Los principales problemas ambientales relacionados a las descargas de aguas residuales domésticas que aportan contaminantes, se producen en zonas aledañas a embalses y grandes espejos de agua.
El proceso de contaminación se da por el contacto directo del agua con los suelos, produciendo en algunos casos disoluciones de sustancias que pueden o no ser perjudiciales para el hombre, los animales o el riego.
¿Cuándo surge el problema? Cuando los embalses reciben la descarga de aguas residuales, un tipo de contaminación producida por el desarrollo de viviendas individuales o conjuntos habitacionales construidos en las inmediaciones para la explotación turística. Estos edificios requieren del uso de agua para bebida, cocción, higiene personal, limpieza, etc.
Los principales contaminantes de las viviendas resultan ser la materia orgánica, grasas, aceites y microorganismos que, si son vertidos en forma directa o indirecta sobre cursos de agua naturales, pueden ser muy perjudiciales para el hombre, teniendo en cuenta que, en algunos casos, se trata de fuentes de agua que después de un tratamiento son distribuidas por redes urbanas para su consumo.
Atento a ello, un grupo de investigadores de la UNCuyo construyó una planta experimental de tratamiento de aguas residuales domésticas tomando como caso de estudio el embalse de Potrerillos, ubicado en la precordillera de Mendoza y que abastece a gran parte de la provincia. A su alrededor se han desarrollado una gran cantidad de emprendimientos turísticos no del todo controlados.
Según se explica en el sitio www.uncu.edu.ar, el sistema consiste en un reactor biológico aerobio, que se combina con un humedal de flujo subsuperficial para la remoción de la materia orgánica, organismos vivos y nutrientes (nitrógeno y fósforo). Las aguas residuales así tratadas serían dispuestas en el suelo pero sin perjudicar las aguas subterráneas ni las del embalse.
“El tipo de tratamiento que se investiga es apropiado para viviendas individuales o pequeños conjuntos habitacionales”, explicó Jorge Fernández Llano, director del proyecto.
“Se requiere de un terreno adicional a la propiedad, en donde se instala el reactor y el humedal. La superficie requerida está en función del volumen de agua a tratar, el cual depende a su vez de la cantidad de personas que usan las viviendas”, explicó Llano.
“Este sistema puede resultar muy conveniente, ya que permitirá una descarga apta para infiltración o riego, sin peligro de que el nitrógeno y fósforo lleguen al agua del embalse y con ello el riesgo de eutrofización”, analizó Fernández Llano.
Además, cabe destacar que en Mendoza no existe este tipo de tratamiento, ni siquiera en pequeñas comunidades rurales.