¿Existe la solidaridad "sin poner el cuerpo"? ¿Se puede ser solidario sin perder tiempo en el otro? ¿Los argentinos hemos perdido totalmente la confianza? Son algunos de los interrogantes que surgen al analizar un nuevo uso de las redes sociales: el de ser instrumento para la viralización de campañas caritativas de ayuda. Simples, creativas, con onda, estas iniciativas generan entusiasmo en algunos y desconcierto en otros.
La idea del "Café pendiente" llegó a Mendoza, luego de ser implementada en otras ciudades argentinas y del mundo. La página de Facebook de esta movida explica que es “una iniciativa que invita a realizar una acción solidaria, sin fines de lucro, basada en la confianza. Consiste en pagar anticipadamente un café a alguien que no tiene recursos para comprar una taza de café caliente”. Los locales, identificados a tal efecto, recibirán luego a quien quiera tomarlo y no pueda pagarlo.
Luego de comentarla en “¿No será mucho?”, el magazine matinal de FM 105.5 –MDZ Radio-, fueron muchos los lectores de MDZ Online y oyentes de MDZ Radio que se sumaron a la discusión a través de las redes sociales: para algunos, es una propuesta feliz, simple y desinteresada, basada en la confianza, que invita a un accionar sencillo para amenizar un momento del prójimo más necesitado. Para otros, es una salida fácil y banal para aquietar la conciencia, sentirse solidario, ponerlo en su status de Facebook y así “quedar bien”. Una actitud “de chetos que se hacen ver”: solidaridad chic, le dicen. Incluso hubo quienes vieron en esto una movida comercial y de marketing de las empresas del rubro gastronómico.
Martín, un joven lector de MDZ, plantea el primer interrogante: “Yo tengo la duda de que, si va una persona con necesidad y quiere un "café pendiente", le digan que no hay ninguno pagado. ¿Cómo asegurarse de que realmente los comercios brindarán el café que dejaste pago?”.
Verónica, quien ha trabajado en el rubro de cafetería y confitería, posteó su opinión en Facebook, manifestando que “las cafeterías de por sí no dejan entrar a indigentes. Les aseguro que van a terminar cobrando el café y después no se lo van a dar a nadie. En todo caso prefiero llevarme el café y dárselo personalmente a alguien. Tal vez en Europa sí funcione pero acá, lo dudo”.
Laura, comunicadora social, dice en cambio que “Café Pendiente es solo una iniciativa que no resta. No se agota allí ningún problema, por supuesto; porque el hambre, la pobreza y la exclusión se refieren a la injusticia social imperante y la solución (o el camino hacia ellas) son temas de políticas públicas y que se resuelven desde la política. Café Pendiente se basa en la confianza. ¿No les parece tremendo eso de ‘cómo tengo la certeza que le den el café que yo pago’? Es una cadena que se hace entre personas que confían en el otro y ojalá a más de una persona en situación de calle, le alivie la mañana, la tarde o la noche”.
Florencia, experta en Mediación, hace hincapié en el gesto sencillo y expresa que "un café sale $8 y muchas veces lo dejás de propina. Ahora se lo estás dando a alguien que lo quiere tomar y no lo puede pagar. ¡No vas a donar a una institución $8! No digo que hagas solo eso para solucionar la pobreza y la desigualdad: doná ropa, comida... y tb un café mientras tomás el tuyo".
Paola cuenta que vive en Las Heras y que nunca ve a las señoras de las instituciones de beneficencia caminando por el barrio humilde en el que está su casa. "No las veo acercarse a los pibes, ni a sus padres para saber como viven, que tienen y que les falta, preguntarles cuánto sufren por sobrevivir en condiciones de pobreza. Y es ahí cuando nace mi falta de credibilidad: cuando un pibe se acerca la mayoría de estas señoras lo rechaza o los mira con cara de pena, mientras siguen comiendo o tomando su té con amigas. Esas mismas son las que se quejan de la asignación universal por hijo, son las mimas a las que tratan a los pobres de delincuentes. Tal vez no son todas y yo estoy juzgando mal, pero vivo en un barrio donde hay mucha gente pobre y son terriblemente discriminados. Con un cafecito no se soluciona nada: hace falta inclusión".
José Agustín opinó que “El café pendiente sienta muy bien en el caretaje mendocino. Pongo ‘like’ en Facebook y mi moral se relaja. Mucho post de café pendiente y no muevo un dedo por ayudar a nadie. ¿Cuánto más se podría comprar con los $15 que cuesta un café?”.
Algunos lectores de MDZ tildan a la iniciativa de “solidaridad chic”, y otros, como Juan José –diseñador gráfico- y Raúl –abogado-, sienten que el problema con este tipo de ideas es que no hay contacto entre la persona que ‘ayuda’ y la que ‘recibe’. “La solución a muchos problemas es empezar a relacionarnos como sociedad, entre los distintos sectores, y entender así un poco más como funcionan las diversas realidades: no hay que tener miedo al contacto con el otro. Estoy seguro que una palabra o una charla es mucho más llenadora que un café pendiente", expresa Juanjo.
“No me cierra del todo esta iniciativa. De última, la gente entrará, preguntará si hay un ‘café pendiente’ y se lo tomarán solos. No hay vínculo, no hay compromiso. Quizá lo mejor sea tomarse el tiempo de tomarse un café con alguna persona en situación de calle, así podremos darle una mano en algo que necesite. Seguro que esa persona nos enriquecerá", aporta Raúl.
La palabra de una de las fundadoras
MDZ se comunicó con Rosana Gómez, una de las artífices de esta propuesta en nuestra provincia, quien informó que “las opiniones negativas en nuestro sitio oficial de Facebook han sido muy pocas: en esa red social tenemos más de 700 'me gusta', y más de 2400 personas han compartido la página. Si hay dudas o cuestionamientos, se refieren al tema del control del dinero y de los comerciantes, para que cumplan efectivamente con el compromiso asumido".
“Esto se basa fundamentalmente en la confianza. Los dueños de los cafés que se han adherido son personas que colaboran todos los días con gente en situación de calle, desde hace tiempo. Te doy un ejemplo: uno de ellos tiene termos de café que día a día llena y lleva siempre a la terminal. Otros, al adherirse, nos comentaron que tienen la costumbre de guardar específicamente algunos productos para colaborar con la gente que viene a pedirles ayuda. Los comercios adheridos no van a lucrar con esto", explica Rosana.
"En la página de Facebook tenemos pensado dejar plasmado el número de tazas de café que mensualmente entregarán estos establecimientos, como para dejar un dato. Pero repito: fundamentalmente, se basa en la confianza. El lugar adherido se identifica con un logo, que es una taza naranja con un corazón arriba. Será colocado en las vidrieras".
"La gente tiene la necesidad de colaborar con el otro. Los ciudadanos estamos ávidos de propuestas solidarias transparentes y simples. Y entiendo a los que cuestionan, porque hay muchas personas que han perdido la confianza. Vivimos en un país que provoca desconfianza. Cuando todo lo que te rodea te inspira un sentimiento de sospecha, uno está en guardia. Pero esto es una movida a nivel mundial, y no algo inventado en Mendoza por la típica viveza criolla", remata Gómez.
Los cafés adheridos
Hasta el momento, la lista de establecimientos que le han dicho "sí" a esta idea, es la siguiente:
Che Paolo - Desayunos / San Martín 1040 - Ciudad.
Var Arte - Cafe cultural / Chile 1230 - Ciudad.
Lomoro - Heladería / Las Heras 341 - Ciudad.
Ecopont - Carrito de Parque Central - Ciudad.
Bookafé /Colón 414 - Ciudad.
La Corte / Av. San Martín 270 – Ciudad.
Café El Carrito / Pedro V. Palacios - Ciudad (Entrada túnel de la terminal).
Lecker Delicias / Blas Shopping - Gllén - Local 21.
Además, ahora está naciendo una variante: "tortita pendiente", a la que podrán sumarse las panaderías.
NOTA: Se reservan los apellidos de los lectores y oyentes de los cuales se tomó opinión para respetar su intimidad.