad, de las dinámicas que la originaron, su biología básica, su distribución, el estatus de amenaza que ésta enfrenta y el potencial de uso que de ella puede derivarse. Las colecciones biológicas son bancos de datos conceptualmente, como son las bibliotecas o los centros de documentación; son consideradas patrimonio nacional y de interés para la humanidad, por ser fuente primaria de conocimiento y de información sobre nuestra biodiversidad. Razón por la cual deben ser protegidas, mantenidas y debidamente curadas, garantizando su permanencia en el tiempo.
Ejemplares de la colección de vertebrados del IADIZA (Fotografias: Bender J. Benajmin)
En Argentina no se le ha brindado a la información albergada en las colecciones y al personal que las sustenta la debida importancia por cuenta de las entidades encargadas de trazar las políticas públicas, desconociendo así que profundizar el conocimiento sobre la tierra es imprescindible para diseñar una gestión responsable del medio ambiente y también para la propia supervivencia de nuestra especie a medio y largo plazo.
A lo largo de conocer numerosas colecciones sistemáticas y museos, y estudiar los ejemplares depositados en ellas, con frecuencia hemos encontrado ejemplares de alto valor científico y cultural, en condiciones lamentables de preservación simplemente por falta de atención, conocimiento o descuido institucional. Es por eso que enfrentados a la necesidad de extraer animales de la naturaleza, para conocer mejor una especie, su biología, su ecología, su distribución o cualquier otro aspecto que fundamente su sacrificio ante criterios humanos, pretendemos que ese sacrificio no sea en vano y que cada ejemplar extraído de su ambiente sea respetado.
Un crecimiento adecuado de las colecciones sistemáticas para aprovechar al máximo la información obtenida requiere del desarrollo de técnicas básicas y la concientización respecto de los ejemplares colectados, los cuales no pertenecen a las personas sino a las instituciones. Éstas últimas a su vez deben afirmar su compromiso con la ciencia, la educación y la sociedad y estar al servicio de ella.
Visita a la colección del Museo de Ciencias Naturales Lorca –LAE-UNCUYO por alumnos de nivel inicial (Fotografía: Bender J. Benjamín)
Una política curatorial y museológica implica la concepción de una "visión" de la colección deseada o ideal y de un plan de adquisición, conservación, puesta en valor y uso. Sin embargo, como en la Argentina no existe tal visión se ha caído en la conformación de colecciones con pulsos dispares de voluntad y de niveles de organización. En consecuencia, las colecciones biológicas argentinas son, en general, escasas y diversas en cuanto a su antigüedad y dependencia. Mendoza no es la excepción, nuestra provincia cuenta con las colecciones biológicas más importantes del oeste del país, solo cuatro instituciones como el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA), el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano, la Universidad Nacional De Cuyo, y el Museo de Historia Natural de San Rafael albergan más de 350.000 ejemplares. Muchas de las instituciones que cuentan con este patrimonio carecen de subsidio fijo para conservarlas y la cantidad de personal idóneo necesario para su perpetuación, esto debe cambiar en un corto plazo. La conservación preventiva no es necesaria, es imprescindible ya que las colecciones biológicas se degradan por su propia naturaleza y en ese proceso necesitamos extraer la mayor información posible de ellas. 150 años es la vida media de un ejemplar en un museo, podemos duplicar esta vida con una buena conservación. Hoy en el Oeste del país las colecciones más viejas ya pasaron 100 años y algunas ya se perdieron o empezaron un proceso que no puede frenarse. Otras están a mitad de camino y todavía puede hacerse algo por ellas. Se requerirá una inversión apropiada en infraestructura, con parámetros de calidad para su cuidado, acompañada de sistemas de información idóneos, así como de la implementación de nuevos protocolos y técnicas que mejoren las calidades ambientales de almacenamiento y conservación de los ejemplares y muestras. De este modo, podrán estar disponibles al nivel de las necesidades de la investigación moderna sobre la diversidad biológica.
Nos estamos quedando rezagados en un momento histórico, cuando las amenazas al enorme capital natural que posee nuestro país son más grandes que nunca y las oportunidades para su aprovechamiento se reducen.
Las colecciones biológicas son un patrimonio que nos corresponde a todos preservar y debemos exigir políticas para ello. Estas constituyen en una memoria vital de nuestra herencia natural, histórica y científica. Natural, porque es testimonio de nuestra riqueza viva. Histórica, porque tiene origen en las expediciones y estudios científicos iniciados desde el siglo XVIII. Científica, porque a través de su estudio podremos vislumbrar un mejor futuro.
Asociación BIOTA