Si bien al consumir pastas se le brinda al cuerpo energía que no tiene alto costo de digestión, las pastas son mucho más que hidratos y calorías.
En una porción de pasta, es decir, unos 90-100 gramos en seco o 200 gramos en cocido, se encontrará que las calorías que ofrecen no son muchas, unas 340 calorías de una comida.
Si las pastas son rellenas o enriquecidas, el valor nutritivo se incrementa en función del alimento o nutriente que se adicione.
Una ración de pasta simple cruda aporta 275 calorías, con huevo 368 y en su versión integral 278. Además, se puede ver claramente que las pastas ofrecen gran cantidad de hidratos complejos, no de azúcares, sino de almidón principalmente.
Las pastas aportan proteínas, muchas veces derivadas del trigo únicamente y en otras ocasiones, dependiendo de la preparación, derivadas del huevo que se añade como ingrediente.
No poseen colesterol y casi no poseen grasas, por lo que se podría entonces derribar el falso mito que dice que la pasta engorda, ya que perfectamente la pasta puede formar parte de una dieta de adelgazamiento e incluso puede ser consumida por quien padece diabetes, porque si bien la pasta aporta muchos hidratos que en el organismo se transforman en glucosa, se puede reducir la velocidad con que se eleva la glucemia o lo que es igual, disminuir el índice glucémico de la preparación con pasta.
Fuentes del principal sustrato energético del cerebro son necesarias en una dieta saludable y pueden ser de gran ayuda para los deportistas, para consumir antes y después de entrenar porque ayudan a reponer reservas de energía rápida al cuerpo. También las pastas no requieren mucho trabajo digestivo si se consumen en una versión refinada, y pueden ser de ayuda para quienes tienen problemas digestivos.