Cada vez comemos más y peor

Diversos informes señalan que los argentinos ingerimos más comidas con harinas, grasas y azúcares que hace tres décadas, mientras que se redujo el consumo de frutas y lácteos.

Foto: web
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La mesa del almuerzo o la cena de los argentinos ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. En los 70 u 80, la sociedad argentina estaba acostumbrada a ingerir abundante carne con algún acompañamiento (generalmente guarniciones o ensaladas), agua, jugo u ocasionalmente vino como bebida y una fruta de postre.

Sin embargo, desde hace varios años, el menú dio un giro de 180 grados y mostró sorprendentes mutaciones: menos carne, más pastas y harinas, más pan, alimentos procesados, más azúcar, más huevos, gaseosas y menos frutas y verduras. Así podría resumirse nuestro cambio en la alimentación diaria. Un cambio para mal.

En un extenso informe realizado por La Nación, queda claro que a medida que profundizamos nuestro sedentarismo, vamos comiendo cada vez más. Los argentinos pasamos de ingerir 2800 calorías diarias a fines de la década de 1980 a unas 3300 calorías en la actualidad, un 50% más que lo recomendado por la organización internacional FAO.

Eso explicaría, en buena parte, porqué hay cada vez más obesos en el país. Se estima que cada año, un 1% de la población se convierte en obesa, según la curvatura a futuro diseñada por el Ministerio de Salud de la Nación. En números concretos, son 40 individuos por hora, totalizando unos 400 mil al año.

Por alimentos, los argentinos ahora consumimos unos 60 kilos de carne vacuna al año, bastante lejos de los 105 kilos que se ingerían en la década de 1970. Proporcionalmente, el consumo de gaseosas se disparó de 44 litros anuales en 1980 a 131 litros durante el año pasado.

Casi sextuplicamos el consumo de cerveza (7 litros anuales en 1980 a 41 litros en 2012), comemos 100 huevos más que en 1999, e ingerimos un 35% más de galletas y 70% más de helado que hace tan sólo siete años. Sin embargo, redujimos veinte litros el consumo de lácteos.

La que se lleva la peor parte es la fruta. Históricos subconsumidores frutícolas, los argentinos pasamos de comer 200 gramos anuales en 1990 a 140 gramos, muy lejos de los 400 gramos recomendados por la FAO.

Según explicó el conocido doctor especialista en nutrición Alberto Colmillot, los argentinos somos "un desastre" a la hora de comer: "Comemos cada vez peor. Más harinas, más azúcar, más grasas y menos alimentos que aportan los nutrientes que el cuerpo necesita".

Para entender un poco mejor la problemática, hay que analizar la situación desde dos variables: la de corto plazo, que se relaciona con el precio de los alimentos. Así, durante la crisis del campo en 2010 y con el aumento del precio de la carne, el consumo bajó hasta los 55 kg por habitante por año.

Algo similar ocurre este año con los valores de las harinas. Al subir el precio, baja el consumo. La consultora Abeceb indica que la ingestión este año bajaría de 93,6 kg por habitante a 86 kg. Pero no se trata de un cambio de hábitos en la mesa, sino de comportamiento y es coyuntural. Pasada la crisis, seguramente las harinas volverán a retomar el protagonismo en la mesa argentina.

Mientras que la tendencia a largo plazo indica que cada vez se come más fuera de casa y que el tiempo que dedicamos a la elaboración de la comida es cada vez menor. Un ejemplo de ello es la investigación realizada en 2011 por el Programa Nacional de Hortalizas y Frutas del Instituto Nacional de Tecnología y Alimentos (INTA) reveló que se redujo la cantidad de tiempo para cocinar.

Si en 1970 un ama de casa dedicaba dos horas diarias a la elaboración de la comida del hogar, en la actualidad ese tiempo se redujo a 25 minutos totales, entre desayuno, almuerzo, merienda y cena. Esto significa que se consumen más comidas elaboradas por otros o industrializadas, y que se priorizan los alimentos de preparación rápida.

La gran pregunta entonces es, cómo, a pesar de hay una mayor conciencia alimentaria, es decir que sabemos cuáles son los alimentos sanos, huimos de los fritos, los enlatados y la comida chatarra, comemos cada vez peor en términos de nutrición.

El doctor Colmillot tiene la respuesta: "El conocimiento no produce cambios en la mesa de los argentinos, sino la motivación. En todos estos años de ayudar a personas a bajar de peso he aprendido que quienes encuentran resultados no son los que saben cuántas calorías tiene cada alimento, sino aquellos que están motivados. En cambio, las personas desmotivadas sólo encuentran explicaciones para justificar que están como están".