Por qué la mitad de los matrimonios termina en divorcio

Entre las principales causas están el haberle dado más importancia a la pasión que a la razón y haber construido una relación con poco diálogo y en base a ilusiones más que en certezas.

Es común conocer casos que los que los matrimonios duran pocos años o algunos apenas meses, según diversos estudios el problema surge por la falta de razón  de las parejas a la hora de tomar la decisión que los uniría “para toda la vida”.

No hay duda que el divorcio es uno de los hechos sociales más difundidos en el mundo. Para muchos es una muestra de fracaso personal mientras que para otros se toma esta decisión  porque la gente cambia y eso es tomado por algunos como algo negativo, cuando, en realidad, la vida es cambio permanente, crecimiento, pero este proceso tiene consecuencias diversas: desde el mejoramiento en el nivel de vida del matrimonio, al rompimiento de la pareja porque si el crecimiento fue desparejo se fueron creando diferencias que llegan a ser insalvables, aunque hay algo que no admite objeciones: el impacto negativo que en la mayoría de los casos produce en los hijos, sobre todo si son niños.

Debido a esto diversas investigaciones han tratado de entender el porqué de estas conductas y cuáles podrían ser las variables que presentan un mayor riesgo de divorcio, aunque no necesariamente se puede presumir que son aquellas las causales directas la distancia definitiva entre parejas.

Los factores que pueden incidir factores para que se realice el divorcio pueden ser: matrimonios a corta edad, pobreza, desempleo, bajo nivel educacional, convivencia con la pareja antes del matrimonio, tener un hijo o hija antes del matrimonio ya sea propio o de alguno de los contrayentes, falta de diálogo, diferencias raciales, tener un historial de otros matrimonios anteriores, divorcio en la familia de origen.

Otros estudios indican que una de las potenciales causas en el incremento de las tasas de divorcio ha sido el cambio de roles dentro del matrimonio, principalmente asociado a la incursión de las mujeres en el mercado.

La probabilidad de divorcio es más fuerte en aquellas familias de ingresos medios y en las que el marido desaprueba el trabajo de la esposa, o bien, en las que el marido trabaja menos horas que la esposa haciendo que la interacción de pareja disminuya, especialmente en el caso de los primeros años del matrimonio.

 

Causas bastante más raras pero a veces no menos frecuentes son: el ronquido insoportable de uno de los cónyuges, falta de higiene personal, diversas adicciones, incluso a distracciones,  o que alguno dedique su vida a la política, al deportes o a un hobbies especifico.

 

 El divorcio no es el problema, sino el resultado de un conjunto de inconvenientes, desavenencias y problemáticas vividas en el contexto del matrimonio que puede radicar con uno u ambos cónyuges.

 Las investigaciones investigadores lo catalogaron al divorcio como el segundo proceso más estresante durante la edad adulta, inmediatamente después de la muerte de uno de los cónyuges.

 Algunos autores, tomando como elemento de análisis al adulto divorciado que es padre y/o miembro de la familia, indican que el divorcio es el gran responsable de las profundas alteraciones que sufre el sistema familiar post divorcio, obligando a sus subsistemas a reorganizarse estructuralmente.

 En efecto, para el caso de los hijos por ejemplo, se señala que la capacidad que estos tienen respecto a su funcionamiento adaptativo dependen no solo de las características del sistema familiar existente durante el matrimonio, sino que también de las relaciones co-parentales que se dan después de finalizado el proceso de divorcio.

 

 El proceso de divorcio impactaría en el bienestar de los niños, pudiéndose  asociar a algunos problemas que éstos externalizan, tales como comportamientos agresivos o tendencia a quebrar reglas, mientras que a nivel interno, con problemas de ansiedad y depresión.

 

La institución del divorcio es casi tan antigua como la del matrimonio, si bien muchas culturas no lo admitían por cuestiones religiosas, sociales o económicas.

La mayoría de las civilizaciones que regulaban la institucióndel matrimonio nunca la consideraron indisoluble, y su ruptura generalmente era solicitada por los hombres. Aunque en algunas de ellas, el nacimiento de un hijo le otorgaba al vínculo el carácter de indisoluble.

En muchas sociedades de hace milenios también era motivo de muerte, como en la antigua Babilonia, donde el divorcio podía ser pedido por cualquiera de los cónyuges, pero el adulterio de las mujeres era penado con la muerte.

En América, los Aatecas solo podían tener una esposa y se la denominaba Cihuatlantli, Nociuauh o Áhuatlantli (esto es mujer legítima), y aunque se aceptaba la poligamia, solo ésta podía solicitar divorciarse.

El cambio de rol en el matrimonio figura entre las principales causas que lleva a las parejas a divorciarse.

En Gran Bretaña, la Reforma de Lutero admitió el divorcio aunque en casos graves. Esta reforma resolvió una situación delicada; su rey, Enrique VIII, deseaba divorciarse de Catalina, y la Iglesia de Roma no se lo permitía.

En 1970 llegó a Italia. Fue el año en que la península se convirtió en uno de los últimos países europeos que lo aprobó en su legislación. En 1796, Francia lo aprobó. Su modelo sigue vigente.